Primer Encuentro
La conocí en la un salón del tema en Internet. Hacía meses que la esperaba, que sabía que ella existía, pero no desespere. Sabía que llegaría cuando el tiempo fuese el propicio. Entro en el canal como un torbellino. Yo usualmente soy de las que saludo mucho y hablo poco. No me gusta profundizar en un sitio donde todo dios que te mira puede opinar, así que evito decir mucho… a no ser que merezca la pena hacerlo. Ella no hacía más que hacerme preguntas, cosa que usualmente paro en seco… pero sus preguntas me hacían sonreír, y las respondía.
Quedamos a la semana de conocernos para tomar un café. Después de ese primer café, hubo varias citas más para lo mismo, café y largas charlas del tema. Ella no tenia experiencia alguna de BDSM, sentía mucha curiosidad, pero nunca había tenido una sesión. Se me ofrecía la oportunidad de tomar una gata y moldearla a mi gusto, para mi placer… y no pensaba desperdiciarla.
Para nuestra primera sesión, pensé que lo mejor sería algo ligero para irla acostumbrando a mis gustos. No quería agobiarla mucho, ya que intuía que estaría muy nerviosa y no quería pasarme esa primera vez y terminar asustándola. Ella no sabía que esperar, porque nada le dije. Solo la di la palabra de paso, y me asegure que ella entendiese sin duda alguna, cuando debía usarla. Venia a mi sin limite… algo que me enorgullecía, y a la vez me daba un poco de reparo. El día de la cita le envíe en correo con las instrucciones bien detalladas de lo que yo quería, con la hora que tenia que presentarse y la dirección del hotel.
Faltaban dos minutos para la hora señalada cuando escuche el timbre de mi móvil. Respondí solo informándola el número de la habitación y corte la comunicación. No tardo más de un minuto en subir y encontrar la habitación. Estaba tocando a la puerta justamente a la hora señalada. Abrí para dejarla entrar. Nada más pasar el umbral, note que sus ojos estaban cerrados como yo había ordenado. Camino tres pasos y quedo en el pasillo con la cabeza gacha y comenzó a despojarse de su ropa. Al suelo cayo su hermosa blusa de algodón blanco y botones negro… seguida de la falda negra que le sentaba genial. Note que le costo más despojarse de su sujetador, pero al hacerlo, se despojo del tanga que llevaba puesto casi de inmediato. Quedo deliciosamente adornada por unas medias negras de rejilla y unos zapatos negro muy finos de tacón alto. Yo estaba muy satisfecha de cómo ella había interpretado mis instrucciones.
Yo seguía detrás de ella, refrenando los deseos de darle un azote en su culo casi perfecto y le susurre al oído. – A cuatro patas, gatita- Supe que no me esperaba tan cerca de ella por el respingo que dio su cuerpo nada más escuchar mi voz. Obedeció casi de inmediato, arrodillándose con una postura perfecta. Me acerque a ella por detrás y le cubrí los ojos con un pañuelo negro, atándolo bien para que no se le fuese a caer. Ella solo escucho el sonido que hacían mis tacones al alejarme de ella. La deje donde estaba para acomodarme en la butaca que había al lado del escritorio para observarla a mis anchas. Debía de intuir mi mirada en su cuerpo, porque comenzó a hacer gestos de nerviosismo con su cara. Humedecía sus labios, rozaba su mentón contra su hombro ya saben, esos movimientos nerviosos que no podemos remediar cuando nos sentimos incómodos. Yo la miraba y sonreía.
