viernes, mayo 26, 2006
Mi táctica es mirarte
aprender como sos
quererte como sos
Mi táctica es
hablarte y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé con que pretexto
pero quedarme en vos
Mi táctica es ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos simulacros
para que entre los dos no haya telón
ni abismos
Mi estrategia es
en cambio más profunda y más simple
Mi estratgia es que un día cualquiera
no sé como ni sé con que pretexto
por fin me necesites.
Mario Benedetti
miércoles, mayo 24, 2006
Sueño Blanco
Entreabro los ojos solo unos segundos y disfruto de todo lo que me rodea. Pared blanca, cortinas blancas que se mecen con la brisa, alfombra, edredón, cojines y almohadas, todo blanco. La sensación de frescura, de limpieza me embriaga y disfruto del tacto del algodón fino contra mi cuerpo. Siento el peso del edredón en mi cuerpo y me contoneo para rozar mi cuerpo desnudo contra la frescura crujiente de la tela. Acaricio mis piernas y mi espalda contra la sabana y cierro los ojos.Estiro el brazo y pulso el botón del reproductor de música. La voz de Steven Tyler de Aerosmith llena la habitación y me ayuda a centrarme mientras canta ¨Crazy¨. Escucho la música con los ojos cerrados y mis manos comienzan a explorar mi cuerpo bajo el edredón. Caricias suaves, sin prisas comenzando con mis tetas. Mis dedos buscan mis pezones y comienzan a frotarlos, a despertarlos. Ellos responden después de varios intentos. Endureciéndose poco a poco hasta llegar a estar tan tiesos que duelen. Los pellizco, tiro de ellos como Él haría y gimo de dolor, de placer. Siento como mi entrepierna comienza a humedecerse y una mano queda torturando los pezones mientras la otra va en busca de la humedad. El recorrido se hace eterno. Mi mano encuentra mi coño depilado y mis dedos se hunden en la humedad que los aguarda con ansia. Comienzan a frotar al mismo ritmo que la otra mano pellizca y estira el pezón que la ocupa en esos momentos. Muerdo mi labio inferior del placer tan intenso que recorre mi cuerpo en esos momentos. No quiero que termine, quiero prolongar esa sensación que me tiene absorta por completo.
No escucho la puerta que se abre ni los pasos que se acercan. Me percato de que hay alguien conmigo en la habitación cuando siento que el edredón deja de cubrir mi cuerpo. Abro lo ojos sobresaltada y no tengo tiempo de hacer mucho más antes de sentir como su mano se enroscaba en mi melena. Un tirón tan violento que me incorporo sin yo poner de mi parte. La sorpresa fue tal que no sentí el dolor del tirón de cabellos en esos momentos. Bruscamente me acomodo en la cama a su gusto. