miércoles, julio 22, 2009

La Capea.

No sabía qué me esperaba... ni me importaba. Sólo sabía lo que mi Amo esperaba de mí... Obediencia absoluta.

Escuchaba los sonidos a mi alrededor... pero no sabía dónde estaba. Antes de salir de casa, me había vendado los ojos con un pañuelo de seda y perfumado con su colonia. Su olor me calma... y él lo sabía. Después de vendarme los ojos, me había desnudado por completo, llevándome así hasta llegar a nuestro destino.

Escuchaba el sonido de la noche... estábamos fuera de la ciudad... eso lo sabía... no oía los ruidos que usualmente se escuchan en la ciudad un sábado en la noche...

Sentí el aire frío en mi piel desnuda. Me había ordenado arrodillarme nada más salir del coche... y seguía en la misma posición, arrodillada sobre la hierba, esperando... Escuché el mugido de una vaca a lo lejos; también se escuchaban ruidos de otros animales... definitivamente... no estábamos en la ciudad.

Hay mosquitos... o insectos que me pican... y no me puedo mover. Es insoportable, pero mi Amo había sido muy claro... “¡No te muevas!”. No quiero enojarlo... así que dejo que me piquen, que hagan un festín con mi cuerpo desnudo.

Hace varios meses que vengo haciendo cosas que no debo, mi humor ha sido inestable. Por momentos dulce y suave yen otros de uñas... muy afiladas, y mi Amo se ha cansado... Esta noche es noche de castigo, más que presentirlo, lo sabía, sabía que el castigo sería severo esta vez.

No me ha dicho nada, no me lo tiene que decir, en estos momentos no soy digna de una explicación, lo sé... me lo he ganado a pulso. El tiempo se me hace interminable... tengo mucha paciencia, pero en estas situaciones me pongo nerviosa, como cualquiera lo estaría en mi lugar.

He perdido la noción del tiempo, ya no sé los minutos o las horas que llevo aquí arrodillada, pensando, cavilando, escuchando los sonidos de los animales... y los que hace mi Amo al sacar cosas del baúl del coche.

“Cuando te dé la orden... te quitarás el Pañuelo”... me susurra mi Amo al oído... no le había escuchado acercarse y con voz sobresaltada le contesté “Sí, mi Amo”, en mi tono de voz más sumiso, esperando esa orden, deseando saber qué tenía preparado para mí... deseándolo y temiéndolo a la vez.

“¡En pie!” me ordenó enérgicamente. “Sí, mi Amo”, respondí, intentando ponerme en pie. Mi cuerpo estaba entumecido, me costó trabajo hacerlo... pero lo logré... Sentía el cosquilleo de la falta de circulación en mis piernas... y se me hacia difícil mantenerme en pie... Pero lo logré.

“¡Estírate, vamos!, ordenó. “Sí, mi Amo”,... le respondí en un susurro... Sabía lo que quería, ahí donde estaba parada hice mis estiramientos, flexionando mis piernas, dándole movimiento a mis extremidades., estirando mi espalda, calentando mis músculos, facilitando el riego sanguíneo a las partes de mi cuerpo que estaban heladas por falta de circulación.

“¡Quítate el pañuelo, Gata!”. Escuché la orden, su voz llegaba de lejos. Mi Amo se había alejado de mí mientras yo calentaba mi cuerpo. Respondí “¡Sí, mi Amo!¨, levantando la voz... y mis manos desataron el nudo del pañuelo que cubría mis ojos...

Al abrir los ojos, capté mi alrededor en décimas de segundo. Una hacienda... vi el camino que nos había traído a esta parte de la misma. El camino dividía el corral de la casa, un corral cerrado al lado de un río y al otro lado del camino estaba la casa. Había algunas luces encendidas y coches estacionados delante. Una casa de campo... grande, señorial... por lo que pude apreciar, hermosa.

Mi vista captaba todo, hambrienta de los detalles que me dieran una idea de lo que me esperaba esa noche. Pude distinguirlo todo por la luz de la luna, una luna llena preciosa, que me iluminaba todo alrededor como un potente foco.

No veía a mi Amo, creí estar sola delante del corral... La puerta para entrar estaba a unos pasos de mí... Seguí observando, sabia que no tendría mucho tiempo para hacerlo. Mi Amo seguramente me estaba dando unos minutos para inspeccionar mis alrededores... para sentirme cómoda donde estaba, y los aproveché.

Mi mirada recorrió toda la propiedad donde estábamos... perdiendo de vista el corral por unos momentos. No había mucho que pudiese ver... Árboles... algunos caballos... y vacas, pero poco más podía distinguir bajo la luz de la luna.

Al mirar de nuevo el corral, vi que mi Amo estaba en el centro, completamente desnudo... en una mano llevaba un capote de torear y en la otra lo que parecía ser una espada... A pesar de la incertidumbre que sentía en esos momentos, tuve que reconocer que hacía un cuadro perfecto... perfectamente sensual y erótico. La luz de la luna le daba un brillo especial a su cuerpo. Solo faltaba el toro...

“A tu derecha, encontrarás tu rabo y tus cuernos, Ternera!¨... me gritó mi Amo. Busqué el rabo y los cuernos con la vista... y ahí estaban, cerca de mis pies, sobre la hierba había un rabo, con un “plug” para meterlo por el ano, y al lado había unos cuernos afilados... de los que se venden a los turistas... “Sí, mi Amo”, le contesté alzando mi voz para ser escuchada.

“¡Ahora, Ternera, date prisa!”, volvió a gritar, y yo respondí en un murmullo que estoy segura él no escuchó... pero no quería tardar en obedecer sus ordenes...

Tomé el rabo en mis manos, y me fije que el “plug” era de los grandes... nada sería fácil esta noche... Ni eso me concedería... me lo metí en la boca, humedeciéndolo con mi saliva lo más que pude para lubricarlo... me abrí las nalgas, y con mucho cuidado, trabajo y dolor... penetré mi ano con el plug, sintiendo que me partía en dos por falta de lubricación... me tragué los gemidos de dolor, sabía que no serian bien recibidos, si mi Amo los escuchaba. Quedó ajustado... causando un poco de incomodidad, pero no me molestaba para caminar.

Busqué los cuernos... pesaban... no serían cómodos de manipular, demasiado grandes y pesados para poder usarlos con comodidad. Estoy segura de que mi Amo lo había hecho a propósito... los más pesados... los más grandes... para humillarme más si los dejaba caer.

Al tomar los cuernos en mis manos, empecé a imaginar cómo lo haría... cómo me convertiría de gata en ternera, para que mi Amo... me pudiese torear. Cerré los ojos y busqué una imagen mental. Al igual que hice la primera vez que me convertí en su Gata, una gata voluptuosa... sensual... para darle todo el placer a mi Amo.

La imagen fue tomando forma, y me mentalicé para lo que sabía que estaba por venir...y sabía que no defraudaría a mi Amo... no podía hacerlo y no lo haría.

Abrí los ojos... pero en mi mente seguía la imagen de esa ternera, una ternera tan voluptuosa como la gata, como la mujer que soy... Mi pie derecho escarbó la hierba... una... dos, tres veces... esperando las ordenes de mi Amo...

Levanté la mirada y la clavé en los ojos de mi Amo... le dejaba saber que su Gata... su “Ternera”, estaba lista para obedecer.

“Ven, ternera, ven...” Leí en sus labios, más que escuché... y obedecí. Lo que entró al ruedo no era una mujer... Era una ternera con melena de leona, dispuesta y decidida a dejar la sangre en el ruedo por su Amo... trotando voluptuosamente para Él... sólo para Él.

Vi que mi Amo acomodaba el capote, dejándome saber que quería que lo embistiera... mis pies escarbaban la arena bajo mis pies... Una parodia perfecta de una ternerita enfadada... lo que era en esos momentos, enfadada y a la vez con deseos de complacer a mi Amo.

Salí a trote fijo... los cuernos bien sujetos a mi frente... buscando el cuerpo de mi Amo... Cuando estaba a unos pasos de él, temí hacerle daño... pero no aligeré el paso... sabia que él no quería eso. Cerré los ojos, y lo apresuré más.

Sentí el roce de la tela del capote en los cuernos... y casi simultáneamente sentí y supe lo que tenía en la mano... era una caña de bambú. El azote había caído en mi cadera... no muy fuerte... lo suficiente para dejarme saber lo que me esperaba. Giré y me quedé parada mirando a mi Amo... resoplé, dejándole saber que le daría guerra, y escuché su risa. Una carcajada que rompió el silencio de la noche... y que me animaba a seguir adelante.

Aprovechando esa carcajada... y notándole algo distraído, volví a embestir, intentando clavarle los cuernos como lo haría una ternera... Y volví a encontrar capote, esta vez con un azote más fuerte. Había atinado bien... cruzó mis nalgas con la vara de bambú. Mi sexo reaccionó al juego... sentí la contracción que me dejaba saber que me estaba humedeciendo...

Volví a cocear la arena... y resoplé de nuevo. Giré un poco mi cabeza y miré de reojo a mi Amo, midiéndole como contrincante, esperando el momento preciso para volver a atacar.

Él movía el capote, y me hacía sonidos citándome, como le haría a una ternera, y a ello mi sexo respondía... miré a mi Amo, y le dejé saber con los ojos húmedos lo que estaba sucediendo... Él sonrió... Le gustaba saber, cuando su Gata estaba empezando a mojarse.

Sin dar indicación volví a embestir... Esta vez por su lado derecho...y sólo pille capote y otro azote de su caña de bambú...

Una y otra vez... embestía a mi Amo, siempre poniendo más brío después de un azote que me hacía gritar, cobrando fuerzas del dolor, de la rabia, de sentir que mi Amo me había convertido en una ternera... Sabía que no debía de sentirme así, pero en esos momentos no lo podía evitar.

Una combinación de sentimientos muy raros... enfadada, dolida y completamente excitada... Sentía mi entrepierna húmeda, más que húmeda la sentía completamente mojada.

No me estaba concentrando, y tropecé y caí en una de las embestidas. Rodé por la arena... sentí que mi Amo me cogía por la melena, tirando de ella para ponerme de pie. Al levantar la vista... me encontré su sexo frente a mi cara... no había notado que mi amo estaba excitado... su polla estaba dura... y le tiré un lametón antes de subir mi mirada a sus ojos... Su mirada cruel me dejó saber que no habíamos terminado, que quería más...

Recogí los cuernos del suelo... y volví trotando al centro del círculo, lista para darle otra ronda... y las que hiciesen falta.

Sentía mis nalgas y mis caderas al rojo vivo, algunos de los azotes habían hecho sangre... lo sentía... También sentía mi sexo chorrear, deseando el castigo de los dedos, la boca... y la polla de mi Amo.

Tenía que concentrarme en lo que estaba haciendo. Me sentía débil... fatigada. Y si no me centraba, volvería a caer... y el castigo sería peor.

Volví a mirarlo... y embestí antes que él estuviese listo… me faltó poco para rozarle las costillas... El azote que dejó caer en mis nalgas me hizo chillar de dolor... sentí como la vara mordía y partía mi carne. Ya estaba exhausta, y estuve a punto de volver a caer al suelo... pero me recuperé a tiempo.

Había logrado que mi Amo diese un traspié, cosa que me hizo sonreír... y me dio ánimos para resoplar, satisfecha conmigo misma... Me costó un nuevo azote, que me hizo chillar de dolor, pero chillé con placer a pesar del dolor, porque le había sorprendido.

Ya no podía más... y mi Amo lo notó. Estaba dolorida... cansada... y estaba a punto de caer... “Arrodíllate, Ternera!”, me ordenó... “Sí, mi Amo”, le susurré obediente, y me dejé caer, muerta de cansancio, postrándome ante Él con los cuernos en las manos... mi barbilla en mi pecho, y mi melena cubriendo mi cara...

“Entrégame los cuernos, Ternera”, me dijo con una voz más suave... Sin levantar mi mirada, le ofrecí mis cuernos, elevándolos sobre mi cabeza, y depositándolos en sus manos. Sentí alivio al deshacerme de ellos, de su peso... mis brazos lo agradecieron.

“Sígueme, Gata”, me ordenó, mientras emprendía la marcha hacia el lado opuesto del coche. “Sí, mi Amo”, le respondí, soltando un maullido de placer... Íbamos hacia el río... yo gateaba a su lado... Sentía mi cuerpo cansado, castigado... y excitado.

Mi entrepierna seguía muy mojada... mi sexo palpitaba... y necesitaba ser follada... Sí... necesitaba ser follada... Un gemido de deseo escapó de mi garganta... terminando en un ronroneo... mientras pensaba en las cosas que me gustaría que mi Amo me hiciese y en si pudiese captarlas...

Escuché cómo mi Amo se reía... me había escuchado gemir... Sentí su mano buscar mi cabeza.... sus dedos se hundieron en mi melena, y me acarició sin dejar de caminar hacia el río. Yo miraba su cuerpo de reojo, miraba su polla... dura... tiesa.... y mi sexo se contraía de deseo...

Llegamos a la orilla del río... me gustó lo que vi. A un lado de la orilla, bajo unos árboles frondosos, había un saco de dormir abierto, para dos personas... con almohadas y mantas. Me apetecía ir y acurrucarme en medio de aquellas almohadas... y que mi Amo mimase a su Gata...

“Incorpórate, Gati”. Escuché su voz más suave... “Sí, mi Amo”, le contesté en el mismo tono. Me senté sobre mis pies, sacando mi pecho, y con la espalda muy recta. Mis nalgas me dejaron saber lo lastimadas que estaban al sentarlas sobre las piernas, las acomodé lo mejor que pude, para aliviar un poco el dolor, y mantuve la mirada recta, esperando...

Sentí el chorro caliente casi de inmediato... Mi Amo me estaba regando con su lluvia... cerré los ojos... y me dejé hacer... sintiendo como el chorro de lluvia caía sobre mi cabeza, humedeciendo mi melena... corriendo por mi cara... Saqué la punta de la lengua y recogí las gotas que se acumulaban en las comisuras de mis labios, disfrutando del sabor de mi Amo... el chorro bajó por mis pechos... acariciándolos con su humedad... terminando en mi sexo...

“Mi putita se ha portado muy bien esta noche”, me dijo. “Gracias, mi Amo”, contesté. “Como recompensa, tu Amo te lavará la cabeza y te bañara en el río”. Escuché esto y se me pararon todos los pelos de punta. Mi Amo sabía que los ríos y el mar me dan miedo de noche. ¿Otro castigo más? Fue lo que pensé al escucharlo...

Mi Amo fue hacia el saco de dormir y tomó una mochila que había en el suelo, luego vino a mi lado y se agachó, sacando de la mochila varios artículos, entre ellos un bote de champú, otro de crema, y dos toallas, dejándolo todo encima de una piedra que había al lado del agua.

Mi Amo se puso de pie y me dijo ”Dame tu mano, Gati”... “Siempre, mi Amo”, respondí, mientras deslizaba mi mano en la suya. Él sabía que yo tenía miedo... Pienso que fue una prueba más esa noche... saber si yo vencería mi miedo al agua de noche... por el placer y capricho de mi Amo.

De su mano gateé hasta la orilla del río, mirando cómo él se adentraba en el agua... yo le seguía, gateando detrás de él. Tenía pánico, pero a la vez quería entrar y bañarme... limpiar mi cuerpo del sudor... de la sangre... y de su lluvia. Cerré los ojos y me deje guiar por mi Amo.

El agua acariciaba mis piernas, mis nalgas se aliviaron con el contacto del agua fresca. Me llegaba a la garganta cuando escuché “Nada, Gati”... obedecí con un poco de terror... y otro poco de placer.