Ella despertaba en mí una mezcla de morbo y ternura. Quizás por ser su primera vez no me sentía con ánimos de corregirla de inmediato, pero lo hice porque no quería que se acostumbrase mal. –Deja de moverte, gata- Mi orden broto de mi boca casi en un susurro. No hacía falta levantar la voz, sabía por experiencia propia que en momentos como esos, es más factible hablar más bien en voz baja, que levantar la voz. Ella escucho y ceso todo movimiento de inmediato. Aguarde otros cinco minutos observándola y disfrutando del control que ejercía sobre ella, hasta que me sentí lista para comenzar la sesión. Quería darle algo especial esa primera vez, que la experiencia fuese tan gozosa para ella, como lo sería para mi. –Ven a los pies de Ama, gata- Me agrado ver que comenzó a gatear hacía donde escuchaba mi voz. Gateaba con movimientos pausados, voluptuosos… deliciosos a mi mirada. Llego ante mi demasiado pronto, me habría gustado seguir disfrutando de ella mientras gateaba, pero ya habría tiempo para eso después.
-Reverencia a tu Ama, gata- Nada mas escuchar mis palabras sus hombros y cabeza comenzaron a bajar, hasta tocar el suelo con su frente. Me encanto la rapidez de reflejos de mi gata, esperaba que siempre fuese así de rápida para obedecer mis ordenes. Cuando estuve satisfecha con el tiempo que había durado la reverencia la ordene –Besa los pies de tu Dueña, gata-. Le ordene sabiendo que sería difícil dar con mis pies con los ojos vendados, pero ella bajo su cabeza y rastreo el suelo con su hociquito buscando mis pies. Yo me había acomodado en el butacón con las piernas abiertas, para hacerlo más difícil para ella, pero no tardo en encontrar mi pie derecho. Más que gata, en esos momentos pareció una perrita rastreadora… Fue lo que paso por mi mente mientras la observada… y una sonrisa picara se dibujo en mis labios. Ella besaba la puntera de mi zapato golosamente mientras yo sonreía. –Ahora el otro, gata!- Su hociquito comenzó a rastrear en dirección opuesta, buscando mi pie izquierdo. Lo encontró e hizo lo mismo que unos segundos antes había hecho con el derecho. Besaba la puntera del zapato rozándola con sus labios antes de levantar un poco los labios de la piel y dejar brotar su beso. Yo la observaba mientras escuchaba la lluvia de besos que dejaba caer sobre mi pie… y quería más.
-Ahora busca el coño de tu Ama, gata!- Mi orden la congelo. Quedo paralizada ante mí. –Ahora!- levante solo un poco mi voz, no hacía falta más. –Si, mi Ama-, respondió mi gata mientras subía su hocico por mi pierna, buscando mi entrepierna hasta llegar a la fina tela de la braga que separaba su cara de mi sexo. –Huele, gata- … -Llénate del aroma de tu Ama-, en el silenció que invadía la habitación yo la escuchaba inhalar una y otra vez… obedeciendo mis ordenes al pie de la letra. La tome de los cabellos y presione su cara contra mi sexo… restregándola contra la tela y la piel para que jamás olvidase ese momento. Sabía que mi sexo estaba tan húmedo como el suyo en esos momentos y en otras circunstancias mi gata haría más que oler… pero la sesión de hoy era solo reconocimiento y entrega de su parte, aceptación de la mía. Mi placer podía esperar, ahora lo importante era mi gata.
Mientras su cara seguía entre mis piernas, desate el nudo del pañuelo que cubría sus ojos y le di un pequeño tirón a sus cabellos para que levantase su cara y me mirase. Sus ojos seguían con la mirada baja y espere unos segundos para estar segura que no me miraría a los ojos sin mi permiso. No lo hizo. Estaba ante mí con la vista perdida en mis piernas y no se atrevió mirar mi cara, yo estaba completamente complacida con lo que había observado de ella hasta ese momento. – Busca tu cesta y acomódate, gata-… Ella sabía que habría una cesta en la habitación, eso se lo había informado en el correo que le había enviado esa mañana. Sin mirarme busco la cesta con la vista hasta dar con ella. Estaba justo al lado del tocador, al lado del armario. Nada más encontrarla, se giro en dirección a la cesta y gateo hacía ella. Yo observaba su culo mientras gateaba hacía la cesta… Tuve que hacer un esfuerzo para no ordenarla regresar y dejarle unas marcas en su hermoso culo, clamándolo de mi propiedad. Ella llego a la cesta y muy sensualmente se acomodo en ella, sin levantar su cara una sola vez. –Podrás observarme mientras me visto, gata- Le dije mientras me ponía en pie. Yo iba en ropa interior… conjunto de sujetador y tanga negro, liguero a juego… y medias finas del mismo color y claro, mis zapatos de tacón de aguja. Fui al armario y saque el traje de chaqueta y falda que hacía solo una hora había colgado ahí cuando me despoje de el para recibir a mi gata. Ella me observaba… notaba su mirada en mi cuerpo como si se tratase de una caricia de fuego.
