domingo, abril 16, 2006

Gata en celo

¿Porque me siento así? No lo sé. Solo siento que le necesito. Que quiero estar a su lado, aunque hay días que le odio. Esos días que me asaltan las dudas y no creo nada de lo que me dice, sin embargo mi cuerpo grita su nombre con cada exhalación. Sus besos me hacen olvidar todas esas dudas, todos mis temores. Me hace olvidar todo, y siento. En esos momentos me siento completa. Me siento llena cuando sus manos magrean mis tetas, haciendo daño con sus caricias a sabiendas. Cuando su boca muerde mis labios, mordisqueándolos hasta escuchar el quejido de dolor que suspiro entre los suyos. Su pecho roza mi espalda y su sexo presiona contra mis nalgas.

Sus manos siguen magreando mis pechos pinzados y recuesto mi espalda contra su pecho para disfrutar de sus atenciones. Sus manos siguen magreando. Hacen daño y después acarician, y no quiero que pare de tocarme. Susurro maullidos muy bajo para decirle cuanto me gusta lo que esta haciendo. – Así putita, maúlla para tú Amo- … y mis maullidos siguen fluyendo de mi garganta.

Una de sus manos va bajando a mi entrepierna. Al llegar, bruscamente introduce sus dedos en mi raja… yo separo más los muslos para darle acceso. Comienza a frotar mi clítoris mientras tira de las pinzas que muerden mis pezones, alternando entre una y otra. Sus dedos siguen frotando, encharcándose de mis jugos. Retira sus dedos y los lleva a mi boca, y yo los chupo. Me saboreo y huelo en sus dedos. Ese olor a gata en celo que tanto le gusta a mi Amo, y que a mi me daba corte reconocer. Hasta conocerlo a Él, era incapaz de admitirme a mi misma que mi olor era precisamente ese. El de una gata en celo. Chupo sus dedos como si de su polla se tratase, lamiéndolos hasta dejarlos cubiertos por una fina capa de mi saliva. Él toma mi lengua entre sus dedos y tira de ella mientras hace lo mismo con la pinza que muerde mi pezón derecho. Un gemido se me escapa y el ríe.

Mis caderas comienzan a contonearse, rozando mi culo contra su polla que ya esta como un hierro. Un hierro candente contra mis nalgas. Quiero sentir ese hierro partirme en dos. Deseo sentir que se clava hasta el infinito, saciando el hambre voraz que tengo de su cuerpo, de sus manos, de Él. – Arrodillada, puta!!- Obedezco sin pensar. Caigo de bruces en el suelo en la posición de gata que quiere ser follada. ¿Conocen esa postura? Pues es simple, las palmas de las manos firmes en el suelo, al igual que las rodillas ligeramente separadas, levantando el culo y contoneándolo. Él deja caer un azote en mi nalga y se ríe – Así me gusta, puta.- y vuelve a reír. –Siempre lista, siempre caliente, siempre mía-. Yo respondo con mi mente, con mi alma… con mi coño. – Si, mi Amo-… y maúllo.