Tenía miedo por lo oscura que estaba el agua y no saber lo que habría nadando con nosotros, pero quería mojar mi cabello, sentir como el agua se llevaba la tensión de mi cuerpo... dejándome relajada.

Nadé alrededor de mi Amo, como un delfín juguetón... en una ocasión, metiéndome entre sus piernas y acariciando su sexo con mis labios, con mis mejillas. Salí a la superficie con una sonrisa, viendo cómo el deseo le daba más brillo aún al fulgor de la mirada de mi Amo...

Me tomó de la cintura y me giró... mi espalda quedo pegada a la suya. Una de sus manos retiraba mi cabello de mi cuello y la espalda, y la otra acariciaba mis nalgas adoloridas... recosté mi espalda a su pecho y cerré los ojos...

Con la mano que acariciaba mis nalgas buscó el rabo que aún llevaba puesto... y suavemente tiró de él, retirándolo de mi culo por completo, mientras me comía el cuello en un largo y absorbente beso. Sentí que se giró y tiró el rabo a la orilla del río. Seguramente que después me tocaría limpiarlo... pero ahora no pensaba en eso, sólo pensaba en la boca y las manos de mi Amo...

Su boca seguía chupando... lamiendo... recorriendo mi nuca, mi cuello, mi oído... “¿Mi putita quiere follar?”... me susurró suavemente, con esa voz perversa... la que me deja sin espina dorsal cuando me habla al oído.... No pude contestar, sólo ronroneos salían de mi garganta... Su mano se metió entre mis nalgas... separándolas...y su polla buscó la entrada de mi culo... arqueé mi cintura.... facilitándole la entrada... Y me clavo su polla... sí, me la clavó...

De una sola embestida quedó enfundada en mi culo... Grité de dolor... de placer... de deseo... Quería más... quería sentir cómo sus caderas se separaban de mis nalgas retirando su polla, para volver a clavármela... Pero no lo hizo... la dejó dentro... y sus manos acariciaron mis tetas... buscando mis pezones... retorciéndolos... arrancando gemidos de placer y dolor de mi garganta...

Yo acariciaba esas manos que me daban tanto placer... y dolor... y gemía de deseo, mientras movía mis caderas, incitándole a moverse, a apresurar el ritmo... una de sus manos fue bajando, buscando mi sexo... llegó a los labios y los pellizcó suavemente, después deslizó sus dedos entre ellos... para frotar lentamente...dentro.

No podía contener los gemidos... necesitaba terminar, quería terminar... y se lo pedí. “Fóllame, mi Amo, quiero correrme!” Como respuesta escuché su sonrisa... su sonrisa malvada y juguetona... y se retiró. Retiró su cuerpo del mío... dejándome hecha un saco de nervios eróticos.

Le ví dirigirse a la piedra donde estaba el champú y la crema. Tomó las dos cosas y regresó a mi lado. “Mójate el cabello, Gati”... “Sí, mi Amo” respondí, mientras metía la cabeza bajo el agua para remojar bien mi melena.

Mi Amo procedió a lavarme la cabeza con la delicadeza que siempre lo hace, frotando, masajeando... y después me ayudó a aclarar el cabello, me frotó la crema y volvió a aclarar mi melena.

Hizo lo mismo con mi cuerpo... roció una buena porción de champú en sus manos y las frotó por mi cuerpo, teniendo mucho cuidado cuando llegó a mis nalgas castigadas...de repetir un par de azotes de recuerdo.

De vez en tanto... yo sentía su polla rozarme... seguía dura... y yo seguía deseándola. Sólo pensar en el placer que me daba., me hacia gemir y ronronear de deseo. “Aclárate, Gati”, me indicó con una sonrisa.”Sí, mi Amo”, respondí antes de zambullirme de nuevo en el agua para aclarar mi cuerpo.

Mi Amo hizo lo mismo, enjabonó su cabeza y su cuerpo, antes de aclarárselo para salir ya del agua... Al terminar, me cogió de la mano y salimos juntos. En la orilla buscó una toalla para secar mi cuerpo. Suavemente fue frotando mi cuerpo, empezando por mi cara, hasta llegar a mis pies. Al terminar, enroscó la toalla en mi melena, al estilo turbante para que absorbiera la humedad de mis cabellos. “Ve a sentarte en el saco, Gati” me ordenó, mientras dejaba un beso en mis labios, rozándolos con la punta de su lengua...

Yo fui al saco... que parecía más una cama que un saco, y me arrodille en una esquina esperando su llegada y observando como secaba su cuerpo. Una imagen preciosa... mi Amo con su cuerpo lleno de gotas de agua que brillaban a la luz de la luna. Y yo disfrutaba de esa imagen, bebiéndola sin perder detalle...

Se acercó al saco y se tumbó sobre los almohadones, listo para jugar con su Gata... sus ojos me decían todo lo que necesitaba saber... Estaba orgulloso de su Gata... y ahora quería disfrutar de ella. Solo de ver su mirada mi sexo se contraía, humedeciéndose para lo que sabía no tardaría en llegar...

Gateé hacia él en cuatro patas... una gata sexual, completamente en celo, comiéndomelo con la mirada, hasta poder hacerlo con mi boca... Llegué a sus pies... y los acaricié con mis mejillas... besando sus dedos, lamiéndolos, uno a uno, disfrutando del tacto de su piel, de su sabor... y del placer que sabía le estaba dando a él y tomando para mí.

Arrastré mi cuerpo por el suyo, dejando que mis pechos se excitaran con el contacto que hacían con sus piernas, hasta llegar a su polla... La tomé en mi boca... sorbiendo... chupando... tragándola hasta donde pude... dejándola salir de mi boca, para volver a tragarla... La acariciaba con mi lengua, mientras mis manos acariciaban su pecho, sus caderas, sus muslos, tratando de abarcar todo su cuerpo y llenarme de él.

Sus manos acariciaban mis brazos... mi nuca... mis mejillas... alentándome a seguir. Y yo obedecía esas órdenes mudas de mi Amo.

Su polla palpitaba en mi boca... y yo sorbía con más fuerza, dando mordiditas a la punta. Sabia cuánto le excitaba, y no quería parar... Su mano en mi nuca me dejó saber que quería mi boca en la suya, y tirando suavemente hacia arriba, llevó mi cara a la suya, para comerme la boca. Lentamente exploraba mis labios con su lengua... el interior de mi boca... hasta enredarse con mi lengua.

Sus manos jugaban con mi cuerpo... buscando mis rincones más oscuros, abriéndolos... penetrándolos... invadiéndolos... y conquistándolos... una y otra vez.

“Gírate y monta, Gati¨... susurró en mi boca. Sus palabras mezclándose con sus besos. Al principio no entendí lo que quería y me separé para mirarle. “Que te gires, y montes sobre mí, dándome la espalda” “Sí, mi Amo”, le respondí al entender lo que deseaba. Me separé de él un poco... y le monté, mirando a sus pies, dándole mi espalda. “El culo en pompa, Gati!” “Sí, mi Amo”, respondí mientras obedecía levantando mis nalgas, dejándolas casi en su cara.

Su lengua lavaba mis heridas... Dejando un rastro de saliva en mis nalgas... refrescándolas... y calentándome más... sus manos acariciaban mis muslos... y su boca mimaba mi piel maltratada... Su boca recorrió mis nalgas lentamente, con caricias deliciosas que me hacían gemir de placer.

Yo movía mis caderas, no podía evitarlo... ya no me obedecían a mí. Obedecían sólo a las caricias que estaban recibiendo. Su boca buscó mi culo y lamió... un gemido rasgó mi garganta... cuánto deseo contenido, y no me dejaba moverme... Su lengua lamía golosamente, dilatando y penetrando... y yo no paraba de gemir, de maullar. “¡Por piedad, mi Amo!” grité cuando ya no podía más.

Me tomó de las caderas y acomodó mi coño para que estuviese justo encima de su polla... “Siéntate, Gata!”... y me dejé caer, llenándome de su polla, disfrutando con la violencia de la penetración... Tantas horas esperando y por fin ya la tenía... empecé a mover mis caderas... lentamente al principio... un va y ven... aumentando la fricción... Mis manos agarraban las piernas de mi Amo... así mantenía el control... y mis caderas subían y bajaban... follándolo pausadamente... Disfrutando de cada entrada... de cada salida...

Sentí sus dedos buscando mi culo... y penetrarlo... Cuántas emociones... cuánto placer... Mis caderas apresuraron su ritmo, un ritmo desenfrenado, buscando esa presión que deja saber que el orgasmo esta a punto de llegar...

Un grito bestial desgarró mi garganta. Mi cuerpo se estremecía de placer... y no quería que cesara... seguía bombeando... esperando que mi Amo diese la orden... sentí su cuerpo tensarse... “Ahora, Putita!!”... y le escuche gemir... y yo me deje llevar sintiendo el orgasmo que me inundaba de placer.

Todavía unidos... mi Amo me tomó por los hombros... y recostó mi cuerpo sobre el suyo, besando mi cuello, mi nuca... buscando mi boca, para tragarse mis últimos gemidos... Se giro de lado depositándome en el saco a su lado... y así, unidos todavía, me quedé dormida... con la polla de mi amo llenándome... y sus besos arrullándome como si fuesen una nana...

SenSual
9/7/04

martes, enero 01, 2008

Feliz Año 2008

Os deseo Paz, Salud... y Amor

lunes, diciembre 31, 2007

El Arte

El arte de perder no es dificil de dominar;
tantas cosas estan llenas con la intencion
de ser perdidas, que su perdida no es un desastre.

Se pierde algo cada día. Aceptar la agitación
De la perdida de las llaves de la puerta, esa hora tan mal empleada.
El arte de perder, no es tan ficil de dominar.

Después practicas en perder más, perderlo con más rapidez;
sitios, y nombre y donde habiás pensado viajar.
Ninguno de estos traera un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira! mi última, o casi penultima,
de tres casas amadas se han perdido.
El arte de perder no es dificil de dominar.

Perdi dos ciudades, preciosas ambas. Y, mas extensos que algunos reinos,
dos rios, un continente. Los añoro, pero no fue un desastre.

Hasta el perderte a ti (la voz socarrona, un gesto que amo) no debi mentir.
Es evidente que el arte de perder no es tan dificil de dominar aunque pueda
parecerlo.

(Así descrito!) como un desastre.

(Elizabeth Bishop)

martes, diciembre 25, 2007

Feliz Navidad

Y Paz en la Tierra...

viernes, julio 20, 2007

Un Año Más

Un Año Más...


jueves, julio 05, 2007

4 de Julio

Miami, Florida... 4 de julio 2007
Preciosa...

viernes, junio 15, 2007

Quiéreme


Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite…

martes, mayo 22, 2007

Diosa

Dormida sobre el tigre,
su leve trenza yace.
Mirad su bulto. Alienta
sobre la piel hermosa,
tranquila, soberana.
¿Quién puede osar, quién sólo
sus labios hoy pondría
sobre la luz dichosa
que, humana apenas, sueña?
Miradla allí. ¡Cuán sola!
¡Cuán intacta! ¿Tangible?
Casi divina, leve
el seno se alza, cesa,
se yergue, abate; gime
como el amor. Y un tigre
soberbio la sostiene
como la mar hircana,
donde flotase extensa,
feliz, nunca ofrecida.
¡Ah, mortales! No, nunca;
desnuda, nunca vuestra.
Sobre la piel hoy ígnea
miradla, exenta: es diosa.

(Vicente Aleixandre)

sábado, marzo 24, 2007

Animal


And I want… and I need, and I lust Animal.
Take me, tame me… make me, your Animal.
Show me, stroke me… let me be your Animal.

(Def Leppard – Animal)

Y lo quiero… y lo necesito, y es lujuria Animal.
Tómame, dómame… hazme tu Animal.
Enseñame, acariciame… déjame ser tu Animal.

(Def Leppard – Animal)

viernes, marzo 02, 2007

¨Sali a Vivir¨

He colgado el letrerito…

viernes, febrero 23, 2007

Self Pity

I never saw a wild thing
sorry for itself.

A small bird will drop frozen dead from a bough
without ever having felt sorry for itself.

(D.H. Lawrence)

Autocompasión

Nunca vi algo salvaje compadecerse de si mismo.

Un pajarillo cae muerto de frío de una rama
y nunca habrá sentido lastima de si mismo.

(D.H. Lawrence)

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miércoles, febrero 14, 2007

Feliz Día de los Enamorados...

Libre

En tus manos soy la otra,
esa que sólo tú ves
que me sabe puta presa de ti,
gata en celo eternamente en tus instantes
corazón domado
mujer libre
de pasión fácil si me miras
si me tocas
si me tienes
suspendida en una caricia tuya
en el aliento de los besos
jinete sin rumbo
sólo al galope de tus deseos

(Perra Negra)

martes, enero 23, 2007

El Capricho

Hacía varias semanas que se sentía inquieta, sin saber qué quería, ni cómo calmar esa sensación que la invadía cada minuto que estaba despierta. Nada la calmaba, ni escribir, ni leer, ni mirar películas, que eran sus escapes cuando se sentía agobiada. Esa inquietud, esa ansia no la dejaba relajarse. Se sentía insatisfecha, sin ánimos de hacer nada de lo que hacía usualmente. Necesitaba algo y no sabía qué. Pensó que quizá tenía que romper la rutina. Era una persona metódica, todo a su tiempo, todo en orden. Tenía que hacer algo para cambiar un poco esa rutina porque se sentía estancada. Paralizada en el mismo sitio mientras los días pasaban sin cambio alguno para marcar el paso del tiempo. Esto era lo que pasaba por su mente minutos antes de quedarse dormida el viernes en la noche.

Despertó el sábado como de costumbre. Despertador sonando, ella pulsando el botón para dormir cinco minutos más. Esos cinco minutos que se disfrutan y reparan más que el resto del tiempo que se ha dormido en la noche. Se desperezó, y comenzó su rutina diaria. La ducha, mientras colaba el café. Vestirse mientras tomaba sorbos de su café y daba caladas al primer cigarrillo del día, terminar su tocado minutos antes de marchar al trabajo. Mañana ajetreada con clientes, hasta la hora de comer. Regresar a casa para la comida, mirar la tele, en fin… la rutina.

Ese día rompería la rutina. Se llevó el café a la terraza después de comer y mientras observaba las personas que paseaban bajo su balcón, decidió que esa noche haría algo diferente. Unos días antes alguien le había enviado un correo, donde se anunciaba una fiesta temática en un club de la ciudad. Hacía años que no asistía a ese tipo de fiesta y mientras tomaba su café, decidió que ya tocaba hacerlo. Tenía que regresar al trabajo, así que apuro su café, reparó un poco su maquillaje y dejó su casa con un propósito fijo para esa noche.

Su tarde transcurrió una vez más, como de rutina. Pocos clientes por ser sábado, mucho tiempo en sus manos para pensar, para planear, para soñar despierta. Aprovechó ese tiempo para escoger mentalmente lo que se pondría esa noche. Fue descartando cosas que tenía en el armario. Se le presentaba un pequeño dilema. No sabía si iría de gata, o Señora. Finalmente se decidió ir vestida como más cómoda se sentía: de sensual, olvidando los roles y centrándose en ella misma.

Al terminar la jornada laboral, solo le tomó unos minutos llegar a casa. Se despojaba de su ropa camino al baño. Recogió su melena en un moño y se metió a la ducha para refrescarse y cerciorase que estaba bien depilada. Inspeccionaba su cuerpo bajo el chorro del grifo para irlo despertando de su letargo.

