domingo, septiembre 17, 2006

Por siempre en mi corazón…

domingo, septiembre 03, 2006

I carry your heart with me

i carry your heart with me
i carry your heart with me (i cary it in my heart)
i am never without it (anywhere i go you go, my dear;
and whatever is done by only me is your doing, my darling)
i fear no fate (for you are my fate, my sweet)
i want no world (for beautiful, you are my world, my true)
and it´s you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you...
here is the deepest secret nobody knows (here is the root of
the root and the bud of the bud and the sky of the sky of a tree
called life; which grows higher than the soul can hope or mind can
hide) and this is the wonder that´s keeping the stars apart
i carry your heart (i carry it in my heart)
ee cummings

viernes, septiembre 01, 2006

La Noria

Leía una novela de las que tanto me gustan, y me había escapado al mundo del samurai y las geishas cuando el timbre estridente del teléfono me devolvió a la realidad. Escuchar su voz es siempre una delicia, más cuando habla casi en un susurro que acaricia mi coño como si de su boca se tratase.

El susurro cesó casi al minuto de comenzar… Él sólo quería saludar y dejarme saber que me pensaba… que me deseaba, y que me había enviado un correo electrónico. Nada más que eso. Como mismo irrumpió en mis fantasías asiáticas, se esfumó de mi realidad. Dejé el cómodo sofá donde estaba tumbada y me fui a la habitación donde está el ordenador. Me conecté y busqué su correo con ansias. Leo cada palabra y las devoro sin digerir por completo la primera vez que lo leo. Después vuelvo a repasarlo todo más calmadamente, saboreando cada letra… cada frase. Una vez leído el correo, guardo una copia en la carpeta que tengo expresamente para Él y apago el ordenador.

Tengo que darme prisa, porque no me ha dado mucho tiempo para prepararme. Voy quitándome la ropa que llevo puesta de camino al baño, dejando tras de mi un rastro de prendas de algodón que adornan el pasillo, camiseta, pantalón corto, sujetador y finalmente me despojo de los calcetines en el baño. Esta semana ha ordenado que no lleve bragas, así que algo menos que tuve que quitarme. Llego al baño y abro el grifo de la ducha mientras recojo mi cabello para que no se moje. Una vez bajo el chorro del agua me voy enjabonando y a la vez que inspecciono mi cuerpo. Satisfecha con la inspección, aclaro mi cuerpo una última vez, y salgo de la ducha y me seco.

Ya en mi habitación busco la bolsa de los cosméticos y pillo el delineador de ojos negro. Voy al espejo y con cuidado rotulo sobre mi pecho izquierdo, siguiendo al pie de la letra las órdenes que me ha enviado por correo. Una vez cumplida su primera orden, prosigo a vestirme. Sujetador negro con cierre delante, una blusa del mismo color con botones al frente y falda ancha de fondo negro con rombos en blanco, que llega la rodilla. Terminé de vestirme al calzarme con sandalias negras de tacón, muy cómodas para pasear en las noches de verano y comienzo a maquillarme. Me maquillo ligeramente delineando mis ojos con el mismo lápiz que unos momentos antes marcaba mi pecho, paso la mota de los polvos por mi cara, y termino con un carmín color sandía en mis labios para darle un poco de color a mi cara.

Satisfecha con lo que veo en el espejo, busco mi bolso y salgo de casa con paso ligero, y el estomago lleno de mariposas. Sí, mariposas… esa sensación de ansiedad que hace que la adrenalina comience a surgir y solo actúas, no piensas. Así es como me siento al pillar el primer taxi que se cruza en mi camino. El conductor me mira por el espejo retrovisor mientras le digo donde quiero ir. Intenta entablar conversación conmigo hablando del tiempo y sonrío. Siempre que me mencionan el estado del tiempo me trae a la mente una polla inflamándose de deseo, solo porque Él dice que hablar del tiempo lo pone cachondo. Salgo de mi ensoñación y la imagen de su polla se aleja lentamente de mi imaginación cuando intento seguir la conversación del conductor. Le respondo con monosílabos porque la imagen persiste, pero ha tomado otro matiz. Ahora la tengo en mi boca, acaricio la piel que parece seda húmeda en mi boca y succiono. La imagen ha enviado un relámpago de placer a mi entrepierna y siento como mi coño palpita y se humedece. El conductor sigue hablando y no sé lo que ha dicho, me mira por el espejo y solo respondo con una sonrisa. Pongo freno a mi imaginación, porque las imágenes me están perturbando demasiado e intento seguir la conversación del conductor.