No volví a mirarla hasta que ya vestida, me pare delante de ella y le dije… -Nada más cierre la puerta, quiero que te masturbes ahí en la cesta hasta correrte-… -Cuando cumplas esa orden, te vistes y te vas a casa-… -¿Entendido?- Mi gata respondió con un… -Si, mi Ama-, con la voz llena de los sentimientos que la embargaban en esos momentos. Pensaba que me había defraudado y que yo no la deseaba. Nada más lejos de la verdad, pero eso lo aprendería con el tiempo. La deje en su cesta, tome mi bolso y salí de la habitación, dejándola sola para cumplir mis ordenes. Sé que mi gata no comprendió hasta mucho después, que más que una sesión, lo que habíamos celebrado ese día era una ceremonia. Un rito al lado oscuro del placer, donde ella rindió pleitesía en el altar de su Diosa, consagrándose a ella en cuerpo y alma… y a la vez, su Diosa la acogió en su seno, como propiedad… como la portadora del morbo que era. Pero esa es otra historia… quizás me anime a contarla, quizás no… ya veremos.
Quedamos a la semana de conocernos para tomar un café. Después de ese primer café, hubo varias citas más para lo mismo, café y largas charlas del tema. Ella no tenia experiencia alguna de BDSM, sentía mucha curiosidad, pero nunca había tenido una sesión. Se me ofrecía la oportunidad de tomar una gata y moldearla a mi gusto, para mi placer… y no pensaba desperdiciarla.
Para nuestra primera sesión, pensé que lo mejor sería algo ligero para irla acostumbrando a mis gustos. No quería agobiarla mucho, ya que intuía que estaría muy nerviosa y no quería pasarme esa primera vez y terminar asustándola. Ella no sabía que esperar, porque nada le dije. Solo la di la palabra de paso, y me asegure que ella entendiese sin duda alguna, cuando debía usarla. Venia a mi sin limite… algo que me enorgullecía, y a la vez me daba un poco de reparo. El día de la cita le envíe en correo con las instrucciones bien detalladas de lo que yo quería, con la hora que tenia que presentarse y la dirección del hotel.
Faltaban dos minutos para la hora señalada cuando escuche el timbre de mi móvil. Respondí solo informándola el número de la habitación y corte la comunicación. No tardo más de un minuto en subir y encontrar la habitación. Estaba tocando a la puerta justamente a la hora señalada. Abrí para dejarla entrar. Nada más pasar el umbral, note que sus ojos estaban cerrados como yo había ordenado. Camino tres pasos y quedo en el pasillo con la cabeza gacha y comenzó a despojarse de su ropa. Al suelo cayo su hermosa blusa de algodón blanco y botones negro… seguida de la falda negra que le sentaba genial. Note que le costo más despojarse de su sujetador, pero al hacerlo, se despojo del tanga que llevaba puesto casi de inmediato. Quedo deliciosamente adornada por unas medias negras de rejilla y unos zapatos negro muy finos de tacón alto. Yo estaba muy satisfecha de cómo ella había interpretado mis instrucciones.