Enjabonaba su cuerpo con la esponja de esparto, dejando un rastro de burbujas que iba aclaraba con el grifo. Al llegar a sus pechos, frotó la esponja con más presión. Sus pezones reaccionaron casi de inmediato, endureciéndose con el material tosco de la esponja. Recostó su espalda en las baldosas y levantó una pierna al borde de la bañera sin dejar de frotar sus pezones. Llevó la mano que sujetaba el grifo a su entrepierna y su sexo abierto recibió el chorro de agua caliente como si se tratase de una descarga eléctrica. Su cuerpo se estremeció de placer y ella siguió frotando con la esponja, mientras acercaba más el chorro a su coño. Cerró los ojos y dejó caer la esponja para poder acariciar sus pezones con pellizcos que la excitaban más; tiraba de ellos suavemente, los pinzaba con sus uñas, mientras usaba el grifo con su chorro de agua caliente para frotar su clítoris. Los gemidos de placer fueron intensificándose, al tiempo que sus manos aceleraban el ritmo al acariciar sus pezones y su coño. Frotaba el grifo contra su sexo abierto con más ímpetu, y sus dedos pellizcaban y retorcían sus pezones sin descanso. Los primeros indicios de una leve presión en sus entrañas la animaron a seguir frotando. Lo hacía con los ojos cerrados centrando toda su atención en las sensaciones que recorrían su cuerpo mojado. Su cuerpo se tensó con el comienzo de la primera contracción, un mar de olas la hizo retorcerse de placer contra las baldosas frías mientras gemía de gozo. Las piernas le flaqueaban y dejó su cuerpo deslizarse hasta quedar en cuclillas en la bañera.

Esperó unos minutos para tomar aliento, y se aclaró con agua fresca. Salió de la ducha y se secó con una toalla suave y esponjosa. Aplicó crema a su cuerpo, que seguía con los nervios a flor de piel. Cada centímetro de piel estaba deseoso de más y así lo quería ella. Terminó de aplicar la crema y se dedicó a maquillarse. Se limitó a matar el brillo de su cara con polvo traslucido, delineó sus ojos en negro intenso, lo cual los hacían parecer más grandes aún, rimel y carmín rojo pasión para sus labios. Se miró al espejo y le gustó lo que vió. Su cara daba la impresión de ser dominada por unos inmensos ojos de gata y una boca de labios carnosos de puta vulnerable. Satisfecha con el resultado, recogió su melena en un moño estilo japonés, con unos finos palitos chinos lacados en negro. Se inspeccionó ante el espejo y quedó muy satisfecha con el resultado final.

Salió del baño desnuda y fue hacia su dormitorio para terminar de vestirse. Escogió bragas negras de encaje con liguero a juego, medias de rejilla fina, zapatos rojos de tacón de aguja y una camisilla negra con dibujos bordados en hilo rojo muy descotada que dejaba su espalda desnuda. Mientras sacaba las prendas de los cajones, iba vistiéndose. Lo último que sacó del armario fue un traje negro, de falda estrecha y chaqueta de corte italiano, un conjunto elegante, discreto e impecable. Lo último que hizo fue calzarse, y rociar su cuerpo con su esencia favorita. Al devolver el frasco de perfume a su lugar, sus ojos se tropezaron con su collar de gata, y sin pensarlo lo tomo de su sitio y lo ato a su cuello. Un collar fino de cuero negro, con un cascabel dorado colgando de una anilla. Sonrío al escuchar el tintineo del cascabel, le gustaba como se sentía la piel del collar contra la suya.

No se miró al espejo. Sabía que si lo hacía, terminaría quitándose el collar y no quería hacerlo. Tomó su bolso y las llaves de casa y salió a la calle. Detuvo al primer taxi que vió desocupado y le dio la dirección al conductor. Quince minutos después estaba ante la puerta del local. Faltaban diez minutos para la una de la madrugada, temprano aún para ese tipo de evento, pero estaba segura que ella no sería la primera en llegar.

En esos momentos tuvo unos segundos de dudas, podría regresar a casa y seguir con su rutina, o bajarse del taxi y cambiar esa rutina de una vez por todas y comenzar a hacer cosas nuevas para romper la monotonía. Solo dudó unos segundos. Sacó dinero de su billetera y pagó el importe del taxi, se bajó del mismo con una sonrisa en los labios y se encaminó hacia el local.

Ya no había marcha atrás, ni quería que la hubiese. Quería nuevas sensaciones, nuevas emociones. Algo que la hiciera estremecerse y que derrumbase todas esas paredes que se había impuesto ella misma, encasillándose en un mismo sitio durante tánto tiempo. Ya era hora de tirar esas paredes y vivir, se lo debía a si misma.

Llegó a la taquilla del local y pagó el importe sin fijarse en el chico que le cobró. Recibió el cambio y entró en la fresca penumbra del local. El local era como cualquier otro de los miles que hay en las grandes ciudades: una barra, mesillas con sillas para tomar una copa mientras escuchabas música y ese olor desagradable de tabaco que impregna todo. Lo que hacía éste diferente era que al final de la barra, en la pared del fondo, había un arco separando una habitación amplia del resto del bar. Ella primero fue a la barra y pidió al camarero un ron con hielo. Cuando tuvo su copa delante, la llevo a su boca y aspiro el olor del ron mientras tomaba un sorbo de la bebida. La saboreó con los ojos cerrados, dejando que el líquido se deslizara poco a poco por su garganta disfrutando del escozor. Pagó el importe y se dirigió hacia el arco.

Cruzó el umbral y detuvo sus pasos para dar una mirada de reconocimiento a la habitación. Era bastante amplia, con bancos pegados a las paredes, los asientos de los bancos eran acolchados y forrados con tela de un color que no pudo determinar por la poca luz. En el centro de la habitación había una cruz de madera de unos dos metros de alto, un potro y una jaula de hierro.

Juguetes para los exhibicionistas

Pensó para si misma, mientras seguía el recorrido de la habitación con su vista. Había al menos tres decenas de personas sentadas en los bancos, o hablando en pequeños grupos. Todos desconocidos para ella, o al menos no reconoció a nadie. Observó hasta encontrar un banco vacío y sus pasos la llevaron a él. Tomó asiento y se dedicó a observar sus alrededores y las personas que entraban y salían.

Llevaba un rato ensimismada en sus pensamientos cuando se sintió observada. Recorrió toda la estancia con la vista y no vió que nadie la mirase. Achacó la sensación de ser observada a los nervios, y volvió su atención a su copa. Sacó un cigarrillo de la pitillera y cuándo fue a encenderlo, una mano se le acercó con fuego para hacerlo. Sobresaltada por la inesperada ayuda casi no atina a llevar el cigarrillo al fuego.

Levantó la mirada para agradecer la ayuda y se quedó sin habla. Hacia meses que no veía aquellos ojos, de una mirada tan intensa que le robaban la respiración. Miles de imágenes volaron por su mente en unos segundos. Todas las imágenes morbosas, intensas llenas de pasión, deseo y dolor, del pasado. No hubo palabras, todo fue dicho con las miradas. Él se acercó y ella noto que en su mano iba una fina correa de cuero negro, la cual prendió a su collar.

-Vamos, gata

Fueron las únicas palabras que pronunció, no hicieron falta más. Ella apagó su cigarrillo, apuró el contenido de su copa y se puso en pie para seguirle donde Él la llevase. Caminaba dos pasos detrás de Él, mentón en alto, mirada al frente y con cierto paso felino en su andar. Nadie al verla diría que se sentía completamente líquida. Como si fuese hecha de millones de gotas de agua que en cualquier momento se esparramarían por doquier. El ansia que sentía la hacía reaccionar sin pensar, porque no quería pensar. Sí pensaba lo que estaba haciendo en esos momentos, saldría corriendo como una desquiciada. Controló su miedo y siguió caminando detrás suyo sin perder paso. Ella sabía que podía poner fin a todo de una vez por siempre con solo quitarse la correa que los unía, pero no lo hizo. No quería romper ese lazo que la hacía completamente suya, porque había estado esperándole muchísimo tiempo y no iba a dejar que el miedo la alejase de él una vez más.

Llegaron a la salida del establecimiento y Él pidió su coche. Unos minutos después se encontraba sentada a su lado, de camino, sin saber dónde la llevaría ni que haría con ella, pero eso le traía sin cuidado. Estaba a su lado y eso era lo único que importaba. Cerró los ojos y recostó la cabeza al respaldar del asiento para calmarse. Podía olerle, oler su colonia y deseaba poder acurrucarse en su regazo y esconder la cara en su cuello para aspirarlo y llenarse de él una vez más. Aparto las imágenes que le venían a la mente porque no quería pensar en el pasado. Quería disfrutar del presente y dejar el pasado donde pertenecía, en el pasado.

- Si quieres descansa un poco, tardaremos en llegar
Le dijo, sin dejar de mirar la autopista. Ella abrió los ojos para mirarlo un momento y volvió a cerrarlos para acomodarse. No habían pasado unos segundos cuando sintió los dedos de su mano colarse entre la tela de su top y su piel. Busco el pezón y lo acaricio tiernamente para después retorcerlo sádicamente. Ella gemía de dolor y se contoneaba contra el asiento del coche mientras su entrepierna se humedecía, deseando que Él parase y la tomase en el lateral de la autopista sin importarle quien los viese ni qué sucediese. Quería sentirlo dentro de ella, sentir una vez más cómo la llenaba hasta dejarla completamente saciada por el momento, pero no lo hizo. Volvió a retorcerle el pezón y retiró su mano sin decir más.

-¿Como piensa que voy a poder descansar así?

Pensaba para sí misma mientras sentía la humedad que se había acumulado entre sus muslos. Debía estar más agotada de lo que pensaba, porque se quedó adormilada. Abrió los ojos sobresaltada cuando el coche se detuvo. Al abrirlos lo que vió la hizo sonreír y mirarle a Él con una sonrisa llena de ternura y agradecimiento. Estaban estacionados en una playa y lo que tenían delante era el mar. Un mar turbulento, iluminado por la luz de la luna. No podía creer que en una sola noche sus dos pasiones se juntáran para llenarle el alma de tal manera que casi le saltan las lágrimas de felicidad. Todo gracias a Él y su mirada así lo clamaba.

-Ven… ven… gata
Y la gata obedeció. Se acomodó en sus regazo y le ofreció su boca para que Él degustase de ella a su antojo. Él la beso tiernamente al principio, después sus besos se fueron haciendo más violentos. Le mordía la lengua, los labios, el mentón, hasta bajar a su cuello y mordisquearlo dulcemente. Mientras la besaba, su mano recorría su cuerpo por encima de la tela que lo cubría. No tocaba su piel, y ella lo deseaba. Deseaba tanto sentir el tacto de piel contra piel que se lo pedía una y otra vez entre suspiros de deseo. Al escuchar sus maullidos de súplica, Él sabía que ya estaba lista.

-Alto!!

Le dijo en voz firme.

-He dicho, Alto!!

Tuvo que repetirlo, porque ella seguía con los ojos cerrados y retorciéndose de deseo mientras maullaba. Al escucharle, ella abrió los ojos y lo que Él vio le hizo sonreír. Ella seguía siendo su gata. Él conocía bien esa mirada. Una mirada cargada de deseo, amor y entrega, que no había cambiado un átomo con el paso del tiempo y la distancia que los había separado. El bajo del coche y fue a abrir su puerta y ella espero pacientemente mientras lo hacía.

- Baja del coche y desnúdate gata

Escucho sus palabras y se encontró respondiéndole como siempre lo había hecho, como si solo hubiesen pasado unas horas en vez de un año, desde la última vez que lo hizo.

- Si, mi Amo

Bajo del coche y sintió como el tacón de su zapato se clavaba en la arena. Hizo ademán de levantar la pierna para descalzarse pero no llego a hacerlo, su voz la freno en seco.

- Deja los zapatos, puta

- Si, mi Amo

Salió del coche y con los tacones clavados en la arena, se fue desnudando. Primero la chaqueta, la cual doblo con cuidado y puso sobre el asiento del coche, después hizo lo mismo con la falda. Él solo la observaba, no perdía moviendo que ella hacía. Lentamente se deshizo de la camisetilla que cubría sus pechos y parte de su espalda, quedando ante el en braga y liguero.

-Las bragas también, vamos!!!

Por un momento sintió reparo al escuchar sus palabras, pero volvió a responder su asentimiento mientras las deslizaba por sus piernas lentamente. Le costo un poco quitárselas del todo ya que los tacones y la arena, seguían entorpeciendo sus movimientos. Al quedar ante Él en tacones, medias, liguero, collar y cadena, Él se dio por satisfecho.

-A cuatro patas, gata!!

Ella obedeció al escuchar sus palabras, pero le miro a los ojos un instante y le sonrío antes de bajar su mirada y postrarse a cuatro patas a sus pies y hacerle una reverencia a su Amo. Él se agacho para tomar la cadena que le colgaba del collar, se incorporo y dio un leve tirón para que ella lo siguiese. Ella gateó detrás de su Amo hasta ponerse a su lado. La cadena no hacía falta, era más un símbolo que otra cosa, ya que Ella conocía sus gustos. Llegaron a orillas del mar, y él le quito la cadena.

-Descálzate, puta!!

Ella comenzó a hacerlo nada más escucharlo, no quería que las olas que se estrellaban en la orilla fueran a mojarlos, y respondió.

-Si, mi Amo

Se quito los zapatos y los tiró hacía el coche para volver a ponerse a cuatro patas esperando sus órdenes.

-En posición de reposo, gata

Le dijo mientras se alejaba hacía el coche.

-Si, mi Amo

Respondió mientras se sentaba sobre sus talones y posaba sus manos abiertas sobre sus rodillas. La arena mojada se pegaba a la piel de su entrepierna y la hacía moverse intranquilamente mientras intentaba acomodarse mejor para evitar el contacto. Logro acomodarse a su gusto, y por fin quedo quieta para aguardar su regreso.

No tuvo que esperar mucho. Regresó a su lado a los pocos minutos. En su mano llevaba un maletín de cuero negro que dejo en la arena a su lado, para luego agacharse y sacar del mismo una capucha negra. Con la capucha en la mano, se acerco a ella y sin decir nada, se la puso, teniendo cuidado con la cuerda que se utilizaba para ceñirla al cuello no fuese a enredarse en los palillos chino. Una vez ceñida la cuerda a su cuello, quedo completamente desorientada. Era la primera vez que llevaba capucha, y se sentía un poco violenta, pero no dijo nada. Al encapucharla la privaba de los dos sentidos que más la ayudaban a relajarse y de los que más disfrutaba. La vista, y el olfato.

-¿Estas bien, gata?

Le susurro al oído mientras sus manos acariciaban y después pellizcaban sus pezones.

- Si, mi Amo… estoy bien

Le respondió mientras lamía sus labios resecos y dejaba escapar un suspiro entrecortado. El ansia que sentía en esos momentos la hacía sentirse viva, llena, completa y con deseos de gritarlo a los cuatro vientos. Demasiado tiempo había estado adormilada esa ansiedad, la única que es provocada por el deseo de placeres oscuros y él la estaba despertando a una velocidad de vértigo. La sacó de sus ensoñaciones el contacto de su mano en la suya y el roce de una cuerda suave que ceñía a su muñeca, para llevar esa mano a su espalda. Tomó la mano que seguía sobre su rodilla y con cuidado, la llevó a su espalda para hacer lo mismo que había hecho con la otra. Ella no dijo palabra, solo pensó que la privaba de otro de sus sentidos, y por un instante sintió miedo.

Aspiró profundamente y dejó escapar el aire entre sus labios resecos, para calmar un poco el vértigo que la embargada. No podía escucharle por el sonido de las olas y sin poder verle, se sentía demasiado desconectada de él. No quería dejar escapar el grito que pugnaba por escapar de su garganta. Poco a poco se fue calmando hasta centrarse en el único sonido que percibía a través de la capucha, el mar. Las olas eran como un bálsamo para sus nervios crispados.