Finalmente veo lo que voy buscando, y le digo al conductor que se detenga. Cuando estoy delante del lugar indicado, me abajo del taxi y le pago el importe al conductor. Me quedo donde me ha dejado el taxi y busco con la mirada para ver si le veo. Se me hace difícil con tanta gente, pero no me doy por vencida. No me preocupo, ya que sé que Él me encontrará a mí si yo no logro encontrarle antes. Lo veo casi enseguida. Camina hacia mí y mi mirada lo devora de pies a cabeza. Lleva un polo azul marino de manga corta, y pantalones del mismo color. Varonil, todo hombre… siempre me viene lo mismo a la mente al verle. Mi Amo es todo hombre. Se acerca y sus labios rozan los míos. Y me toma de la mano. Yo le sigo sin decir palabra… Él marca el paso, yo le sigo ciegamente, o no… ya que mientras le sigo miro su culo y me relamo de placer imaginando otros encuentros, otros momentos compartidos con él. Me palpita acariciarlo con mi mano, pero me detengo a tiempo. No he pedido permiso, y no pienso pedirlo, ya que su orden fue silencio total.
Caminamos entre el gentío, esquivando madres con coches de bebés, niños correteando, grupos de adolescentes que conversaban y reían sin percatarse que entre ellos caminaba una gata sometida, una gata bajo las ordenes de su Amo. Llegamos a una de las atracciones y Él se detuvo en la cola. Esperamos como todos a que comenzara a moverse la cola. Mientras lo hacíamos su mano acariciaba mi espalda y yo recostaba mi cuerpo al suyo. En ocasiones su mano bajaba hasta mi culo y magreaba mis nalgas sin importarle quien estuviera mirando. Manteníamos una conversación fluida como la podía haber tenido cualquier otra pareja. Solo que yo iba sin bragas, con mi teta rotulada, y era la sumisa del hombre que tenía a mi lado, magreando mis nalgas cada vez que se le antojaba hacerlo para el deleite de su gata.

Finalmente después de casi una hora, llegó nuestro turno para subir. Entramos en una especie de jaula en forma de huevo, el asiento forrado en vinilo negro sentaba a tres personas cómodamente, y el respaldar era parte de la misma jaula. Tomamos asiento, y cerraron la puerta, dando la sensación de dejarnos completamente aislados del mundo exterior, lo cual no era cierto ya que toda la parte frontal de la jaula estaba abierta y se podía ver perfectamente todo lo que ocurría. Lentamente fuimos subiendo, y esperando mientras iban llenando las otras jaulas… Le llamo jaula porque es la impresión que me dio al verlas, pero en realidad era una noria. La noria más grande que jamás había visto. Recuerdo haberle preguntado la altura que llegaba a tener al punto extremo y me respondió que eran 120 metros, y no me avergüenzo cuando admito que tenía miedo… más bien pánico. Nunca me han gustado las atracciones de las ferias ni los parques temáticos. Pensaba en esto mientras íbamos subiendo lentamente y esperaba el momento preciso para comenzar a darle placer a mi Amo.

Nos movíamos lentamente, tardaba unos cinco minutos en cada parada para recoger más gente. La quinta vez que paro, mi Amo dio la primera orden. –A cuatro patas, puta- Me lo dijo con una voz tan cariñosa que casi olvido obedecer. Lo mire y respondí –Si, mi Amo- mientras deshacía el cinturón de seguridad que me mantenía atada al asiento. Me deslicé hacía el suelo lentamente, evitando movimientos bruscos para que la jaula no se tambaleara demasiado. Con sumo cuidado me acomodé a cuatro patas ante mi Amo, la mirada fija a su entrepierna, esperando nueva orden. –Huele la polla de tu Amo, gata-. Solo de escuchar sus palabras mi cuerpo se tensó. Sentí un hormigueo recorrer todo mi cuerpo y una presión en la entrepierna que iba encharcando mi coño.

Gateé sólo dos pasos hasta llegar a la entrepierna de mi Amo. Él había abierto sus piernas y yo me colé entre ellas. Era como si hubiese llegado a casa. Mi espacio personal se encontraba justamente ahí; arropada por sus piernas y mi cara hundida en su regazo, buscando con mí hocico su olor, su esencia. Frotaba mi mejilla contra la tela del pantalón y sentía como su polla reaccionaba a mis caricias. Metía mi nariz entre sus piernas y ronroneaba de placer. Mordisqueaba la tela del pantalón intentando atrapar su polla con mis dientes, suavemente mordisqueando, mientras seguía oliendo. Volví a escuchar su voz que me decía… -A tu aire, gata- Me encantó escuchar esa orden, podía hacer lo que se me antojase, mientras fuese gozoso para mi Él. Atrás quedo el miedo, la vergüenza y hasta el pudor. Olvidé todo y me centré en darle placer a mi Amo.

Mis manos deshacían su cinturón mientras mi boca seguía mordisqueando. Una vez hube bajado la cremallera, liberé su polla de la tela que la cubría y mi lengua comenzó a adorarla. Lametones largos, húmedos que iban desde la base hasta el prepucio, para después tomarla entera dentro de mi boca y acariciarla con la lengua mientras succionaba con deseo. Mientras mi boca adoraba mis manos recorrían su cuerpo. Algunas veces acariciando sus piernas, otras su pecho, sus brazos, se metían entre su espalda y el respaldar del asiento para no dejar palmo de su cuerpo sin tocar, sin acariciar… sin adorar.

