El Vuelo
Hoy he visto algo que me ha llamado la atención. Había una bolsa de pipas vacía justo delante de donde estaba parada esperando la hora de cerrar para irme a comer y de pronto se levanto una brisa y la bolsa salió volando. Lo que me llamo la atención no fue que la brisa se llevase la bolsa vacía, sino donde la llevo. La llevo hacía arriba unos 40 metros. Una bolsa volando y dando vueltas sin control, solo obedeciendo el capricho del viento.Así me siento en ocasiones, que me dejo llevar por el capricho del viento. No pienso, no actuó, solo me dejo llevar. Cuando soplan vientos benévolos me lleva a los más remotos escondites de mi imaginación. Lo llamo con los brazos abiertos y una sonrisa en los labios. Le imploro que no me abandone, que me guié en ese vuelo donde olvido todo lo que me han inculcado desde el día que tome mi primera bocanada de aire para insuflar mis pulmones y comenzar lo que llamamos vida. Lo llamo con mi mirada, ofreciendo todo de mi y más, mucho más. Y esos vuelos son los que me dejan como esa bolsa vacía. Sin voluntad, dando vueltas sin control, agitada por el viento a su capricho y disfrutando mientras lo hace.
Sin embargo, hay veces que me aferro a lo terrenal, el vuelo se hace tortuoso, lleno de baches que entorpecen los movimientos que deben ser una danza sensual y terminan siendo una danza macabra. Me aferró con uñas afiladas y me cuesta tanto dejarme llevar que termino agobiada, físicamente extenuada y con muy pocos deseos de emprender el próximo vuelo cuando se presenta.
Quisiera ser esa bolsa vacía que no se aferra, sino que se deja llevar sin objeción alguna, pero primero tendré que deshacerme de muchas cosas que me llenan y entorpecen mis vuelos. Tendré que aligerar mi carga, y no sé si podré hacerlo, pero lo voy a intentar… todo gracias a una bolsa vacía.


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