sábado, abril 15, 2006

A tus pies...

Arrodillada en el centro de la habitación, completamente desnuda salvo por mi collar, cierro los ojos y me dejo llevar por lo que me haces sentir. Al hacerlo percibo el leve olor de tu piel, mezclado con tu colonia y eso me relaja. ¿Te he dicho que me encanta tu olor? Si, sé que te lo he dicho un sinfín de veces. Sigo con los ojos cerrados, porque en estos momentos solo quiero sentir. Ya te he mirado lo suficiente para llenar mis pupilas de tu imagen al menos unos minutos. Ahora quiero sentirte… percibirte en cada átomo de mi cuerpo. – Así, putita, cierra los ojos y no los vayas a abrir hasta que yo diga- Escucho tus palabras y las saboreo también. Tus pies descalzos sobre el parquet me dejan saber que te acercas a mí. Tus manos dan un toquecito leve a mis codos y yo los levanto un poco más, al cerrar los ojos se nota que descuide mi postura, cosa imperdonable para mi Amo… Pido disculpas en un susurro para que veas que estoy atenta.

Tus manos recorren mi espalda en una suave caricia que me deshace por dentro, los músculos de mi cuerpo se relajan a tal punto que siento mi cuerpo desfallecer. –La frente al suelo, puta- me dices, y yo obedezco. Mi frente toca el suelo frío, mis manos siguen en la nuca y mi culo queda deliciosamente expuesto para su gozo. –Separa más las rodillas, puta- … vuelvo a obedecer. Lentamente separo mis rodillas un poco más, y siento los labios de mi coño separarse. El aire de la habitación recorre la humedad y un leve escalofrío recorre mi cuerpo. Sí, estoy húmeda. Lo estoy desde que escuche la primer orden que broto de tu boca. Pienso e intento escuchar donde estas. Has dejado de caminar porque no te escucho.

Escucho como tomas asiento en la cama… como te acomodas e enciendes la tele. Y yo quedo aquí. Entregada y a tus pies…