La Capea.
Escuchaba los sonidos a mi alrededor... pero no sabía dónde estaba. Antes de salir de casa, me había vendado los ojos con un pañuelo de seda y perfumado con su colonia. Su olor me calma... y él lo sabía. Después de vendarme los ojos, me había desnudado por completo, llevándome así hasta llegar a nuestro destino.
Escuchaba el sonido de la noche... estábamos fuera de la ciudad... eso lo sabía... no oía los ruidos que usualmente se escuchan en la ciudad un sábado en la noche...
Sentí el aire frío en mi piel desnuda. Me había ordenado arrodillarme nada más salir del coche... y seguía en la misma posición, arrodillada sobre la hierba, esperando... Escuché el mugido de una vaca a lo lejos; también se escuchaban ruidos de otros animales... definitivamente... no estábamos en la ciudad.
Hay mosquitos... o insectos que me pican... y no me puedo mover. Es insoportable, pero mi Amo había sido muy claro... “¡No te muevas!”. No quiero enojarlo... así que dejo que me piquen, que hagan un festín con mi cuerpo desnudo.
Hace varios meses que vengo haciendo cosas que no debo, mi humor ha sido inestable. Por momentos dulce y suave yen otros de uñas... muy afiladas, y mi Amo se ha cansado... Esta noche es noche de castigo, más que presentirlo, lo sabía, sabía que el castigo sería severo esta vez.
No me ha dicho nada, no me lo tiene que decir, en estos momentos no soy digna de una explicación, lo sé... me lo he ganado a pulso. El tiempo se me hace interminable... tengo mucha paciencia, pero en estas situaciones me pongo nerviosa, como cualquiera lo estaría en mi lugar.
He perdido la noción del tiempo, ya no sé los minutos o las horas que llevo aquí arrodillada, pensando, cavilando, escuchando los sonidos de los animales... y los que hace mi Amo al sacar cosas del baúl del coche.
“Cuando te dé la orden... te quitarás el Pañuelo”... me susurra mi Amo al oído... no le había escuchado acercarse y con voz sobresaltada le contesté “Sí, mi Amo”, en mi tono de voz más sumiso, esperando esa orden, deseando saber qué tenía preparado para mí... deseándolo y temiéndolo a la vez.
“¡En pie!” me ordenó enérgicamente. “Sí, mi Amo”, respondí, intentando ponerme en pie. Mi cuerpo estaba entumecido, me costó trabajo hacerlo... pero lo logré... Sentía el cosquilleo de la falta de circulación en mis piernas... y se me hacia difícil mantenerme en pie... Pero lo logré.
“¡Estírate, vamos!, ordenó. “Sí, mi Amo”,... le respondí en un susurro... Sabía lo que quería, ahí donde estaba parada hice mis estiramientos, flexionando mis piernas, dándole movimiento a mis extremidades., estirando mi espalda, calentando mis músculos, facilitando el riego sanguíneo a las partes de mi cuerpo que estaban heladas por falta de circulación.
“¡Quítate el pañuelo, Gata!”. Escuché la orden, su voz llegaba de lejos. Mi Amo se había alejado de mí mientras yo calentaba mi cuerpo. Respondí “¡Sí, mi Amo!¨, levantando la voz... y mis manos desataron el nudo del pañuelo que cubría mis ojos...
Al abrir los ojos, capté mi alrededor en décimas de segundo. Una hacienda... vi el camino que nos había traído a esta parte de la misma. El camino dividía el corral de la casa, un corral cerrado al lado de un río y al otro lado del camino estaba la casa. Había algunas luces encendidas y coches estacionados delante. Una casa de campo... grande, señorial... por lo que pude apreciar, hermosa.
Mi vista captaba todo, hambrienta de los detalles que me dieran una idea de lo que me esperaba esa noche. Pude distinguirlo todo por la luz de la luna, una luna llena preciosa, que me iluminaba todo alrededor como un potente foco.
No veía a mi Amo, creí estar sola delante del corral... La puerta para entrar estaba a unos pasos de mí... Seguí observando, sabia que no tendría mucho tiempo para hacerlo. Mi Amo seguramente me estaba dando unos minutos para inspeccionar mis alrededores... para sentirme cómoda donde estaba, y los aproveché.