El primer impacto la tomó completamente desprevenida. Un golpe en medio del pecho con algo que explotó y resbaló por su estomago dejando todo pringado a su paso, para finalmente caer entre sus rodillas. Por un momento ella pensó que era arena mojada, pero si así fuese no dejaría su piel tan pringada, se dijo a si misma. Descartó esa idea mientras un espasmo de revulsión recorría su cuerpo. No se había recuperado del primer impacto cuando el segundo la alcanzó en el hombro derecho y resbaló por su teta. Volvió a sentir como dejaba su piel pringada y su estomago se contrajo con la revulsión que sentía. El no poder ver lo que se estrellaba contra su cuerpo con aquel impacto seco, la estaba sacando de si.

-Puedes intentar esquivarlos, puta!

Escuchó que él le decía con voz segura. Al escuchar sus palabras, ella intentó ponerse de pie. El primer intento falló, justo segundos antes de ser alcanzada una vez más en el brazo izquierdo. La revulsión que sentía le dio fuerzas para ponerse en pie y se quedó quieta dónde estaba, no sabía hacia dónde correr para esquivar lo que él lanzaba. Justo en ese momento otro proyectil le dio en el muslo derecho. Eso la hizo ponerse en acción. Comenzó a moverse de un lado a otro, solo unos pasos hacia cada lado. Pero sin seguir el mismo ritmo. Así pudo evitar el próximo proyectil. Lo supo porque él se lo dijo entre risotadas, pero el siguiente la alcanzó en el estomago. Ella se giró y le dio la espalda. Al hacerlo escuchó una carcajada y un nuevo proyectil se estrelló contra su nalga derecha. Sin querer, le había dado un blanco perfecto para sus proyectiles. Él se ensañó con su gata. La bombardeó una y otra vez, riendo al ver sus movimientos fútiles pero que lo estaban poniendo cachondo al ver como se contoneaban sus tetas y sus nalgas con los movimientos que hacía.

-Alto!!!

Le dijo en voz lo suficientemente alta para que ella lo escuchase. Ella obedeció nada más escucharle.

-Si, mi Amo

Asintió con voz entrecortada por la falta de aire, ya que estaba jadeando bajo la capucha. Su afán por evitar los proyectiles se había convertido en una danza alocada que la dejó con la respiración entrecortada.

-Gira hacía mi voz, gata

Ella hizo como él ordenaba y giró hacía dónde venía su voz.

-Arrodillada Gata!!

-Si, mi Amo

Respondió ella mientras obedecía. Se dejó caer de rodillas en la arena, sintiendo como ésta se le pegaba a la piel pringosa de sus piernas, nalgas y hasta en los labios de su sexo que también estaban húmedos, pero de sus propios jugos.

-Ven, gata.. ven!

Ella le escuchó y mientras susurraba un Si, mi Amo que él no llegó a escuchar, gateó hacía él. Gateaba con el mentón en alto y el pecho erguido. Ella sabía que la estaba observando, y quería que viese lo realmente hermosa que era su gata, hasta cuando estaba en unas condiciones tan deplorables. Ella sabía que eso la hacía más apetecible para él si eso fuese posible, ya que era prueba indudable de su entrega. Dejó de gatear cuando su rodilla se posó sobre algo que no era arena. Pensó que podría ser una toalla o una manta y no quería ensuciarla.

-Bien hecho, gati.

Escuchó su voz muy cerca de su oído encapuchado. Una ola de deseo recorrió su cuerpo mientras la escuchaba. A esa ola se le sumaron otras cuando sus manos comenzaron a magrear su piel. Acariciaban y esparcían la sustancia pegajosa por sus tetas, mientras las magreaba y pellizcaba los pezones. Sus manos iban de sus tetas a su coño y después a sus nalgas para hacer lo mismo. Al hacerlo no dejaba de susurrar a su oído el placer que sentía al tener a su puta con él una vez más. Le decía en una voz queda lo que disfrutaba teniéndola así, sometida y disfrutando con él. Ella no podía responder. La voz le fallaba cuando él la tocaba así. Solo maullaba de vez en cuando entre los gemidos de placer que le provocaban sus caricias y torturas.

Se vió liberada de la capucha y tomó una bocanada de aire para llenar sus pulmones. Nada más hacerlo, supo lo que cubría su piel. El olor lo delataba y supo por qué la había encapuchado. Su cuerpo estaba cubierto de restos de higo. Se sobresalto al sentir el azote que cayó en su nalga, y dejó de pensar para dedicarse a sentir y disfrutar. Él le azotaba las nalgas con una mano, mientras recorría su cuerpo con la otra. Un azote, un pellizco en el clítoris. Otro azote, una caricia suave a un pezón. Otro azote y la caricia se volvía un suplicio cuando sus uñas se clavaban en la carne tierna del pezón. No aguantaba más el castigo a sus nalgas. Sentía que las tenía al rojo vivo, que echaba fuego por la piel, de los azotes que habían recibido, pero él no se detuvo. Ella comenzó a llorar de dolor, a suplicar, pero ni así cesó el castigo.

Se vió con la mejilla pegada a la arena cuando él le asestó un empujón y cayó de bruces sobre la misma con el culo en pompa, para hacerlo más accesible a sus azotes. No dejó de azotarla y ella no cesó de suplicar que dejase de hacerlo. Hizo un pequeño hiato para abrirle las nalgas y enfundar su polla en su culo de un empellón. Por un momento sintió como si la partiese en dos y sus súplicas se convirtieron en llanto y sollozos. Una vez enfundada por completo, relajó su cuerpo. Al hacerlo, se preparó para aceptar gustosamente sus embestidas. Los azotes seguían, pero más suaves, más en son de caricia que castigo, mientras él tomaba su tiempo buscando el ritmo para la danza. Sus caderas comenzaron a contonearse con las nuevas sensaciones que sus embestidas le estaban haciendo sentir. Sus sollozos se fueron tornando en gemidos y maullidos de placer, dejándole saber cuánto disfrutaba en esos momentos.

No tardó en sentir la presión que se iba acumulando en el centro de su ser. Tomando más ímpetu con cada embestida, con cada azote que le daba a sus nalgas, con cada apretón que le daba a sus pechos. Un maullido desgarró la noche, maullido que brotaba del centro de su ser, mismamente desde su coño vía su garganta. Maulló frenéticamente entre sollozos y palabras de deseo al sentir que las olas de placer iban a reventarla en mil pedazos, maullaba rogándole una y otra vez el poder terminar. –Ahora puta, correte ahora!!!-

Escuchó que le daba permiso para hacerlo y se dejó llevar por las olas que la sacudían como si de una muñeca de trapo se tratase. Sintió a la vez las sacudidas de su cuerpo sobre el suyo. Él la acompañaba en su vuelo al infinito, a lugares recónditos que no tienen fronteras, lugares que solo pueden llegar dos que en breves momentos se convierten en uno. Perdió la noción de todo. Solo existía el éxtasis de saberse suya otra vez. De volver al lugar donde había sido tan feliz, para disfrutar de él una vez más. Para disfrutar de SU capricho.

Abrió los ojos y miró su cara sonriente, mientras él le decía.

-¿Quieres más higos, putis?

miércoles, enero 17, 2007

When You Come

When you come
When you come to me, unbidden,
Beckoning me
To long-ago rooms,
Where memories lie.

Offering me, as to a child, an attic,
Gatherings of days too few.
Baubles of stolen kisses.
Trinkets of borrowed loves.
Trunks of secret words,

I CRY.

(Maya Angelou)

Cuando tú vienes

Cuando tú vienes a mí, sin ser llamado,
Llamándome
A habitaciones de tiempos olvidados,
Donde yacen los recuerdos.

Ofreciéndome, como si fuese un niño, un ático,
Acercamientos de días que son pocos,
Tonterías de besos robados.
Bisutería de amores prestado.
Baúles de palabras secretas,

YO LLORO.

(Maya Angelou)

miércoles, enero 10, 2007

Alumbramiento

Ahora veo... Ahora siento, ahora estoy viva...

domingo, diciembre 31, 2006

Feliz Año Nuevo

Os deseo paz… os deseo salud… y os deseo felicidad!!!

miércoles, diciembre 06, 2006

Puta Bocona

Miro a mí alrededor, ahora que estoy sola. Me ha encadenado a la pared, que está hecha de ladrillos. Estos están llenos de manchas de humedad, suciedad y moho. Estoy en una mazmorra parecida a las del tiempo de la inquisición. Hay poca luz y lo que puedo observar solo hace que me resigne más a lo que está por llegar. Lo que veo es un potro de madera, nada fino ni elegante, más bien incomodo y doloroso para la persona que atarán a él.

Bajé la mirada y dejé de observarlo mientras tomaba consciencia de cómo estaba en esos momentos. Gruesas y pesadas cadenas me mantienen atada a la pared de ladrillos. Atada de muñecas y tobillos en cruz, con poco espacio para moverme, no puedo evitar que mi espalda y mis nalgas rocen contra ellos. Siento la humedad en mi espalda, en mis nalgas y hasta en mis piernas cuándo me descuido y mi cuerpo roza contra ellos. Tengo frío, mucho frío. Quiero enroscarme en posición fetal y olvidarme que todo existe, que yo existo. Solo quiero que todo cese.

Éste es mi castigo. Estoy en esta situación porque he sido una puta bocona. Sí, es lo que se me ha dicho que soy, y lo asumo. Siempre he sido consciente de que todos somos responsables de nuestros actos. Yo asumo los míos. Sabía que sería castigada severamente, pero más castigo hubiese sido el callar.

Me sacó de mis ensoñaciones el chirrido de la puerta al abrirse. Levanté la mirada y no pude ver mucho más allá del potro que tenía delante. La oscuridad lo abarcaba todo. Escuché las pisadas antes de ver la silueta de un cuerpo entre penumbras. Era Él. Había regresado para terminar lo que había comenzado. No sé el tiempo que ha pasado desde que me dejó atada. Unas horas, quizás… No sé, ni me importa mucho.

No se dignó en dirigirme la palabra, cosa que agradecí. Estoy segura de que si lo hubiese hecho, yo volvería a responder. Se acercó a mi y desató primero mis tobillos y después mis muñecas. No hice gesto alguno, solo el dejar que mis brazos cayeran inertes a mis costados. No quería mirarle. Me hacia daño y no quería ver su cara mientras me lo estaba haciendo. Quería pensar que era otra persona y no Él quien me estaba castigando… quien me hacía tanto daño.

Me dio un empellón hacía el potro, y sin miramientos dobló mi cuerpo a su antojo sobre el mismo. Se agachó para atarme una vez más, esta vez las ataduras eran jirones de cuero tosco que arañaban y hacían daño. La madera donde reposaba mi cuerpo estaba llena de astillas que se clavaban en mi piel con cualquier movimiento que hacía, así que intenté moverme lo menos posible.

Al terminar de atarme, sus manos fueron al cuello de la camiseta que llevaba puesta, sentí los tirones que dio hasta escuchar que la tele se rasgaba, dejando mi espalda desnuda y mi piel llena de arañazos causados por las astillas del potro. Hizo lo mismo con las bragas que cubrían mis nalgas. Hizo con ellas una pelota y levantando mi cabeza por los cabellos, las metió en mi boca.

Al terminar, soltó mis cabellos como si le diese asco tocarme. Volvió a situarse detrás de mí. Sus manos abrieron mis nalgas y sentí como un objeto desgarraba mi culo al ser penetrada sin misericordia. Ahogué un grito de dolor mientras pestañeaba para evitar las lágrimas que brotaban de mis ojos, no le daría la satisfacción de verme llorar.

Me resigné una vez más a lo que me estaba sucediendo. Si me ponía a pensar en otros tiempos, estoy segura que me volvería loca de impotencia y el odio que sentía en esos momentos hacía esa persona que ya no conocía y a la que seguía entregada.

Mi cuerpo temblaba y yo no lo podía controlar. Tiritaba de frío y del rencor que se había acumulado en mi alma. Rencor causado por viejas heridas que no habían sanado y en las que Él no dejaba de echar sal. Él reía al ver mi dolor, burlándose de sentimientos que jamás llegaría a entender. Mofándose a gusto… ya que Él podía hacerlo.

Escuché como la caña de bambú cortaba el aire a mis espaldas. No me inmuté. Tenía muy claro lo que iba a hacer, no era la primera vez que me había castigado así. Las marcas que cruzaban mi espalda y mis nalgas lo atestiguaban. Este castigo era casi la norma.

Sentí el primer azote lamer la piel de mi espalda y no pude evitar un estremecimiento de dolor. Estremecimiento que causó que las astillas se clavasen más en mi torso y en la fina piel de mis antebrazos. De mi boca llena de tela se escapo un gemido que no pude ahogar. A ése le siguió otro al recibir el segundo azote. Restallaban con furia contra mi piel, arrancando gemidos y gritos de dolor de mi garganta. No gritaba por lo que hacía a mi cuerpo. Gritaba por lo que le hacía a mi alma que estaba en sangre viva.

Se ensaño con mi piel. Quería verla marcada por completo y no cesaría hasta lograr su cometido. Llegó el momento que el dolor fue tal que mi cuerpo creó una barrera, al igual que mi mente. Ya podía hacer lo que quisiera a mi piel que no iba a doler más, porque había llegado al límite. Si seguía me mataría, pero era demasiado listo para llegar hasta ahí. Él quería una puta viva para seguir ensañándose con ella cada vez que su frustración llegase al máximo y necesitara desahogarla de la única forma que sabía hacerlo.
Perdí el conocimiento y no sé que sucedió después. Al despertar estaba tirada sobre una manta sucia y hedionda, la cual se pegaba a mis heridas. Todo me dolía, no podía ni quería moverme. Solo quería olvidar. Cerré los ojos… y busqué el olvido una vez más.

domingo, septiembre 17, 2006

Por siempre en mi corazón…

domingo, septiembre 03, 2006

I carry your heart with me

i carry your heart with me
i carry your heart with me (i cary it in my heart)
i am never without it (anywhere i go you go, my dear;
and whatever is done by only me is your doing, my darling)
i fear no fate (for you are my fate, my sweet)
i want no world (for beautiful, you are my world, my true)
and it´s you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you...
here is the deepest secret nobody knows (here is the root of
the root and the bud of the bud and the sky of the sky of a tree
called life; which grows higher than the soul can hope or mind can
hide) and this is the wonder that´s keeping the stars apart
i carry your heart (i carry it in my heart)
ee cummings

viernes, septiembre 01, 2006

La Noria

Leía una novela de las que tanto me gustan, y me había escapado al mundo del samurai y las geishas cuando el timbre estridente del teléfono me devolvió a la realidad. Escuchar su voz es siempre una delicia, más cuando habla casi en un susurro que acaricia mi coño como si de su boca se tratase.

El susurro cesó casi al minuto de comenzar… Él sólo quería saludar y dejarme saber que me pensaba… que me deseaba, y que me había enviado un correo electrónico. Nada más que eso. Como mismo irrumpió en mis fantasías asiáticas, se esfumó de mi realidad. Dejé el cómodo sofá donde estaba tumbada y me fui a la habitación donde está el ordenador. Me conecté y busqué su correo con ansias. Leo cada palabra y las devoro sin digerir por completo la primera vez que lo leo. Después vuelvo a repasarlo todo más calmadamente, saboreando cada letra… cada frase. Una vez leído el correo, guardo una copia en la carpeta que tengo expresamente para Él y apago el ordenador.