Mi Amo comenzó a mover una pierna, acomodándose para meter su pie entre mis piernas. Sentí el tacto de la piel dura de su zapato mientras frotaba mi coño y comencé a mover mis caderas para facilitar su labor. Movía rítmicamente mi coño contra su pie, mientras mi boca buscaba sus cojones para lamerlos y chuparlos. Una de mis manos acariciaba su polla mientras mantenía el equilibrio con la otra para seguir moviendo mis caderas y no perder el contacto con su pie. –¿Está lista mi puta?- Escuche su voz preguntar… y maúlle para dejarle saber que efectivamente… su gata estaba lista, que estaba encharcada y deseando ser follada por su Amo. –Maúlla, gata, maúlla- Y obedecí, maullando una y otra vez para que el viento que se colaba por las rejillas se llevase mis maullidos hasta el infinito. –Sube, puta!!!-

No tuvo que dar la orden dos veces… A cuatro patas fui subiendo a su regazo, hasta quedar sentada con una pierna a cada lado de mi Amo. Sólo tuve que mover ligeramente mis caderas y sentí su polla contra mi muslo. Mi Amo me subió la falda hasta las caderas y con un leve ajuste de mi cuerpo, me empaló en su polla. Una especie de ronroneo mezcla de maullido brotó de mi boca para morir en la suya. Mordía mis labios sin piedad, para después meter su lengua en mi boca para recorrer cada rincón de su humedad. Me chupaba la lengua mientras sus manos magreaban mis nalgas. Su boca recorría mi cara, besando y mordisqueando todo a su paso. Mis mejillas, mi mentón, mi cuello... y sus manos seguían magreando y azotando mis nalgas.

Yo seguía maullando mientras me columpiaba sobre su polla. La acariciaba con los músculos de mi coño mientras mis manos deshacían los botones de mi blusa y después el cierre del sujetador. Sentía como nos movíamos dentro de la jaula, y veía el horizonte por la rejilla del respaldo, pero ya eso no importaba. Estaba cabalgando sobre mi Amo a 120 metros de la tierra, y volaba. Volaba como jamás había volado. Con cada movimiento de la noria, me penetraba más profundamente en la bajada, mientras mi coño lo succionaba con más presión a la subida. Una combinación desquiciante, más cuando sus manos comenzaron a magrear mis tetas. Tiraba de mis pezones mientras susurraba cosas en mi oído que siempre me han encantado escucharle decir. Y yo maullaba. Maullaba y cuando me dejaba, besaba su rostro, su cuello, su boca entre maullidos y él seguía torturando mi cuerpo con sus castigos, sus caricias y sus palabras.

Quería terminar, lo necesitaba. Mi cuerpo estaba tenso como una vara, y había acumulado demasiada energía y necesitaba liberarla mediante una corrida, mi cuerpo lo pedía a gritos. –Mi Amo, tu puta pide permiso para correrse- jadeé entre maullidos para mi Amo, rogando poder terminar mientras su boca succionaba mi pezón para después morderlo sin piedad.
Separó su boca de mi pezón, y susurro en mí oído, -concedido, puta-. Mis embestidas se hicieron más violentas, sus palabras solo me incitaron a más. Cabalgué salvajemente sobre su polla porque quería sentir como reventaba dentro de mí, a la vez que yo la bañaba con mis jugos. Su boca en mi oído susurraba obscenidades que me alentaban a más, cada palabra que me susurraba me hacía cabalgar con más frenesí… y finalmente escuché –Ahora, puta!... He dicho ahora!!!- Escuché su orden y me dejé ir… deje que mi cuerpo obedeciera como estaba acostumbrado a hacerlo, sentí como las olas reventaban el dique e inundaban todo a su paso. Mi cuerpo se estremecía sin control sobre el suyo. Un orgasmo en cadena, espasmo tras espasmo sin control alguno y ningún deseo de controlarlo. Entre sacudidas de placer su cuerpo comenzó a estremecerse contra el mío mientras nos fundíamos en un abrazo. Sentí su corrida que se mezclaba con mis olas, haciéndonos uno, una vez más.

Caí exhausta sobre su pecho, besando su cuello dulcemente mientras Él acariciaba mi espalda y mis nalgas. La jaula nos mecía en un suave vaivén que incitaba a cerrar los ojos y descansar, pero mi Amo quería que su gata disfrutara del panorama que se extendía ante ellos. –Mira la ciudad, gata-… obedecí y gire mi cabeza para poder mirar lo que mi Amo me señalaba. Toda la ciudad a nuestros pies… y yo seguía empalada en su polla… en esos momentos, yo era la gata más feliz del mundo mientras mi Amo susurraba a mi oído –Me gusta que mi puta lleve mi marca en su pecho, anótalo-… Y su gata le respondió –Anotado queda, mi Amo-

Así fue como le perdí el miedo a las norias…