Mi mirada recorrió toda la propiedad donde estábamos... perdiendo de vista el corral por unos momentos. No había mucho que pudiese ver... Árboles... algunos caballos... y vacas, pero poco más podía distinguir bajo la luz de la luna.
Al mirar de nuevo el corral, vi que mi Amo estaba en el centro, completamente desnudo... en una mano llevaba un capote de torear y en la otra lo que parecía ser una espada... A pesar de la incertidumbre que sentía en esos momentos, tuve que reconocer que hacía un cuadro perfecto... perfectamente sensual y erótico. La luz de la luna le daba un brillo especial a su cuerpo. Solo faltaba el toro...
“A tu derecha, encontrarás tu rabo y tus cuernos, Ternera!¨... me gritó mi Amo. Busqué el rabo y los cuernos con la vista... y ahí estaban, cerca de mis pies, sobre la hierba había un rabo, con un “plug” para meterlo por el ano, y al lado había unos cuernos afilados... de los que se venden a los turistas... “Sí, mi Amo”, le contesté alzando mi voz para ser escuchada.
“¡Ahora, Ternera, date prisa!”, volvió a gritar, y yo respondí en un murmullo que estoy segura él no escuchó... pero no quería tardar en obedecer sus ordenes...
Tomé el rabo en mis manos, y me fije que el “plug” era de los grandes... nada sería fácil esta noche... Ni eso me concedería... me lo metí en la boca, humedeciéndolo con mi saliva lo más que pude para lubricarlo... me abrí las nalgas, y con mucho cuidado, trabajo y dolor... penetré mi ano con el plug, sintiendo que me partía en dos por falta de lubricación... me tragué los gemidos de dolor, sabía que no serian bien recibidos, si mi Amo los escuchaba. Quedó ajustado... causando un poco de incomodidad, pero no me molestaba para caminar.
Busqué los cuernos... pesaban... no serían cómodos de manipular, demasiado grandes y pesados para poder usarlos con comodidad. Estoy segura de que mi Amo lo había hecho a propósito... los más pesados... los más grandes... para humillarme más si los dejaba caer.
Al tomar los cuernos en mis manos, empecé a imaginar cómo lo haría... cómo me convertiría de gata en ternera, para que mi Amo... me pudiese torear. Cerré los ojos y busqué una imagen mental. Al igual que hice la primera vez que me convertí en su Gata, una gata voluptuosa... sensual... para darle todo el placer a mi Amo.
La imagen fue tomando forma, y me mentalicé para lo que sabía que estaba por venir...y sabía que no defraudaría a mi Amo... no podía hacerlo y no lo haría.
Abrí los ojos... pero en mi mente seguía la imagen de esa ternera, una ternera tan voluptuosa como la gata, como la mujer que soy... Mi pie derecho escarbó la hierba... una... dos, tres veces... esperando las ordenes de mi Amo...
Levanté la mirada y la clavé en los ojos de mi Amo... le dejaba saber que su Gata... su “Ternera”, estaba lista para obedecer.
“Ven, ternera, ven...” Leí en sus labios, más que escuché... y obedecí. Lo que entró al ruedo no era una mujer... Era una ternera con melena de leona, dispuesta y decidida a dejar la sangre en el ruedo por su Amo... trotando voluptuosamente para Él... sólo para Él.
Vi que mi Amo acomodaba el capote, dejándome saber que quería que lo embistiera... mis pies escarbaban la arena bajo mis pies... Una parodia perfecta de una ternerita enfadada... lo que era en esos momentos, enfadada y a la vez con deseos de complacer a mi Amo.
Salí a trote fijo... los cuernos bien sujetos a mi frente... buscando el cuerpo de mi Amo... Cuando estaba a unos pasos de él, temí hacerle daño... pero no aligeré el paso... sabia que él no quería eso. Cerré los ojos, y lo apresuré más.
Sentí el roce de la tela del capote en los cuernos... y casi simultáneamente sentí y supe lo que tenía en la mano... era una caña de bambú. El azote había caído en mi cadera... no muy fuerte... lo suficiente para dejarme saber lo que me esperaba. Giré y me quedé parada mirando a mi Amo... resoplé, dejándole saber que le daría guerra, y escuché su risa. Una carcajada que rompió el silencio de la noche... y que me animaba a seguir adelante.