Yo seguía detrás de ella, refrenando los deseos de darle un azote en su culo casi perfecto y le susurre al oído. – A cuatro patas, gatita- Supe que no me esperaba tan cerca de ella por el respingo que dio su cuerpo nada más escuchar mi voz. Obedeció casi de inmediato, arrodillándose con una postura perfecta. Me acerque a ella por detrás y le cubrí los ojos con un pañuelo negro, atándolo bien para que no se le fuese a caer. Ella solo escucho el sonido que hacían mis tacones al alejarme de ella. La deje donde estaba para acomodarme en la butaca que había al lado del escritorio para observarla a mis anchas. Debía de intuir mi mirada en su cuerpo, porque comenzó a hacer gestos de nerviosismo con su cara. Humedecía sus labios, rozaba su mentón contra su hombro ya saben, esos movimientos nerviosos que no podemos remediar cuando nos sentimos incómodos. Yo la miraba y sonreía.
Ella despertaba en mí una mezcla de morbo y ternura. Quizás por ser su primera vez no me sentía con ánimos de corregirla de inmediato, pero lo hice porque no quería que se acostumbrase mal. –Deja de moverte, gata- Mi orden broto de mi boca casi en un susurro. No hacía falta levantar la voz, sabía por experiencia propia que en momentos como esos, es más factible hablar más bien en voz baja, que levantar la voz. Ella escucho y ceso todo movimiento de inmediato. Aguarde otros cinco minutos observándola y disfrutando del control que ejercía sobre ella, hasta que me sentí lista para comenzar la sesión. Quería darle algo especial esa primera vez, que la experiencia fuese tan gozosa para ella, como lo sería para mi. –Ven a los pies de Ama, gata- Me agrado ver que comenzó a gatear hacía donde escuchaba mi voz. Gateaba con movimientos pausados, voluptuosos… deliciosos a mi mirada. Llego ante mi demasiado pronto, me habría gustado seguir disfrutando de ella mientras gateaba, pero ya habría tiempo para eso después.
-Reverencia a tu Ama, gata- Nada mas escuchar mis palabras sus hombros y cabeza comenzaron a bajar, hasta tocar el suelo con su frente. Me encanto la rapidez de reflejos de mi gata, esperaba que siempre fuese así de rápida para obedecer mis ordenes. Cuando estuve satisfecha con el tiempo que había durado la reverencia la ordene –Besa los pies de tu Dueña, gata-. Le ordene sabiendo que sería difícil dar con mis pies con los ojos vendados, pero ella bajo su cabeza y rastreo el suelo con su hociquito buscando mis pies. Yo me había acomodado en el butacón con las piernas abiertas, para hacerlo más difícil para ella, pero no tardo en encontrar mi pie derecho. Más que gata, en esos momentos pareció una perrita rastreadora… Fue lo que paso por mi mente mientras la observada… y una sonrisa picara se dibujo en mis labios. Ella besaba la puntera de mi zapato golosamente mientras yo sonreía. –Ahora el otro, gata!- Su hociquito comenzó a rastrear en dirección opuesta, buscando mi pie izquierdo. Lo encontró e hizo lo mismo que unos segundos antes había hecho con el derecho. Besaba la puntera del zapato rozándola con sus labios antes de levantar un poco los labios de la piel y dejar brotar su beso. Yo la observaba mientras escuchaba la lluvia de besos que dejaba caer sobre mi pie… y quería más.
-Ahora busca el coño de tu Ama, gata!- Mi orden la congelo. Quedo paralizada ante mí. –Ahora!- levante solo un poco mi voz, no hacía falta más. –Si, mi Ama-, respondió mi gata mientras subía su hocico por mi pierna, buscando mi entrepierna hasta llegar a la fina tela de la braga que separaba su cara de mi sexo. –Huele, gata- … -Llénate del aroma de tu Ama-, en el silenció que invadía la habitación yo la escuchaba inhalar una y otra vez… obedeciendo mis ordenes al pie de la letra. La tome de los cabellos y presione su cara contra mi sexo… restregándola contra la tela y la piel para que jamás olvidase ese momento. Sabía que mi sexo estaba tan húmedo como el suyo en esos momentos y en otras circunstancias mi gata haría más que oler… pero la sesión de hoy era solo reconocimiento y entrega de su parte, aceptación de la mía. Mi placer podía esperar, ahora lo importante era mi gata.