Tengo que darme prisa, porque no me ha dado mucho tiempo para prepararme. Voy quitándome la ropa que llevo puesta de camino al baño, dejando tras de mi un rastro de prendas de algodón que adornan el pasillo, camiseta, pantalón corto, sujetador y finalmente me despojo de los calcetines en el baño. Esta semana ha ordenado que no lleve bragas, así que algo menos que tuve que quitarme. Llego al baño y abro el grifo de la ducha mientras recojo mi cabello para que no se moje. Una vez bajo el chorro del agua me voy enjabonando y a la vez que inspecciono mi cuerpo. Satisfecha con la inspección, aclaro mi cuerpo una última vez, y salgo de la ducha y me seco.

Ya en mi habitación busco la bolsa de los cosméticos y pillo el delineador de ojos negro. Voy al espejo y con cuidado rotulo sobre mi pecho izquierdo, siguiendo al pie de la letra las órdenes que me ha enviado por correo. Una vez cumplida su primera orden, prosigo a vestirme. Sujetador negro con cierre delante, una blusa del mismo color con botones al frente y falda ancha de fondo negro con rombos en blanco, que llega la rodilla. Terminé de vestirme al calzarme con sandalias negras de tacón, muy cómodas para pasear en las noches de verano y comienzo a maquillarme. Me maquillo ligeramente delineando mis ojos con el mismo lápiz que unos momentos antes marcaba mi pecho, paso la mota de los polvos por mi cara, y termino con un carmín color sandía en mis labios para darle un poco de color a mi cara.

Satisfecha con lo que veo en el espejo, busco mi bolso y salgo de casa con paso ligero, y el estomago lleno de mariposas. Sí, mariposas… esa sensación de ansiedad que hace que la adrenalina comience a surgir y solo actúas, no piensas. Así es como me siento al pillar el primer taxi que se cruza en mi camino. El conductor me mira por el espejo retrovisor mientras le digo donde quiero ir. Intenta entablar conversación conmigo hablando del tiempo y sonrío. Siempre que me mencionan el estado del tiempo me trae a la mente una polla inflamándose de deseo, solo porque Él dice que hablar del tiempo lo pone cachondo. Salgo de mi ensoñación y la imagen de su polla se aleja lentamente de mi imaginación cuando intento seguir la conversación del conductor. Le respondo con monosílabos porque la imagen persiste, pero ha tomado otro matiz. Ahora la tengo en mi boca, acaricio la piel que parece seda húmeda en mi boca y succiono. La imagen ha enviado un relámpago de placer a mi entrepierna y siento como mi coño palpita y se humedece. El conductor sigue hablando y no sé lo que ha dicho, me mira por el espejo y solo respondo con una sonrisa. Pongo freno a mi imaginación, porque las imágenes me están perturbando demasiado e intento seguir la conversación del conductor.

Finalmente veo lo que voy buscando, y le digo al conductor que se detenga. Cuando estoy delante del lugar indicado, me abajo del taxi y le pago el importe al conductor. Me quedo donde me ha dejado el taxi y busco con la mirada para ver si le veo. Se me hace difícil con tanta gente, pero no me doy por vencida. No me preocupo, ya que sé que Él me encontrará a mí si yo no logro encontrarle antes. Lo veo casi enseguida. Camina hacia mí y mi mirada lo devora de pies a cabeza. Lleva un polo azul marino de manga corta, y pantalones del mismo color. Varonil, todo hombre… siempre me viene lo mismo a la mente al verle. Mi Amo es todo hombre. Se acerca y sus labios rozan los míos. Y me toma de la mano. Yo le sigo sin decir palabra… Él marca el paso, yo le sigo ciegamente, o no… ya que mientras le sigo miro su culo y me relamo de placer imaginando otros encuentros, otros momentos compartidos con él. Me palpita acariciarlo con mi mano, pero me detengo a tiempo. No he pedido permiso, y no pienso pedirlo, ya que su orden fue silencio total.
Caminamos entre el gentío, esquivando madres con coches de bebés, niños correteando, grupos de adolescentes que conversaban y reían sin percatarse que entre ellos caminaba una gata sometida, una gata bajo las ordenes de su Amo. Llegamos a una de las atracciones y Él se detuvo en la cola. Esperamos como todos a que comenzara a moverse la cola. Mientras lo hacíamos su mano acariciaba mi espalda y yo recostaba mi cuerpo al suyo. En ocasiones su mano bajaba hasta mi culo y magreaba mis nalgas sin importarle quien estuviera mirando. Manteníamos una conversación fluida como la podía haber tenido cualquier otra pareja. Solo que yo iba sin bragas, con mi teta rotulada, y era la sumisa del hombre que tenía a mi lado, magreando mis nalgas cada vez que se le antojaba hacerlo para el deleite de su gata.

Finalmente después de casi una hora, llegó nuestro turno para subir. Entramos en una especie de jaula en forma de huevo, el asiento forrado en vinilo negro sentaba a tres personas cómodamente, y el respaldar era parte de la misma jaula. Tomamos asiento, y cerraron la puerta, dando la sensación de dejarnos completamente aislados del mundo exterior, lo cual no era cierto ya que toda la parte frontal de la jaula estaba abierta y se podía ver perfectamente todo lo que ocurría. Lentamente fuimos subiendo, y esperando mientras iban llenando las otras jaulas… Le llamo jaula porque es la impresión que me dio al verlas, pero en realidad era una noria. La noria más grande que jamás había visto. Recuerdo haberle preguntado la altura que llegaba a tener al punto extremo y me respondió que eran 120 metros, y no me avergüenzo cuando admito que tenía miedo… más bien pánico. Nunca me han gustado las atracciones de las ferias ni los parques temáticos. Pensaba en esto mientras íbamos subiendo lentamente y esperaba el momento preciso para comenzar a darle placer a mi Amo.

Nos movíamos lentamente, tardaba unos cinco minutos en cada parada para recoger más gente. La quinta vez que paro, mi Amo dio la primera orden. –A cuatro patas, puta- Me lo dijo con una voz tan cariñosa que casi olvido obedecer. Lo mire y respondí –Si, mi Amo- mientras deshacía el cinturón de seguridad que me mantenía atada al asiento. Me deslicé hacía el suelo lentamente, evitando movimientos bruscos para que la jaula no se tambaleara demasiado. Con sumo cuidado me acomodé a cuatro patas ante mi Amo, la mirada fija a su entrepierna, esperando nueva orden. –Huele la polla de tu Amo, gata-. Solo de escuchar sus palabras mi cuerpo se tensó. Sentí un hormigueo recorrer todo mi cuerpo y una presión en la entrepierna que iba encharcando mi coño.

Gateé sólo dos pasos hasta llegar a la entrepierna de mi Amo. Él había abierto sus piernas y yo me colé entre ellas. Era como si hubiese llegado a casa. Mi espacio personal se encontraba justamente ahí; arropada por sus piernas y mi cara hundida en su regazo, buscando con mí hocico su olor, su esencia. Frotaba mi mejilla contra la tela del pantalón y sentía como su polla reaccionaba a mis caricias. Metía mi nariz entre sus piernas y ronroneaba de placer. Mordisqueaba la tela del pantalón intentando atrapar su polla con mis dientes, suavemente mordisqueando, mientras seguía oliendo. Volví a escuchar su voz que me decía… -A tu aire, gata- Me encantó escuchar esa orden, podía hacer lo que se me antojase, mientras fuese gozoso para mi Él. Atrás quedo el miedo, la vergüenza y hasta el pudor. Olvidé todo y me centré en darle placer a mi Amo.

Mis manos deshacían su cinturón mientras mi boca seguía mordisqueando. Una vez hube bajado la cremallera, liberé su polla de la tela que la cubría y mi lengua comenzó a adorarla. Lametones largos, húmedos que iban desde la base hasta el prepucio, para después tomarla entera dentro de mi boca y acariciarla con la lengua mientras succionaba con deseo. Mientras mi boca adoraba mis manos recorrían su cuerpo. Algunas veces acariciando sus piernas, otras su pecho, sus brazos, se metían entre su espalda y el respaldar del asiento para no dejar palmo de su cuerpo sin tocar, sin acariciar… sin adorar.

Mi Amo comenzó a mover una pierna, acomodándose para meter su pie entre mis piernas. Sentí el tacto de la piel dura de su zapato mientras frotaba mi coño y comencé a mover mis caderas para facilitar su labor. Movía rítmicamente mi coño contra su pie, mientras mi boca buscaba sus cojones para lamerlos y chuparlos. Una de mis manos acariciaba su polla mientras mantenía el equilibrio con la otra para seguir moviendo mis caderas y no perder el contacto con su pie. –¿Está lista mi puta?- Escuche su voz preguntar… y maúlle para dejarle saber que efectivamente… su gata estaba lista, que estaba encharcada y deseando ser follada por su Amo. –Maúlla, gata, maúlla- Y obedecí, maullando una y otra vez para que el viento que se colaba por las rejillas se llevase mis maullidos hasta el infinito. –Sube, puta!!!-

No tuvo que dar la orden dos veces… A cuatro patas fui subiendo a su regazo, hasta quedar sentada con una pierna a cada lado de mi Amo. Sólo tuve que mover ligeramente mis caderas y sentí su polla contra mi muslo. Mi Amo me subió la falda hasta las caderas y con un leve ajuste de mi cuerpo, me empaló en su polla. Una especie de ronroneo mezcla de maullido brotó de mi boca para morir en la suya. Mordía mis labios sin piedad, para después meter su lengua en mi boca para recorrer cada rincón de su humedad. Me chupaba la lengua mientras sus manos magreaban mis nalgas. Su boca recorría mi cara, besando y mordisqueando todo a su paso. Mis mejillas, mi mentón, mi cuello... y sus manos seguían magreando y azotando mis nalgas.

Yo seguía maullando mientras me columpiaba sobre su polla. La acariciaba con los músculos de mi coño mientras mis manos deshacían los botones de mi blusa y después el cierre del sujetador. Sentía como nos movíamos dentro de la jaula, y veía el horizonte por la rejilla del respaldo, pero ya eso no importaba. Estaba cabalgando sobre mi Amo a 120 metros de la tierra, y volaba. Volaba como jamás había volado. Con cada movimiento de la noria, me penetraba más profundamente en la bajada, mientras mi coño lo succionaba con más presión a la subida. Una combinación desquiciante, más cuando sus manos comenzaron a magrear mis tetas. Tiraba de mis pezones mientras susurraba cosas en mi oído que siempre me han encantado escucharle decir. Y yo maullaba. Maullaba y cuando me dejaba, besaba su rostro, su cuello, su boca entre maullidos y él seguía torturando mi cuerpo con sus castigos, sus caricias y sus palabras.

Quería terminar, lo necesitaba. Mi cuerpo estaba tenso como una vara, y había acumulado demasiada energía y necesitaba liberarla mediante una corrida, mi cuerpo lo pedía a gritos. –Mi Amo, tu puta pide permiso para correrse- jadeé entre maullidos para mi Amo, rogando poder terminar mientras su boca succionaba mi pezón para después morderlo sin piedad.
Separó su boca de mi pezón, y susurro en mí oído, -concedido, puta-. Mis embestidas se hicieron más violentas, sus palabras solo me incitaron a más. Cabalgué salvajemente sobre su polla porque quería sentir como reventaba dentro de mí, a la vez que yo la bañaba con mis jugos. Su boca en mi oído susurraba obscenidades que me alentaban a más, cada palabra que me susurraba me hacía cabalgar con más frenesí… y finalmente escuché –Ahora, puta!... He dicho ahora!!!- Escuché su orden y me dejé ir… deje que mi cuerpo obedeciera como estaba acostumbrado a hacerlo, sentí como las olas reventaban el dique e inundaban todo a su paso. Mi cuerpo se estremecía sin control sobre el suyo. Un orgasmo en cadena, espasmo tras espasmo sin control alguno y ningún deseo de controlarlo. Entre sacudidas de placer su cuerpo comenzó a estremecerse contra el mío mientras nos fundíamos en un abrazo. Sentí su corrida que se mezclaba con mis olas, haciéndonos uno, una vez más.

Caí exhausta sobre su pecho, besando su cuello dulcemente mientras Él acariciaba mi espalda y mis nalgas. La jaula nos mecía en un suave vaivén que incitaba a cerrar los ojos y descansar, pero mi Amo quería que su gata disfrutara del panorama que se extendía ante ellos. –Mira la ciudad, gata-… obedecí y gire mi cabeza para poder mirar lo que mi Amo me señalaba. Toda la ciudad a nuestros pies… y yo seguía empalada en su polla… en esos momentos, yo era la gata más feliz del mundo mientras mi Amo susurraba a mi oído –Me gusta que mi puta lleve mi marca en su pecho, anótalo-… Y su gata le respondió –Anotado queda, mi Amo-

Así fue como le perdí el miedo a las norias…

jueves, julio 20, 2006

Un Año Más

Un Año Mas...

jueves, junio 22, 2006

El Deshielo

El calor es insoportable. No aguanto ni mi propia piel. Quiero tirar de ella como hago con la ropa que cubre mi cuerpo nada más cerrar la puerta de mi casa tras de mi. Dejo caer las llaves y el bolso en la mesilla de la entrada y comienzo a despojarme de todo lo que me agobia. Atrás quedan las sandalias rojas de tacón y el pantalón blanco de lino. De camino a la cocina para buscar una botella de agua helada, me quito la camisa y el sujetador.

Bebo un trago interminable de la botella. El agua calma mi sed, pero mi cuerpo sigue ardiendo. Me paso la botella helada por mi frente, por el cuello y vuelvo a beber. Llego al salón y del sobresalto se me cae la botella de las manos. Me apresuro a recogerla antes de que toda el agua se derrame en el suelo. Con la botella a salvo, vuelvo a fijarme en Él. Esta sentado en el butacón con el portátil sobre el regazo, y tiene los pies cruzados sobre la mesa de centro. Al lado de sus pies hay una copa mediada de vino blanco y una cubitera con la botella dentro. Mi cara debió reflejar lo que pensé, porque Él bajo los pies de la mesa y en su lugar puso el portátil, se puso de pie y se encamino hacia mí. Nada más ponerse de pie, yo me agache y me puse a cuatro patas, con la mirada al suelo. Encontrarlo en mi casa sin previo aviso, me había hecho olvidar todas las normas y eso era imperdonable.

Observe sus pies descalzos cuando se puso a mi costado. Sentí como su mano tomaba la trenza que colgaba a un costado de mi cuello y tiro de ella para hacerme gatear a su lado. –¿Así que crees que tu Amo debió ir por ti en vez de hacerte caminar?- Había leído en mi cara lo que había pensado, pero le respondí con una negativa. – No, mi Amo-. Me sentí mal al mentirle, pero al entrar y verle tan fresco y cómodo mientras yo estaba muerta de calor, me hizo olvidar que Él era el Amo. –No me mientas, gata- fue todo lo que dijo.

Me llevo casi a rastras hasta el sofá donde ya había puesto una toalla. –Sube al sofá y túmbate boca arriba, gata-. Obedecí mientras respondía –Si, mi Amo-. Mientras subía a cuatro patas, sentí que aferraba la tela de mi braga y tiró de ella hasta desgarrarlas para echarlas a un lado. Nada mas tumbarme como había ordenado, su mano se poso sobre mi pezón derecho. –Cuenta hasta diez, gata- . Di un respingo al sentir el frío que mordía mi pezón, pero respondí –Si, mi Amo-, y comencé a contar.