Aprovechando esa carcajada... y notándole algo distraído, volví a embestir, intentando clavarle los cuernos como lo haría una ternera... Y volví a encontrar capote, esta vez con un azote más fuerte. Había atinado bien... cruzó mis nalgas con la vara de bambú. Mi sexo reaccionó al juego... sentí la contracción que me dejaba saber que me estaba humedeciendo...
Volví a cocear la arena... y resoplé de nuevo. Giré un poco mi cabeza y miré de reojo a mi Amo, midiéndole como contrincante, esperando el momento preciso para volver a atacar.
Él movía el capote, y me hacía sonidos citándome, como le haría a una ternera, y a ello mi sexo respondía... miré a mi Amo, y le dejé saber con los ojos húmedos lo que estaba sucediendo... Él sonrió... Le gustaba saber, cuando su Gata estaba empezando a mojarse.
Sin dar indicación volví a embestir... Esta vez por su lado derecho...y sólo pille capote y otro azote de su caña de bambú...
Una y otra vez... embestía a mi Amo, siempre poniendo más brío después de un azote que me hacía gritar, cobrando fuerzas del dolor, de la rabia, de sentir que mi Amo me había convertido en una ternera... Sabía que no debía de sentirme así, pero en esos momentos no lo podía evitar.
Una combinación de sentimientos muy raros... enfadada, dolida y completamente excitada... Sentía mi entrepierna húmeda, más que húmeda la sentía completamente mojada.
No me estaba concentrando, y tropecé y caí en una de las embestidas. Rodé por la arena... sentí que mi Amo me cogía por la melena, tirando de ella para ponerme de pie. Al levantar la vista... me encontré su sexo frente a mi cara... no había notado que mi amo estaba excitado... su polla estaba dura... y le tiré un lametón antes de subir mi mirada a sus ojos... Su mirada cruel me dejó saber que no habíamos terminado, que quería más...
Recogí los cuernos del suelo... y volví trotando al centro del círculo, lista para darle otra ronda... y las que hiciesen falta.
Sentía mis nalgas y mis caderas al rojo vivo, algunos de los azotes habían hecho sangre... lo sentía... También sentía mi sexo chorrear, deseando el castigo de los dedos, la boca... y la polla de mi Amo.
Tenía que concentrarme en lo que estaba haciendo. Me sentía débil... fatigada. Y si no me centraba, volvería a caer... y el castigo sería peor.
Volví a mirarlo... y embestí antes que él estuviese listo… me faltó poco para rozarle las costillas... El azote que dejó caer en mis nalgas me hizo chillar de dolor... sentí como la vara mordía y partía mi carne. Ya estaba exhausta, y estuve a punto de volver a caer al suelo... pero me recuperé a tiempo.
Había logrado que mi Amo diese un traspié, cosa que me hizo sonreír... y me dio ánimos para resoplar, satisfecha conmigo misma... Me costó un nuevo azote, que me hizo chillar de dolor, pero chillé con placer a pesar del dolor, porque le había sorprendido.
Ya no podía más... y mi Amo lo notó. Estaba dolorida... cansada... y estaba a punto de caer... “Arrodíllate, Ternera!”, me ordenó... “Sí, mi Amo”, le susurré obediente, y me dejé caer, muerta de cansancio, postrándome ante Él con los cuernos en las manos... mi barbilla en mi pecho, y mi melena cubriendo mi cara...
“Entrégame los cuernos, Ternera”, me dijo con una voz más suave... Sin levantar mi mirada, le ofrecí mis cuernos, elevándolos sobre mi cabeza, y depositándolos en sus manos. Sentí alivio al deshacerme de ellos, de su peso... mis brazos lo agradecieron.
“Sígueme, Gata”, me ordenó, mientras emprendía la marcha hacia el lado opuesto del coche. “Sí, mi Amo”, le respondí, soltando un maullido de placer... Íbamos hacia el río... yo gateaba a su lado... Sentía mi cuerpo cansado, castigado... y excitado.
