Sueño Blanco
Entreabro los ojos solo unos segundos y disfruto de todo lo que me rodea. Pared blanca, cortinas blancas que se mecen con la brisa, alfombra, edredón, cojines y almohadas, todo blanco. La sensación de frescura, de limpieza me embriaga y disfruto del tacto del algodón fino contra mi cuerpo. Siento el peso del edredón en mi cuerpo y me contoneo para rozar mi cuerpo desnudo contra la frescura crujiente de la tela. Acaricio mis piernas y mi espalda contra la sabana y cierro los ojos.Estiro el brazo y pulso el botón del reproductor de música. La voz de Steven Tyler de Aerosmith llena la habitación y me ayuda a centrarme mientras canta ¨Crazy¨. Escucho la música con los ojos cerrados y mis manos comienzan a explorar mi cuerpo bajo el edredón. Caricias suaves, sin prisas comenzando con mis tetas. Mis dedos buscan mis pezones y comienzan a frotarlos, a despertarlos. Ellos responden después de varios intentos. Endureciéndose poco a poco hasta llegar a estar tan tiesos que duelen. Los pellizco, tiro de ellos como Él haría y gimo de dolor, de placer. Siento como mi entrepierna comienza a humedecerse y una mano queda torturando los pezones mientras la otra va en busca de la humedad. El recorrido se hace eterno. Mi mano encuentra mi coño depilado y mis dedos se hunden en la humedad que los aguarda con ansia. Comienzan a frotar al mismo ritmo que la otra mano pellizca y estira el pezón que la ocupa en esos momentos. Muerdo mi labio inferior del placer tan intenso que recorre mi cuerpo en esos momentos. No quiero que termine, quiero prolongar esa sensación que me tiene absorta por completo.
No escucho la puerta que se abre ni los pasos que se acercan. Me percato de que hay alguien conmigo en la habitación cuando siento que el edredón deja de cubrir mi cuerpo. Abro lo ojos sobresaltada y no tengo tiempo de hacer mucho más antes de sentir como su mano se enroscaba en mi melena. Un tirón tan violento que me incorporo sin yo poner de mi parte. La sorpresa fue tal que no sentí el dolor del tirón de cabellos en esos momentos. Bruscamente me acomodo en la cama a su gusto. Cara contra el colchón, culo en pompa y las rodillas bien separadas. Abierta y encharcada para su placer.
Si me penetraba en esos momentos, sabía que me correría. No lo podría evitar, de eso estaba segura. No lo hizo. En vez de penetrarme sentí la vara azotar mi coño. –Un coño tan encharcado merece unos azotes, puta- fueron sus palabras a mis gemidos de dolor. La vara no dejaba de azotar. Azotaba mi coño, mis nalgas, mis muslos y hasta mi ano para volver al mismo lugar donde había comenzado y castigarlo una vez más. Los azotes cesaron tan inesperadamente como habían comenzado. Quede respirando fuerte con mi cara contra el colchón sin atreverme a levantar la cabeza para tomar aire. La música seguía llenando el espacio y no atinaba a escuchar donde estaba Él, ni si seguía en la habitación conmigo.
Mi parte rebelde pensaba que no pasaría nada si mi mano se colaba entre mis piernas y terminaba con la agonía que sentía en esos momentos. La agonía de necesitar vaciarme de toda esa energía que se había acumulado en mi cuerpo y ahora me tenía con los nervios de puntas. Me contuve a duras penas. Quede como estaba y así quedaría hasta estar segura que se había marchado, o hasta que Él ordenase distinto.
No sé cuanto tiempo paso mientras yo seguía con el culo en pompa y la cara contra el colchón. En esas circunstancias no sabes si han transcurrido dos minutos o dos horas, ya que el tiempo se hace interminable. Casi me había convencido a mi misma que Él se había marchado cuando sentí sus manos separar mis nalgas y su polla enfundándose en mi humedad, llenándome por completo. Una embestida violenta que me hizo pensar que su sexo me saldría por la boca. Esa primera embestida fue seguida por varias más hasta hacerlas más pausadas, más rítmicas. Entraba y salía de mí como un pistón bien engrasado. Yo hacía lo mismo con mis caderas. Moviéndome a su ritmo para aumentar el placer. Varias embestidas más y sentí la presión que me dejaba saber que me correría en unos segundos. Maúlle pidiendo permiso para terminar, pero no fue concedido.
Su mano se enredo en mi cabello y tiro violentamente mientras embestía una vez más… La presión se hizo insoportable. Me iba a correr y no había dado permiso. No podía retenerla más, era imposible.
-Buzzz- -Buzzzz- -Buzzzzzzzz- Busco el despertador y lo apago… vuelvo a cerrar los ojos y disfruto una vez más del sueño que acabo de tener.


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