Mientras su cara seguía entre mis piernas, desate el nudo del pañuelo que cubría sus ojos y le di un pequeño tirón a sus cabellos para que levantase su cara y me mirase. Sus ojos seguían con la mirada baja y espere unos segundos para estar segura que no me miraría a los ojos sin mi permiso. No lo hizo. Estaba ante mí con la vista perdida en mis piernas y no se atrevió mirar mi cara, yo estaba completamente complacida con lo que había observado de ella hasta ese momento. – Busca tu cesta y acomódate, gata-… Ella sabía que habría una cesta en la habitación, eso se lo había informado en el correo que le había enviado esa mañana. Sin mirarme busco la cesta con la vista hasta dar con ella. Estaba justo al lado del tocador, al lado del armario. Nada más encontrarla, se giro en dirección a la cesta y gateo hacía ella. Yo observaba su culo mientras gateaba hacía la cesta… Tuve que hacer un esfuerzo para no ordenarla regresar y dejarle unas marcas en su hermoso culo, clamándolo de mi propiedad. Ella llego a la cesta y muy sensualmente se acomodo en ella, sin levantar su cara una sola vez. –Podrás observarme mientras me visto, gata- Le dije mientras me ponía en pie. Yo iba en ropa interior… conjunto de sujetador y tanga negro, liguero a juego… y medias finas del mismo color y claro, mis zapatos de tacón de aguja. Fui al armario y saque el traje de chaqueta y falda que hacía solo una hora había colgado ahí cuando me despoje de el para recibir a mi gata. Ella me observaba… notaba su mirada en mi cuerpo como si se tratase de una caricia de fuego.
No volví a mirarla hasta que ya vestida, me pare delante de ella y le dije… -Nada más cierre la puerta, quiero que te masturbes ahí en la cesta hasta correrte-… -Cuando cumplas esa orden, te vistes y te vas a casa-… -¿Entendido?- Mi gata respondió con un… -Si, mi Ama-, con la voz llena de los sentimientos que la embargaban en esos momentos. Pensaba que me había defraudado y que yo no la deseaba. Nada más lejos de la verdad, pero eso lo aprendería con el tiempo. La deje en su cesta, tome mi bolso y salí de la habitación, dejándola sola para cumplir mis ordenes. Sé que mi gata no comprendió hasta mucho después, que más que una sesión, lo que habíamos celebrado ese día era una ceremonia. Un rito al lado oscuro del placer, donde ella rindió pleitesía en el altar de su Diosa, consagrándose a ella en cuerpo y alma… y a la vez, su Diosa la acogió en su seno, como propiedad… como la portadora del morbo que era. Pero esa es otra historia… quizás me anime a contarla, quizás no… ya veremos.



3 Comments:
creo que es una de las historias mas morbosas que he leido y creeme no suelo excitarme con tanta facilidad al leer una historia,esta sin duda me puede,ya quisiera yo poder encontrar una gatita asi y si la de la foto y esa gata son la misma.....hazme un favor cedemela si no te importa,su cuerpo es perfecto.bueno un saludo y animos para que sigas escribiendo,besos de una apasionada del sado.
Hola guapa,nada solo decirte que soy fotografa y sin duda alguna se que la foto de esta preciosidad es real no tiene truco si me equivoco por favor hazmelo saber,una cosa mas si la encuentras denuevo me gustaria fotografiarla personalmente tiene algo especial la gata,un saludo.
vaya gata,es la primera vez que entro en esta pagina me la recomendo una amiga y es cierto lo que me dijo,esta para comersela si no te importa usare la inaginacion para poder pensar que es toda mia.besos
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