Mi entrepierna seguía muy mojada... mi sexo palpitaba... y necesitaba ser follada... Sí... necesitaba ser follada... Un gemido de deseo escapó de mi garganta... terminando en un ronroneo... mientras pensaba en las cosas que me gustaría que mi Amo me hiciese y en si pudiese captarlas...
Escuché cómo mi Amo se reía... me había escuchado gemir... Sentí su mano buscar mi cabeza.... sus dedos se hundieron en mi melena, y me acarició sin dejar de caminar hacia el río. Yo miraba su cuerpo de reojo, miraba su polla... dura... tiesa.... y mi sexo se contraía de deseo...
Llegamos a la orilla del río... me gustó lo que vi. A un lado de la orilla, bajo unos árboles frondosos, había un saco de dormir abierto, para dos personas... con almohadas y mantas. Me apetecía ir y acurrucarme en medio de aquellas almohadas... y que mi Amo mimase a su Gata...
“Incorpórate, Gati”. Escuché su voz más suave... “Sí, mi Amo”, le contesté en el mismo tono. Me senté sobre mis pies, sacando mi pecho, y con la espalda muy recta. Mis nalgas me dejaron saber lo lastimadas que estaban al sentarlas sobre las piernas, las acomodé lo mejor que pude, para aliviar un poco el dolor, y mantuve la mirada recta, esperando...
Sentí el chorro caliente casi de inmediato... Mi Amo me estaba regando con su lluvia... cerré los ojos... y me dejé hacer... sintiendo como el chorro de lluvia caía sobre mi cabeza, humedeciendo mi melena... corriendo por mi cara... Saqué la punta de la lengua y recogí las gotas que se acumulaban en las comisuras de mis labios, disfrutando del sabor de mi Amo... el chorro bajó por mis pechos... acariciándolos con su humedad... terminando en mi sexo...
“Mi putita se ha portado muy bien esta noche”, me dijo. “Gracias, mi Amo”, contesté. “Como recompensa, tu Amo te lavará la cabeza y te bañara en el río”. Escuché esto y se me pararon todos los pelos de punta. Mi Amo sabía que los ríos y el mar me dan miedo de noche. ¿Otro castigo más? Fue lo que pensé al escucharlo...
Mi Amo fue hacia el saco de dormir y tomó una mochila que había en el suelo, luego vino a mi lado y se agachó, sacando de la mochila varios artículos, entre ellos un bote de champú, otro de crema, y dos toallas, dejándolo todo encima de una piedra que había al lado del agua.
Mi Amo se puso de pie y me dijo ”Dame tu mano, Gati”... “Siempre, mi Amo”, respondí, mientras deslizaba mi mano en la suya. Él sabía que yo tenía miedo... Pienso que fue una prueba más esa noche... saber si yo vencería mi miedo al agua de noche... por el placer y capricho de mi Amo.
De su mano gateé hasta la orilla del río, mirando cómo él se adentraba en el agua... yo le seguía, gateando detrás de él. Tenía pánico, pero a la vez quería entrar y bañarme... limpiar mi cuerpo del sudor... de la sangre... y de su lluvia. Cerré los ojos y me deje guiar por mi Amo.
El agua acariciaba mis piernas, mis nalgas se aliviaron con el contacto del agua fresca. Me llegaba a la garganta cuando escuché “Nada, Gati”... obedecí con un poco de terror... y otro poco de placer.
Tenía miedo por lo oscura que estaba el agua y no saber lo que habría nadando con nosotros, pero quería mojar mi cabello, sentir como el agua se llevaba la tensión de mi cuerpo... dejándome relajada.
Nadé alrededor de mi Amo, como un delfín juguetón... en una ocasión, metiéndome entre sus piernas y acariciando su sexo con mis labios, con mis mejillas. Salí a la superficie con una sonrisa, viendo cómo el deseo le daba más brillo aún al fulgor de la mirada de mi Amo...
Me tomó de la cintura y me giró... mi espalda quedo pegada a la suya. Una de sus manos retiraba mi cabello de mi cuello y la espalda, y la otra acariciaba mis nalgas adoloridas... recosté mi espalda a su pecho y cerré los ojos...
Con la mano que acariciaba mis nalgas buscó el rabo que aún llevaba puesto... y suavemente tiró de él, retirándolo de mi culo por completo, mientras me comía el cuello en un largo y absorbente beso. Sentí que se giró y tiró el rabo a la orilla del río. Seguramente que después me tocaría limpiarlo... pero ahora no pensaba en eso, sólo pensaba en la boca y las manos de mi Amo...