Contaba lentamente, disfrutando del placer que el hielo me estaba dando. Sentía las gotas chorreando por mi piel. Algunas corrían por el lateral de mi teta para morir en la toalla, otras corrían por mi pecho para hacer un charquito, otras se escurrían hasta mi cuello, mientras yo contaba y disfrutaba. Ocho, nueve, y diez. Y retiro el hielo y este fue reemplazado por su boca. Cuantas emociones revuelve esa boca juguetona. La lengua avivando llamas que me quemaban por dentro, mientras calentaba la piel helada de mi pezón y este respondía enviando calambres de deseo a mi entrepierna. Mientras mordisqueaba y lamía el pezón helado, saco otro cubito de hielo de la cubitera y lo poso sobre el otro pezón. Qué agonía más deliciosa. –Cuenta, gata!- , dijo mientras retenía mi pezón entre sus dientes. Conté y me contoneaba mientras lo hacía. Dejándole saber que disfrutaba de su juego, que había olvidado el calor, la caminata y que lo haría mil veces más si al final de cada una de ellas me esperaba una recompensa tan deliciosa. Contaba entre gemidos de placer y ronroneos sin sentido. Al llegar a diez, retiró el hielo para darle paso a su boca. Lamía, succionaba, mordisqueaba y volvía a lamer. El calambre de deseo se convirtió en una tormenta de relámpagos en mis entrañas. Su mano volvió a la cubitera y se perdió en mi entrepierna. Sus dedos helados se colaron entre los labios de mi sexo y las gotas de agua helada cayeron sobre mi clítoris inflamado. Abrí más mis piernas para darle acceso a mi coño mientras él seguía lamiendo y mordisqueando mis pezones.

Quería gritarle que ya estaba lista, que no hacía falta más y lo hice mediante mis maullidos. Maullaba mientras mis caderas se contoneaban buscando la máxima penetración. Iba a terminar si no cesaba de inmediato, y di un último maullido de desesperación. Él se retiro y me miro mientras mi cuerpo seguía contoneándose de deseo. Lo deseaba tanto que era un dolor físico, un dolor que me hizo rogarle que me volviese a tocar, que me tomase como la puta suya que era. Sollozaba y suplicaba mientras mi cuerpo se revolvía de deseo sobre el sofá. Él solo respondió… – ¿No tenias calor, gata?-

sábado, junio 10, 2006

Antigüedad China

Son las siete y diez… y llueve. Me encanta el sonido que hacen las gotas al estrellarse contra los cristales. Una tarde lenta… viernes y de lluvia. No hay mucho que hacer, ya que el trabajo fuerte lo saque en la mañana así que me pongo a leer para hacer tiempo hasta la hora de cerrar.

El timbre del móvil me hace sonreír. Sé quien es antes de mirar la pantalla para verificar que es Él... –¿Hello?- contesto y sé que nota la sonrisa que le regalo a través de la distancia. La respuesta a mi saludo es solo una palabra. Sin decir más, dejo mi escritorio y voy al almacén. Busco donde pueda observar la entrada a través de la cortina que separa el almacén del resto del local. Mi mirada cae sobra una mesa baja que creo será adecuada para mis necesidades. Es de madera clara, terminada con unos dibujos laqueados y es una antigüedad china que tiene más de 300 años.

Con paso firme y aun con el móvil en la mano me dirijo a la mesa. Con cuidado para no arañarla me acomodo a cuatro patas sobre ella. Una vez en posición vuelvo a poner atención a lo que escucho. Él no ha dicho nada más. Escucho su respiración y los sonidos ambientales donde se encuentra mientras subo la falda hasta mis caderas. Apoyo el codo de la mano que sujeta el móvil en la mesa y la otra va a mi entrepierna. Mis dedos echan a un lado la fina tela de la braga y buscan la humedad. Estoy preparada. Siempre sucede igual cuando me da estas sorpresas.

Normalmente el escuchar su voz me excita, pero escucharle pronunciar esa palabra tiene un impacto erótico tan intenso que mi cuerpo reacciona de inmediato. Mis dedos comienzan a frotar la perla endurecida en la que se ha convertido mi clítoris y maúllo mientras observo la entrada. Me relamo y mordisqueo mis labios del placer tan intenso que estoy sintiendo. Alerta a todo e importándome solo sus palabras. Ronroneos y gemidos de placer escapan de mi garganta mientras escucho que me llama su puta y obedezco repitiendo esas mismas palabras entre jadeos. Con la boca reseca de placer le aseguro con voz entrecortada por el deseo que soy suya, que soy su puta hasta la medula… que soy la más puta y Él es quien me hace serlo.

Mis dedos buscan y se clavan hasta el infinito, pero ya no son mis dedos, sino su polla que me clava y me proclama como suya, como su puta, su gata, su propiedad. El placer que siento se manifiesta a través de sonidos ininteligibles que brotan de su propio acorde de mi garganta. Cuando logro articular palabras, le imploro que me folle más duro, mientras me acomodo sobre la mesa, bajando mi cara hasta tenerla pegada a la madera para poder levantar más el culo. Siento la madera fresca en mi mejilla y separo más las rodillas al cerrar los ojos. Mi cuerpo se contonea eróticamente disfrutando del placer de la carne, de la entrega y sigo frotando mientras maúllo entre jadeos y espasmos de placer.

-Ahora!!!!- Escucho pero no quiero obedecer. No quiero que termine pero mi cuerpo esta acostumbrado a sus ordenes. Ya no es mío, es suyo y Él lo controla. –Dije, Ahora gata!!!- Y la presión que ha ido acumulándose en mis entrañas se convierte en olas. Olas que me estremecen sobre la mesa como si fuese un naufrago en medio del mar. Maúllo entre jadeos y gritos de placer, no puedo evitar los espasmos que recorren mi cuerpo una y otra vez. Cierro los ojos e intento recuperar la cordura, volver al presente… escucho su voz – Así gata, siempre así para tu Amo-… lo escuchaba tan cerca que su voz parecía estar en la misma habitación. Maúlle para Él una vez más. Maullidos y besos de agradecimiento, de placer… de gata satisfecha. –¿Follamos, gata?- Levanto la cabeza de la mesilla y esta parado ante mí… Sonrío y le digo…-Que sorpresa-…

viernes, mayo 26, 2006

Táctica y Estrategia
Mi táctica es mirarte
aprender como sos
quererte como sos
Mi táctica es
hablarte y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé con que pretexto
pero quedarme en vos
Mi táctica es ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos simulacros
para que entre los dos no haya telón
ni abismos
Mi estrategia es
en cambio más profunda y más simple
Mi estratgia es que un día cualquiera
no sé como ni sé con que pretexto
por fin me necesites.
Mario Benedetti

miércoles, mayo 24, 2006

Sueño Blanco

Entreabro los ojos solo unos segundos y disfruto de todo lo que me rodea. Pared blanca, cortinas blancas que se mecen con la brisa, alfombra, edredón, cojines y almohadas, todo blanco. La sensación de frescura, de limpieza me embriaga y disfruto del tacto del algodón fino contra mi cuerpo. Siento el peso del edredón en mi cuerpo y me contoneo para rozar mi cuerpo desnudo contra la frescura crujiente de la tela. Acaricio mis piernas y mi espalda contra la sabana y cierro los ojos.

Estiro el brazo y pulso el botón del reproductor de música. La voz de Steven Tyler de Aerosmith llena la habitación y me ayuda a centrarme mientras canta ¨Crazy¨. Escucho la música con los ojos cerrados y mis manos comienzan a explorar mi cuerpo bajo el edredón. Caricias suaves, sin prisas comenzando con mis tetas. Mis dedos buscan mis pezones y comienzan a frotarlos, a despertarlos. Ellos responden después de varios intentos. Endureciéndose poco a poco hasta llegar a estar tan tiesos que duelen. Los pellizco, tiro de ellos como Él haría y gimo de dolor, de placer. Siento como mi entrepierna comienza a humedecerse y una mano queda torturando los pezones mientras la otra va en busca de la humedad. El recorrido se hace eterno. Mi mano encuentra mi coño depilado y mis dedos se hunden en la humedad que los aguarda con ansia. Comienzan a frotar al mismo ritmo que la otra mano pellizca y estira el pezón que la ocupa en esos momentos. Muerdo mi labio inferior del placer tan intenso que recorre mi cuerpo en esos momentos. No quiero que termine, quiero prolongar esa sensación que me tiene absorta por completo.

No escucho la puerta que se abre ni los pasos que se acercan. Me percato de que hay alguien conmigo en la habitación cuando siento que el edredón deja de cubrir mi cuerpo. Abro lo ojos sobresaltada y no tengo tiempo de hacer mucho más antes de sentir como su mano se enroscaba en mi melena. Un tirón tan violento que me incorporo sin yo poner de mi parte. La sorpresa fue tal que no sentí el dolor del tirón de cabellos en esos momentos. Bruscamente me acomodo en la cama a su gusto. Cara contra el colchón, culo en pompa y las rodillas bien separadas. Abierta y encharcada para su placer.

Si me penetraba en esos momentos, sabía que me correría. No lo podría evitar, de eso estaba segura. No lo hizo. En vez de penetrarme sentí la vara azotar mi coño. –Un coño tan encharcado merece unos azotes, puta- fueron sus palabras a mis gemidos de dolor. La vara no dejaba de azotar. Azotaba mi coño, mis nalgas, mis muslos y hasta mi ano para volver al mismo lugar donde había comenzado y castigarlo una vez más. Los azotes cesaron tan inesperadamente como habían comenzado. Quede respirando fuerte con mi cara contra el colchón sin atreverme a levantar la cabeza para tomar aire. La música seguía llenando el espacio y no atinaba a escuchar donde estaba Él, ni si seguía en la habitación conmigo.

Mi parte rebelde pensaba que no pasaría nada si mi mano se colaba entre mis piernas y terminaba con la agonía que sentía en esos momentos. La agonía de necesitar vaciarme de toda esa energía que se había acumulado en mi cuerpo y ahora me tenía con los nervios de puntas. Me contuve a duras penas. Quede como estaba y así quedaría hasta estar segura que se había marchado, o hasta que Él ordenase distinto.

No sé cuanto tiempo paso mientras yo seguía con el culo en pompa y la cara contra el colchón. En esas circunstancias no sabes si han transcurrido dos minutos o dos horas, ya que el tiempo se hace interminable. Casi me había convencido a mi misma que Él se había marchado cuando sentí sus manos separar mis nalgas y su polla enfundándose en mi humedad, llenándome por completo. Una embestida violenta que me hizo pensar que su sexo me saldría por la boca. Esa primera embestida fue seguida por varias más hasta hacerlas más pausadas, más rítmicas. Entraba y salía de mí como un pistón bien engrasado. Yo hacía lo mismo con mis caderas. Moviéndome a su ritmo para aumentar el placer. Varias embestidas más y sentí la presión que me dejaba saber que me correría en unos segundos. Maúlle pidiendo permiso para terminar, pero no fue concedido.

Su mano se enredo en mi cabello y tiro violentamente mientras embestía una vez más… La presión se hizo insoportable. Me iba a correr y no había dado permiso. No podía retenerla más, era imposible.

-Buzzz- -Buzzzz- -Buzzzzzzzz- Busco el despertador y lo apago… vuelvo a cerrar los ojos y disfruto una vez más del sueño que acabo de tener.

sábado, mayo 13, 2006

Espejo del Alma

Los ojos son el espejo del alma, o eso dicen. Si lo que dicen es cierto, hay veces que me asusta lo que observo en mi alma. No sé si es la primavera que me tiene alterada, o sí es solo los cambios a los que siempre he sido tan reacia a aceptar, pero mi alma libra una batalla que la hace agonizar. Un lado suplica entregarse sin limites, el otro mantener el control por completo sin ceder un átomo. Es el alma de una mujer que se debate continuamente entre la entrega y el ser su propia dueña.

Sé que lo que yo veo al mirarme al espejo no es lo que ven los demás. He pasado toda una vida escondiendo lo que siento y lo que mi alma necesita para estar satisfecha, para estar en paz. Hace falta mucho valor para dejar saber a todo el que me rodea que no soy lo que aparento. Me ven como una mujer de carácter fuerte, acostumbrada a mandar y ser obedecida. Una mujer que toma sus propias decisiones y en ocasiones las decisiones de los demás. No ven que aun siendo así siento la necesidad de pertenecer a alguien.

Que tengo la necesidad, si… la necesidad porque es una necesidad, que esa persona me cuide, me proteja, me mime y también que me folle como la puta en la que me convierto cuando voy de su mano y me somete a sus deseos, a sus caprichos. Que bajo toda esta fachada de mujer dura que muchos conocen, si profundizan un poco y van levantando las capas que cubren mi alma lo único que encontraran será una gata que añora ser el juguete de su Amo y Señor.

Pocas personas son capaces de entender lo que yo veo en mis ojos al mirarme en el espejo. Me catalogarían de enferma y de muchas cosas más que ni merecen ser mencionadas, pero yo estoy segura de lo que soy. Soy una mujer como otra cualquiera, solo con otras necesidades y gustos. Pocas mujeres han tenido el gozo de poder decirse a si misma, - Soy su puta y me encanta serlo-, y al decirlo sentirlo en cada fibra de su ser, de su alma. Yo soy una de ellas… yo conozco ese gozo.

martes, mayo 09, 2006

El Vuelo

Hoy he visto algo que me ha llamado la atención. Había una bolsa de pipas vacía justo delante de donde estaba parada esperando la hora de cerrar para irme a comer y de pronto se levanto una brisa y la bolsa salió volando. Lo que me llamo la atención no fue que la brisa se llevase la bolsa vacía, sino donde la llevo. La llevo hacía arriba unos 40 metros. Una bolsa volando y dando vueltas sin control, solo obedeciendo el capricho del viento.

Así me siento en ocasiones, que me dejo llevar por el capricho del viento. No pienso, no actuó, solo me dejo llevar. Cuando soplan vientos benévolos me lleva a los más remotos escondites de mi imaginación. Lo llamo con los brazos abiertos y una sonrisa en los labios. Le imploro que no me abandone, que me guié en ese vuelo donde olvido todo lo que me han inculcado desde el día que tome mi primera bocanada de aire para insuflar mis pulmones y comenzar lo que llamamos vida. Lo llamo con mi mirada, ofreciendo todo de mi y más, mucho más. Y esos vuelos son los que me dejan como esa bolsa vacía. Sin voluntad, dando vueltas sin control, agitada por el viento a su capricho y disfrutando mientras lo hace.

Sin embargo, hay veces que me aferro a lo terrenal, el vuelo se hace tortuoso, lleno de baches que entorpecen los movimientos que deben ser una danza sensual y terminan siendo una danza macabra. Me aferró con uñas afiladas y me cuesta tanto dejarme llevar que termino agobiada, físicamente extenuada y con muy pocos deseos de emprender el próximo vuelo cuando se presenta.

Quisiera ser esa bolsa vacía que no se aferra, sino que se deja llevar sin objeción alguna, pero primero tendré que deshacerme de muchas cosas que me llenan y entorpecen mis vuelos. Tendré que aligerar mi carga, y no sé si podré hacerlo, pero lo voy a intentar… todo gracias a una bolsa vacía.

viernes, mayo 05, 2006

Y callo...

Estoy en el trabajo… y hoy me siento ansiosa. Con deseos de gritar al mundo como me siento. Dejarles saber que me llenan deseos de todo y de nada a la vez. Que me invaden unas ganas locas de sentir unas manos en mi cuerpo haciéndome daño, o tal vez que me acaricien; quizás hasta ser yo la que haga daño con mis caricias y disfrutar mientras escucho los gemidos de dolor que estoy produciendo mientras lo hago.

Quiero hundir mis manos en mi entrepierna y buscar ese placer que se me escapa. Se escapa entre mis dedos y yo intento retenerlo pero no puedo. No sé como hacerlo en estos momentos, lo intento, pero no lo consigo. Las olas no llegan. Las llamo con gritos de desespero y necesidad y no me escuchan, hacen caso omiso a mis suplicas.