Su boca seguía chupando... lamiendo... recorriendo mi nuca, mi cuello, mi oído... “¿Mi putita quiere follar?”... me susurró suavemente, con esa voz perversa... la que me deja sin espina dorsal cuando me habla al oído.... No pude contestar, sólo ronroneos salían de mi garganta... Su mano se metió entre mis nalgas... separándolas...y su polla buscó la entrada de mi culo... arqueé mi cintura.... facilitándole la entrada... Y me clavo su polla... sí, me la clavó...
De una sola embestida quedó enfundada en mi culo... Grité de dolor... de placer... de deseo... Quería más... quería sentir cómo sus caderas se separaban de mis nalgas retirando su polla, para volver a clavármela... Pero no lo hizo... la dejó dentro... y sus manos acariciaron mis tetas... buscando mis pezones... retorciéndolos... arrancando gemidos de placer y dolor de mi garganta...
Yo acariciaba esas manos que me daban tanto placer... y dolor... y gemía de deseo, mientras movía mis caderas, incitándole a moverse, a apresurar el ritmo... una de sus manos fue bajando, buscando mi sexo... llegó a los labios y los pellizcó suavemente, después deslizó sus dedos entre ellos... para frotar lentamente...dentro.
No podía contener los gemidos... necesitaba terminar, quería terminar... y se lo pedí. “Fóllame, mi Amo, quiero correrme!” Como respuesta escuché su sonrisa... su sonrisa malvada y juguetona... y se retiró. Retiró su cuerpo del mío... dejándome hecha un saco de nervios eróticos.
Le ví dirigirse a la piedra donde estaba el champú y la crema. Tomó las dos cosas y regresó a mi lado. “Mójate el cabello, Gati”... “Sí, mi Amo” respondí, mientras metía la cabeza bajo el agua para remojar bien mi melena.
Mi Amo procedió a lavarme la cabeza con la delicadeza que siempre lo hace, frotando, masajeando... y después me ayudó a aclarar el cabello, me frotó la crema y volvió a aclarar mi melena.
Hizo lo mismo con mi cuerpo... roció una buena porción de champú en sus manos y las frotó por mi cuerpo, teniendo mucho cuidado cuando llegó a mis nalgas castigadas...de repetir un par de azotes de recuerdo.
De vez en tanto... yo sentía su polla rozarme... seguía dura... y yo seguía deseándola. Sólo pensar en el placer que me daba., me hacia gemir y ronronear de deseo. “Aclárate, Gati”, me indicó con una sonrisa.”Sí, mi Amo”, respondí antes de zambullirme de nuevo en el agua para aclarar mi cuerpo.
Mi Amo hizo lo mismo, enjabonó su cabeza y su cuerpo, antes de aclarárselo para salir ya del agua... Al terminar, me cogió de la mano y salimos juntos. En la orilla buscó una toalla para secar mi cuerpo. Suavemente fue frotando mi cuerpo, empezando por mi cara, hasta llegar a mis pies. Al terminar, enroscó la toalla en mi melena, al estilo turbante para que absorbiera la humedad de mis cabellos. “Ve a sentarte en el saco, Gati” me ordenó, mientras dejaba un beso en mis labios, rozándolos con la punta de su lengua...
Yo fui al saco... que parecía más una cama que un saco, y me arrodille en una esquina esperando su llegada y observando como secaba su cuerpo. Una imagen preciosa... mi Amo con su cuerpo lleno de gotas de agua que brillaban a la luz de la luna. Y yo disfrutaba de esa imagen, bebiéndola sin perder detalle...
Se acercó al saco y se tumbó sobre los almohadones, listo para jugar con su Gata... sus ojos me decían todo lo que necesitaba saber... Estaba orgulloso de su Gata... y ahora quería disfrutar de ella. Solo de ver su mirada mi sexo se contraía, humedeciéndose para lo que sabía no tardaría en llegar...