Mis dedos crispados buscan mis bragas, tiran de ella hasta sentir la tela meterse completamente entre los labios de mi sexo. Siento como tortura mi clítoris y contoneo mis caderas para sentir la fricción que mis movimientos producen. Eso solo me frustra más, produce más ansia y quiero gritar mi frustración a los cuatro vientos. Quiero gritar lo frustrada que estoy, sin embargo callo. Vuelvo a mi escritorio, tomo asiento y siento la tela de la braga rozar mi sexo húmedo y mis caderas vuelven a moverse, mi cuerpo sigue crispado, con cada nervio a flor de piel y yo hago como si todo a mi alrededor fuese perfecto. Y callo…

jueves, mayo 04, 2006

Primer Encuentro

La conocí en la un salón del tema en Internet. Hacía meses que la esperaba, que sabía que ella existía, pero no desespere. Sabía que llegaría cuando el tiempo fuese el propicio. Entro en el canal como un torbellino. Yo usualmente soy de las que saludo mucho y hablo poco. No me gusta profundizar en un sitio donde todo dios que te mira puede opinar, así que evito decir mucho… a no ser que merezca la pena hacerlo. Ella no hacía más que hacerme preguntas, cosa que usualmente paro en seco… pero sus preguntas me hacían sonreír, y las respondía.

Quedamos a la semana de conocernos para tomar un café. Después de ese primer café, hubo varias citas más para lo mismo, café y largas charlas del tema. Ella no tenia experiencia alguna de BDSM, sentía mucha curiosidad, pero nunca había tenido una sesión. Se me ofrecía la oportunidad de tomar una gata y moldearla a mi gusto, para mi placer… y no pensaba desperdiciarla.

Para nuestra primera sesión, pensé que lo mejor sería algo ligero para irla acostumbrando a mis gustos. No quería agobiarla mucho, ya que intuía que estaría muy nerviosa y no quería pasarme esa primera vez y terminar asustándola. Ella no sabía que esperar, porque nada le dije. Solo la di la palabra de paso, y me asegure que ella entendiese sin duda alguna, cuando debía usarla. Venia a mi sin limite… algo que me enorgullecía, y a la vez me daba un poco de reparo. El día de la cita le envíe en correo con las instrucciones bien detalladas de lo que yo quería, con la hora que tenia que presentarse y la dirección del hotel.

Faltaban dos minutos para la hora señalada cuando escuche el timbre de mi móvil. Respondí solo informándola el número de la habitación y corte la comunicación. No tardo más de un minuto en subir y encontrar la habitación. Estaba tocando a la puerta justamente a la hora señalada. Abrí para dejarla entrar. Nada más pasar el umbral, note que sus ojos estaban cerrados como yo había ordenado. Camino tres pasos y quedo en el pasillo con la cabeza gacha y comenzó a despojarse de su ropa. Al suelo cayo su hermosa blusa de algodón blanco y botones negro… seguida de la falda negra que le sentaba genial. Note que le costo más despojarse de su sujetador, pero al hacerlo, se despojo del tanga que llevaba puesto casi de inmediato. Quedo deliciosamente adornada por unas medias negras de rejilla y unos zapatos negro muy finos de tacón alto. Yo estaba muy satisfecha de cómo ella había interpretado mis instrucciones.

Yo seguía detrás de ella, refrenando los deseos de darle un azote en su culo casi perfecto y le susurre al oído. – A cuatro patas, gatita- Supe que no me esperaba tan cerca de ella por el respingo que dio su cuerpo nada más escuchar mi voz. Obedeció casi de inmediato, arrodillándose con una postura perfecta. Me acerque a ella por detrás y le cubrí los ojos con un pañuelo negro, atándolo bien para que no se le fuese a caer. Ella solo escucho el sonido que hacían mis tacones al alejarme de ella. La deje donde estaba para acomodarme en la butaca que había al lado del escritorio para observarla a mis anchas. Debía de intuir mi mirada en su cuerpo, porque comenzó a hacer gestos de nerviosismo con su cara. Humedecía sus labios, rozaba su mentón contra su hombro ya saben, esos movimientos nerviosos que no podemos remediar cuando nos sentimos incómodos. Yo la miraba y sonreía.

Ella despertaba en mí una mezcla de morbo y ternura. Quizás por ser su primera vez no me sentía con ánimos de corregirla de inmediato, pero lo hice porque no quería que se acostumbrase mal. –Deja de moverte, gata- Mi orden broto de mi boca casi en un susurro. No hacía falta levantar la voz, sabía por experiencia propia que en momentos como esos, es más factible hablar más bien en voz baja, que levantar la voz. Ella escucho y ceso todo movimiento de inmediato. Aguarde otros cinco minutos observándola y disfrutando del control que ejercía sobre ella, hasta que me sentí lista para comenzar la sesión. Quería darle algo especial esa primera vez, que la experiencia fuese tan gozosa para ella, como lo sería para mi. –Ven a los pies de Ama, gata- Me agrado ver que comenzó a gatear hacía donde escuchaba mi voz. Gateaba con movimientos pausados, voluptuosos… deliciosos a mi mirada. Llego ante mi demasiado pronto, me habría gustado seguir disfrutando de ella mientras gateaba, pero ya habría tiempo para eso después.

-Reverencia a tu Ama, gata- Nada mas escuchar mis palabras sus hombros y cabeza comenzaron a bajar, hasta tocar el suelo con su frente. Me encanto la rapidez de reflejos de mi gata, esperaba que siempre fuese así de rápida para obedecer mis ordenes. Cuando estuve satisfecha con el tiempo que había durado la reverencia la ordene –Besa los pies de tu Dueña, gata-. Le ordene sabiendo que sería difícil dar con mis pies con los ojos vendados, pero ella bajo su cabeza y rastreo el suelo con su hociquito buscando mis pies. Yo me había acomodado en el butacón con las piernas abiertas, para hacerlo más difícil para ella, pero no tardo en encontrar mi pie derecho. Más que gata, en esos momentos pareció una perrita rastreadora… Fue lo que paso por mi mente mientras la observada… y una sonrisa picara se dibujo en mis labios. Ella besaba la puntera de mi zapato golosamente mientras yo sonreía. –Ahora el otro, gata!- Su hociquito comenzó a rastrear en dirección opuesta, buscando mi pie izquierdo. Lo encontró e hizo lo mismo que unos segundos antes había hecho con el derecho. Besaba la puntera del zapato rozándola con sus labios antes de levantar un poco los labios de la piel y dejar brotar su beso. Yo la observaba mientras escuchaba la lluvia de besos que dejaba caer sobre mi pie… y quería más.

-Ahora busca el coño de tu Ama, gata!- Mi orden la congelo. Quedo paralizada ante mí. –Ahora!- levante solo un poco mi voz, no hacía falta más. –Si, mi Ama-, respondió mi gata mientras subía su hocico por mi pierna, buscando mi entrepierna hasta llegar a la fina tela de la braga que separaba su cara de mi sexo. –Huele, gata- … -Llénate del aroma de tu Ama-, en el silenció que invadía la habitación yo la escuchaba inhalar una y otra vez… obedeciendo mis ordenes al pie de la letra. La tome de los cabellos y presione su cara contra mi sexo… restregándola contra la tela y la piel para que jamás olvidase ese momento. Sabía que mi sexo estaba tan húmedo como el suyo en esos momentos y en otras circunstancias mi gata haría más que oler… pero la sesión de hoy era solo reconocimiento y entrega de su parte, aceptación de la mía. Mi placer podía esperar, ahora lo importante era mi gata.

Mientras su cara seguía entre mis piernas, desate el nudo del pañuelo que cubría sus ojos y le di un pequeño tirón a sus cabellos para que levantase su cara y me mirase. Sus ojos seguían con la mirada baja y espere unos segundos para estar segura que no me miraría a los ojos sin mi permiso. No lo hizo. Estaba ante mí con la vista perdida en mis piernas y no se atrevió mirar mi cara, yo estaba completamente complacida con lo que había observado de ella hasta ese momento. – Busca tu cesta y acomódate, gata-… Ella sabía que habría una cesta en la habitación, eso se lo había informado en el correo que le había enviado esa mañana. Sin mirarme busco la cesta con la vista hasta dar con ella. Estaba justo al lado del tocador, al lado del armario. Nada más encontrarla, se giro en dirección a la cesta y gateo hacía ella. Yo observaba su culo mientras gateaba hacía la cesta… Tuve que hacer un esfuerzo para no ordenarla regresar y dejarle unas marcas en su hermoso culo, clamándolo de mi propiedad. Ella llego a la cesta y muy sensualmente se acomodo en ella, sin levantar su cara una sola vez. –Podrás observarme mientras me visto, gata- Le dije mientras me ponía en pie. Yo iba en ropa interior… conjunto de sujetador y tanga negro, liguero a juego… y medias finas del mismo color y claro, mis zapatos de tacón de aguja. Fui al armario y saque el traje de chaqueta y falda que hacía solo una hora había colgado ahí cuando me despoje de el para recibir a mi gata. Ella me observaba… notaba su mirada en mi cuerpo como si se tratase de una caricia de fuego.

No volví a mirarla hasta que ya vestida, me pare delante de ella y le dije… -Nada más cierre la puerta, quiero que te masturbes ahí en la cesta hasta correrte-… -Cuando cumplas esa orden, te vistes y te vas a casa-… -¿Entendido?- Mi gata respondió con un… -Si, mi Ama-, con la voz llena de los sentimientos que la embargaban en esos momentos. Pensaba que me había defraudado y que yo no la deseaba. Nada más lejos de la verdad, pero eso lo aprendería con el tiempo. La deje en su cesta, tome mi bolso y salí de la habitación, dejándola sola para cumplir mis ordenes.
Sé que mi gata no comprendió hasta mucho después, que más que una sesión, lo que habíamos celebrado ese día era una ceremonia. Un rito al lado oscuro del placer, donde ella rindió pleitesía en el altar de su Diosa, consagrándose a ella en cuerpo y alma… y a la vez, su Diosa la acogió en su seno, como propiedad… como la portadora del morbo que era. Pero esa es otra historia… quizás me anime a contarla, quizás no… ya veremos.

jueves, abril 27, 2006

Ritual

El agua lame mis pies… y siento la piedra húmeda en mis nalgas. Estoy en un extremo de la playa, miro a mis alrededores para ver si hay alguien observándome. Hay algunos chicos jugando con una pelota y dos ancianos sentados a orillas del mar conversando. Yo les miro sentada en mi piedra, y mi mano se pierde entre mis piernas. Sigo observándoles mientras mis dedos echan a un lado la tela de mi bikini… y mis dedos buscan. Miro a mi alrededor y hurgo a la vez, sabiéndome muy húmeda. Quiero poder arrancar la tela que me cubre, pero es imposible. Sigo hurgando y finalmente mis dedos penetran y se humedecen. Estaba segura que sería así…

Mis ojos se entrecierran y recuesto la espalda al muro que tengo detrás. Acomodo mis nalgas para abrir un poco más mis piernas. Mientras lo hago, vuelvo a mirar mis alrededores para ver si me observa alguien. No veo a nadie, pero me siento observada… y eso me excita más. Me excita la idea de algún mirón o mirona disfrutando de observar un ritual tan intimo, a plena luz del día y en un lugar tan publico.

Mi mano sigue perdida entre mis piernas y el deseo de abrirlas de par en par es agobiante, quiero acceso absoluto a esa humedad, al placer que sé se obtiene de dejarse llevar y solo satisfacer el deseo de la carne. Escucho las olas a la par que las siento en mis entrañas…. Unas lamiendo mis pies, las otras escapando de mi cuerpo. Mis dedos se mojan con ellas y mi cuerpo se estremece de placer. Una… dos, tres veces y no cesan… Boqueo repetidas veces para aspirar aire y llenar mis pulmones, mientras acallo el grito de placer que muere en un gemido que trago con el aire para no delatarme.

Abro los ojos y vuelvo a mirar a mis alrededores… Justo encima de mi, detrás del muro, esta Él… mirando y disfrutando de su gata en celo…

jueves, abril 20, 2006

Usted mi Dueño

Usted es mi calma, mí paz.
Mi seguridad, mi guía.
Usted es pasión y misterio,
lo que le falta a mi día.
Usted es bondad y ternura.
Usted es mi luz y mi sol.
Es deseo, aventura,
oscuridad y dolor…
Usted me cuida, me protege,
es mi Dueño.
Usted estremece mis fibras,
de mi frío es el abrigo.
A usted le tengo a mi lado
y comparte mis momentos.
Usted vive muy alejado,
y al mismo tiempo le tengo muy cercano.
Es de mi vida lo mejor
y feliz me quiere ver.
Usted me hace reír,
cambiando mí forma de ser…
Le tengo dentro de mí mente, en mi existir.
A usted le necesito...
Para vivir…y para morir!

Belen Asturias

martes, abril 18, 2006

Ansiedad

No logro concentrarme, no hago más que pensar en lo que pide mi cuerpo. Lo que necesita. Pienso en el cajón y mi mente vuela… Se me resecan los labios y mi cuerpo se estremece con la negación. Paso la punta de la lengua por los mismos para humedecerlos y los mordisqueo en ese gesto nervioso tan característico en mí… y esto produce otro estremecimiento. Mi cuerpo esta tenso, como si fuese una vara, a punto de partirse.

Me levanto de la cama y voy a la cocina… Me preparo un café y lo llevo al despacho que tengo en casa. Necesito ocupar mi mente en otras cosas. No quiero pensar en el cajón… Quiero alejarlo de mi mente. En estos momentos es mi peor enemigo y a la vez, es mi mundo. Pero lo alejo.

Enciendo el ordenador y me dedico a mirar el correo electrónico. Contesto algunos que llegaron hace días y no me he dignado en responder. Los que no me interesan, los voy borrando sin abrir. Mi cuerpo se va relajando poco a poco. Por unos momentos, quizás hasta minutos… logro olvidar. Si olvido puede llamarse a cinco minutos sin pensar en lo deseado.

El timbre del móvil me saca de mis pensamientos. Respondo, –¿Hello?-. Escucho su voz. Mi cuerpo vuelve a tensarse. La oleada me entra por el oído y va tomando ímpetu mientras recorre mi cuerpo. Se estrella contra carne, órganos vitales y huesos, deja a su paso todos los nervios de mi cuerpo desequilibrados... a flor de piel.

No escucho lo que me dice… Solo respondo con un – Aja- . Las palabras no importan. Lo que importa son las sensaciones que su voz están produciendo y me dejo llevar… Las imágenes revolotean como mariposas por mi mente, y no tengo fuerzas para alejarlas, para centrarme en las palabras y responder coherentemente a lo que me esta diciendo o preguntando.

Dejo que la primera imagen se manifieste por completo. Ya no es un relámpago. Toma forma… Entrecierro los ojos, mientras escucho su voz. Mi respiración se entrecorta y mi cuerpo se estremece con más fuerza. No hago nada para frenarlo. Al contrario, dejo que haga lo que le plazca. Me entrego por completo a sus deseos… a su capricho.

- ¿Estas ahí? -, escucho su pregunta entre brumas. Por el tono de su voz, presiento que la ha repetido varias veces… Tengo que centrarme y responderle. No quiero que se entere el estado en el que me encuentro. – Si, si estoy –, le respondo y bloqueo las imágenes que luchan por manifestarse. Él sigue hablando después de mi confirmación. Intento mantenerme alerta a lo que dice, pero se me hace muy difícil. Se despide con urgencia, susurrando un – Llega gente, hablamos luego - y corta la comunicación.