Gateé hacia él en cuatro patas... una gata sexual, completamente en celo, comiéndomelo con la mirada, hasta poder hacerlo con mi boca... Llegué a sus pies... y los acaricié con mis mejillas... besando sus dedos, lamiéndolos, uno a uno, disfrutando del tacto de su piel, de su sabor... y del placer que sabía le estaba dando a él y tomando para mí.
Arrastré mi cuerpo por el suyo, dejando que mis pechos se excitaran con el contacto que hacían con sus piernas, hasta llegar a su polla... La tomé en mi boca... sorbiendo... chupando... tragándola hasta donde pude... dejándola salir de mi boca, para volver a tragarla... La acariciaba con mi lengua, mientras mis manos acariciaban su pecho, sus caderas, sus muslos, tratando de abarcar todo su cuerpo y llenarme de él.
Sus manos acariciaban mis brazos... mi nuca... mis mejillas... alentándome a seguir. Y yo obedecía esas órdenes mudas de mi Amo.
Su polla palpitaba en mi boca... y yo sorbía con más fuerza, dando mordiditas a la punta. Sabia cuánto le excitaba, y no quería parar... Su mano en mi nuca me dejó saber que quería mi boca en la suya, y tirando suavemente hacia arriba, llevó mi cara a la suya, para comerme la boca. Lentamente exploraba mis labios con su lengua... el interior de mi boca... hasta enredarse con mi lengua.
Sus manos jugaban con mi cuerpo... buscando mis rincones más oscuros, abriéndolos... penetrándolos... invadiéndolos... y conquistándolos... una y otra vez.
“Gírate y monta, Gati¨... susurró en mi boca. Sus palabras mezclándose con sus besos. Al principio no entendí lo que quería y me separé para mirarle. “Que te gires, y montes sobre mí, dándome la espalda” “Sí, mi Amo”, le respondí al entender lo que deseaba. Me separé de él un poco... y le monté, mirando a sus pies, dándole mi espalda. “El culo en pompa, Gati!” “Sí, mi Amo”, respondí mientras obedecía levantando mis nalgas, dejándolas casi en su cara.
Su lengua lavaba mis heridas... Dejando un rastro de saliva en mis nalgas... refrescándolas... y calentándome más... sus manos acariciaban mis muslos... y su boca mimaba mi piel maltratada... Su boca recorrió mis nalgas lentamente, con caricias deliciosas que me hacían gemir de placer.
Yo movía mis caderas, no podía evitarlo... ya no me obedecían a mí. Obedecían sólo a las caricias que estaban recibiendo. Su boca buscó mi culo y lamió... un gemido rasgó mi garganta... cuánto deseo contenido, y no me dejaba moverme... Su lengua lamía golosamente, dilatando y penetrando... y yo no paraba de gemir, de maullar. “¡Por piedad, mi Amo!” grité cuando ya no podía más.
Me tomó de las caderas y acomodó mi coño para que estuviese justo encima de su polla... “Siéntate, Gata!”... y me dejé caer, llenándome de su polla, disfrutando con la violencia de la penetración... Tantas horas esperando y por fin ya la tenía... empecé a mover mis caderas... lentamente al principio... un va y ven... aumentando la fricción... Mis manos agarraban las piernas de mi Amo... así mantenía el control... y mis caderas subían y bajaban... follándolo pausadamente... Disfrutando de cada entrada... de cada salida...
Sentí sus dedos buscando mi culo... y penetrarlo... Cuántas emociones... cuánto placer... Mis caderas apresuraron su ritmo, un ritmo desenfrenado, buscando esa presión que deja saber que el orgasmo esta a punto de llegar...
Un grito bestial desgarró mi garganta. Mi cuerpo se estremecía de placer... y no quería que cesara... seguía bombeando... esperando que mi Amo diese la orden... sentí su cuerpo tensarse... “Ahora, Putita!!”... y le escuche gemir... y yo me deje llevar sintiendo el orgasmo que me inundaba de placer.
Todavía unidos... mi Amo me tomó por los hombros... y recostó mi cuerpo sobre el suyo, besando mi cuello, mi nuca... buscando mi boca, para tragarse mis últimos gemidos... Se giro de lado depositándome en el saco a su lado... y así, unidos todavía, me quedé dormida... con la polla de mi amo llenándome... y sus besos arrullándome como si fuesen una nana...
SenSual
9/7/04

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