Me quedo alelada mirando la pantalla del ordenador y vuelvo a pensar en el cajón. Ahora más que antes la imagen del cajón vuelve para atormentarme. Mis nervios crispados hacen que los estremecimientos de mis carnes se intensifiquen. La energía que mi cuerpo lleva acumulando durante días, necesita un punto de escape. Me esfuerzo por controlarla, pero pierdo la batalla. Es más fuerte que yo…

Como una autómata me pongo en pie y voy a mi habitación. Llego ante el armario y lentamente comienzo a desnudarme. Primero dejo caer los tirantes del camisón de mis hombros y este cae como una nube de algodón blanco alrededor de mis tobillos. Mis dedos atrapan el elástico de mis bragas y las deslizan por mis piernas lentamente. Me deshago de ellas dando un meneo a mis pies. Me arrodillo sobre la nube blanca que ha formado la ropa que hace solo unos segundos cubría mi cuerpo.

Corro la puerta del armario y ahí esta el cajón. El tercero a la izquierda. Lentamente tiro y lo abro. Mis ojos encuentran lo que buscan. Una cuerda de algodón color tierra que hay enroscada en la esquina. La tomo y la acaricio con las yemas de mis dedos mientras pienso en otras veces que he hecho lo mismo. No, no es la primera vez que la voy a usar. Ya esta preparada a mi gusto. O mejor dicho… Preparada según las ordenes que él me dio en su día.

Lentamente la desenrosco. Son cuatro metros de soga, cortados en dos y unidos de nuevo mediante dos nudos casi al centro. Los nudos tienen una separación de unos catorce centímetros. Están anudados en triplicado para formar nudos gruesos, voluptuosos… ásperos. Nudos que castigan e incomodan… Nudos de placer.

El ritual esta a punto de comenzar. Es la primera vez que lo hago sola. Me ofreceré a mi misma, lo que siempre he ofrecido a otro. Entregada por completo en un ritual dedicado al deleite de la carne y al alma sometida que habita en mi cuerpo.

Así, arrodillada sobre mi camisón, separo las rodillas. Tomo la posición de descanso mientras echo hacía atrás mi melena que entorpece mis movimientos y aspiro profundamente. Humedezco mis labios con la punta de la lengua y cierro los ojos. No necesito ver, solo sentir.

Me incorporo un poco, separo las nalgas de mis talones y paso un extremo de la soga entre mis piernas. Busco los nudos con mis manos… Uno lo acomodo en la entrada de mi culo y con los dedos crispados por la ansiedad que invade todo mi ser, separo mis labios y coloco la soga entre su humedad. Tenso la soga y el otro nudo queda justo encima de mi clítoris. Mi cuerpo se estremece de anticipación y deseo. Sin dilatar, tomo los cuatro extremos y voy tejiendo a ciegas. Confecciono una especie de braga ajustada con la soga. Los nudos quedan justo donde los he colocado. Siento la transformación que siempre toma lugar. Atrás queda ¨ La Señora ¨ y en su lugar ha surgido la Gata… la puta, la zorra entregada que es un juguete para ser usado. Pero esta vez, camino sola.

Vuelvo a posar mis nalgas sobre mis talones… Descanso las manos sobre las rodillas y dejo de pensar, solo siento. Me contoneo... Me muevo al ritmo de las olas que juegan en el mismo centro de mí ser. Siento los nudos haciendo estragos en mi entrepierna… Las imágenes que he suprimido mientras hablaba por teléfono vuelven con una intensidad que me corta la respiración. Jadeo mientras mi cuerpo se mueve y dejo que surjan con completa lucidez.

Una habitación. Iluminada solo por la calida luz de las velas. Solo podía ver un trozo de pared en penumbra delante de mí… Estaba atada a un potro de madera, forrado con una tela acolchada donde descansaba mí estomago. Llevaba puesta la braga de cáñamo y nada más. Mis tobillos estaban atados con gruesas cintas de cuero, al igual que mis muñecas. No podía moverme, ni quería hacerlo. Cerré los ojos y me dispuse a disfrutar de lo que tenían previsto para mí.

El único sonido que se escuchaba era una dulce melodía que brotaba de un reproductor de música… Sentí una mano haciendo contacto con mi piel. Comenzando en la hondonada de mi cintura, bajando hasta mi cadera para después girar y terminar sobre mi nalga derecha. Al sentir la mano, mi cuerpo se tenso. Manteniéndose tenso en todo momento que duro la caricia. Caricia o mas bien reconocimiento… Como el que hace un jinete cuando esta ante un potro que le llama mucho la atención y lo acaricia anticipando la cabalgata.

La mano que unos momentos antes inspeccionaba, ahora jugaba con la cuerda que subía entre mis nalgas para terminar en un trenzado a mi cadera. La asió con sus dedos y tiro de ella levemente, probando su resistencia. El placer que me dio ese tirón, hizo que moviese mis caderas sin pensarlo. Escuche antes de sentir el estallido de su mano haciendo contacto con mi piel. Me azotaba sin decir palabra. Deleitándose con los quejidos que brotaban de mi garganta y los movimientos de mis caderas. Los únicos sonidos que se escuchaban eran los que su mano producían al hacer contacto con mi piel, mis ronroneos y la melodía que seguía sonando.

Dejo de azotarme y una vez más sentí que tiraba de la soga. Un placer indescriptible me inundo. La piel de mis nalgas ardía, las sentía al rojo vivo después del castigo. Estaba segura que la soga que tanto mortificaba y deleitaba, estaba completamente encharcada. Leyó mis pensamientos, porque sus dedos se perdieron entre mis piernas. Echaron a un lado la soga y me penetraron sin remilgos. Clavándose hasta el fondo y buscando lo que no tardo en llegar. Mis gemidos se hicieron incontrolables. Si no cesaba, me correría. No lo podría evitar. Una, dos, tres veces sentí como me llenaba con sus dedos. Y la presión que siempre me avisa que están a punto de llegar las olas de placer, se manifestó. Comencé a maullar entre ronroneos de placer. Maullé como lo que era en esos momentos, una gata en celo. Mis maullidos eran una suplica que pedían permiso para correrme.

La mano se retiro de mi entrepierna. El vacío que sentí me hizo sollozar mientras mordía mis labios para que no se escuchase. Un sollozo entrecortado y lleno de angustia. La angustia que se siente cuando estas a punto de tocar el paraíso y en lo que pestañeas, te lo arrebatan de las manos. El tiempo se paralizo. Jadeaba e intentaba llenar mis pulmones de aire. Me lo tragaba a bocanadas para calmar mi ansiedad. Logre controlar los temblores que recorrían mi cuerpo, pero la tregua duro poco.

Una vez mas su mano azoto mis nalgas. No estaban lo suficientemente castigadas para la satisfacción de quien azotaba. No sé cuantos azotes cayeron sobre mi piel enfebrecida y ultrajada, pero fueron muchos. Como lo fueron los quejidos de dolor que arrancaban de mi garganta. Tanto fue el dolor que se convirtió en placer. Mis caderas se contoneaban en ese ritmo silente que toda mujer debería conocer, y que pocas conocen. El ritmo de la hembra en celo… Ese que en su silencio grita, ¨Ven!!… ven y fóllame que soy tuya!!¨.

La mano echo a un lado la cuerda y sentí como me clavaban algo en el coño. No sabía lo que me había penetrado, ni me importaba. Solo sentía el placer de sentirme llena, de sentirme más puta aun si cabe… y grite. Un grito desgarrador. Dejando saber que eso era lo que esperaba. Que quería y deseaba ser follada bestialmente hasta terminar bailando sobre olas de placer. No tuvo misericordia, me penetraba una y otra vez sin dar tregua. Tregua que yo no quería. La presión comenzó a lamer mis entrañas una vez más. Las olas estaban al llegar en cualquier momento y me preparé para la danza.

Estoy al borde del precipicio y escucho el timbre del teléfono. No quiero abrir los ojos, no quiero dejar que la imagen escape. Mis dedos siguen meciéndose en la humedad de mi entrepierna, pero estoy de guardia y tengo que responder. Sin perder el ritmo, alargo la mano a la mesilla que hay al lado del armario, tomo el teléfono y digo, – ¿Hello?-. Escucho su voz que dice, - Ahora puta, correte ahora!!-

domingo, abril 16, 2006

Gata en celo

¿Porque me siento así? No lo sé. Solo siento que le necesito. Que quiero estar a su lado, aunque hay días que le odio. Esos días que me asaltan las dudas y no creo nada de lo que me dice, sin embargo mi cuerpo grita su nombre con cada exhalación. Sus besos me hacen olvidar todas esas dudas, todos mis temores. Me hace olvidar todo, y siento. En esos momentos me siento completa. Me siento llena cuando sus manos magrean mis tetas, haciendo daño con sus caricias a sabiendas. Cuando su boca muerde mis labios, mordisqueándolos hasta escuchar el quejido de dolor que suspiro entre los suyos. Su pecho roza mi espalda y su sexo presiona contra mis nalgas.

Sus manos siguen magreando mis pechos pinzados y recuesto mi espalda contra su pecho para disfrutar de sus atenciones. Sus manos siguen magreando. Hacen daño y después acarician, y no quiero que pare de tocarme. Susurro maullidos muy bajo para decirle cuanto me gusta lo que esta haciendo. – Así putita, maúlla para tú Amo- … y mis maullidos siguen fluyendo de mi garganta.

Una de sus manos va bajando a mi entrepierna. Al llegar, bruscamente introduce sus dedos en mi raja… yo separo más los muslos para darle acceso. Comienza a frotar mi clítoris mientras tira de las pinzas que muerden mis pezones, alternando entre una y otra. Sus dedos siguen frotando, encharcándose de mis jugos. Retira sus dedos y los lleva a mi boca, y yo los chupo. Me saboreo y huelo en sus dedos. Ese olor a gata en celo que tanto le gusta a mi Amo, y que a mi me daba corte reconocer. Hasta conocerlo a Él, era incapaz de admitirme a mi misma que mi olor era precisamente ese. El de una gata en celo. Chupo sus dedos como si de su polla se tratase, lamiéndolos hasta dejarlos cubiertos por una fina capa de mi saliva. Él toma mi lengua entre sus dedos y tira de ella mientras hace lo mismo con la pinza que muerde mi pezón derecho. Un gemido se me escapa y el ríe.

Mis caderas comienzan a contonearse, rozando mi culo contra su polla que ya esta como un hierro. Un hierro candente contra mis nalgas. Quiero sentir ese hierro partirme en dos. Deseo sentir que se clava hasta el infinito, saciando el hambre voraz que tengo de su cuerpo, de sus manos, de Él. – Arrodillada, puta!!- Obedezco sin pensar. Caigo de bruces en el suelo en la posición de gata que quiere ser follada. ¿Conocen esa postura? Pues es simple, las palmas de las manos firmes en el suelo, al igual que las rodillas ligeramente separadas, levantando el culo y contoneándolo. Él deja caer un azote en mi nalga y se ríe – Así me gusta, puta.- y vuelve a reír. –Siempre lista, siempre caliente, siempre mía-. Yo respondo con mi mente, con mi alma… con mi coño. – Si, mi Amo-… y maúllo.

sábado, abril 15, 2006

A tus pies...

Arrodillada en el centro de la habitación, completamente desnuda salvo por mi collar, cierro los ojos y me dejo llevar por lo que me haces sentir. Al hacerlo percibo el leve olor de tu piel, mezclado con tu colonia y eso me relaja. ¿Te he dicho que me encanta tu olor? Si, sé que te lo he dicho un sinfín de veces. Sigo con los ojos cerrados, porque en estos momentos solo quiero sentir. Ya te he mirado lo suficiente para llenar mis pupilas de tu imagen al menos unos minutos. Ahora quiero sentirte… percibirte en cada átomo de mi cuerpo. – Así, putita, cierra los ojos y no los vayas a abrir hasta que yo diga- Escucho tus palabras y las saboreo también. Tus pies descalzos sobre el parquet me dejan saber que te acercas a mí. Tus manos dan un toquecito leve a mis codos y yo los levanto un poco más, al cerrar los ojos se nota que descuide mi postura, cosa imperdonable para mi Amo… Pido disculpas en un susurro para que veas que estoy atenta.

Tus manos recorren mi espalda en una suave caricia que me deshace por dentro, los músculos de mi cuerpo se relajan a tal punto que siento mi cuerpo desfallecer. –La frente al suelo, puta- me dices, y yo obedezco. Mi frente toca el suelo frío, mis manos siguen en la nuca y mi culo queda deliciosamente expuesto para su gozo. –Separa más las rodillas, puta- … vuelvo a obedecer. Lentamente separo mis rodillas un poco más, y siento los labios de mi coño separarse. El aire de la habitación recorre la humedad y un leve escalofrío recorre mi cuerpo. Sí, estoy húmeda. Lo estoy desde que escuche la primer orden que broto de tu boca. Pienso e intento escuchar donde estas. Has dejado de caminar porque no te escucho.

Escucho como tomas asiento en la cama… como te acomodas e enciendes la tele. Y yo quedo aquí. Entregada y a tus pies…


viernes, abril 14, 2006

Animal de placer

Teme lo que esta por suceder. Sé que nunca ha sentido tanto miedo al estar en una situación en la que ella misma ha entrado a sabiendas. ¿Qué sucederá? Se pregunta esto una y otra vez, y no sabe la respuesta. Es su primera vez con una domina y no sabe que va a suceder. No sabe que pasa por mi mente, seguro que algo muy diferente a lo que pasa por la suya. Lleva días preparándose mentalmente para esto, y ahora que esta por suceder, piensa que no esta lista. Que se he apresurado, pero también sabe que si se echa para atrás, jamás volverá a intentarlo. Que no lo podrá superar. Y eso la aterra.

Mi mano acaricia su cara y ella cierra los ojos para dejar el miedo atrás y disfrutar de su roce. Mi mano va bajando por su cuello, recorriendo el espacio pausadamente, sin prisas, hasta llegar a su pecho. Mi mano aferra una de sus tetas y se nota que la inquieta la reacción de su cuerpo a esa caricia. Seguramente su entrepierna se ha humedecido solo de pensar que le daré una caricia tan intima. Piensa que una mujer que no conoce de nada, esta a punto de tocar partes de su cuerpo que solo han tocado sus antiguos amantes y el morbo le puede.

Su respiración se entrecorta al sentir como magreo su teta… Lo hago con presión, pero sin hacer daño. Dejo de magrear y ella abre los ojos… Su mirada se cruza con la mía y ve que mis ojos sonríen. La incomoda ver esa mirada sonriente. La hace sentir vulnerable e humillada. Se avergüenza de lo que siente, así que vuelve a cerrarlos.

Mis dedos forman una tenaza y pellizco su pezón. Al principio es solo el tacto de mis uñas lo que siente. No hablo, solo hago. Ella espera con los ojos cerrados para sentir que haré y cuando. Mis dedos aprietan con más presión. El placer recorre su cuerpo como una corriente. Su respiración se entrecorta mientras mis uñas muerden su piel.

Su cuerpo se retuerce con las sensaciones que le esta produciendo mi caricia. Quiere más, lo sé. Su cuerpo no sabe de Amas, ni Amos… ni de amantes ni amigos. Solo responde al estimulo que le dan. Ella es un Animal de placer, y yo se lo doy. En estos momentos nada importa, solo el resultado de mis caricias… o castigos. Nada importa, solo el placer…

jueves, abril 13, 2006

Domada

Arrodillada ante Mí eres feliz. Eres completa cuando a mi te entregas. Mis azotes son caricias que te hacen estremecer… y muerdes tu lengua para no suplicarme… Más!! Más!! Acaricia a tu gata hasta el fin de sus días, mi Ama.

Mis azotes son el aire que te da vida… Mis manos, la manta que cubre tu cuerpo cuando tienes frío…

Postrada ante tu Diosa te sientes realizada. Besas mis pies dando las gracias por dejarte hacerlo… Eres mía en cuerpo y alma…

puta, mí juguete, mí gata…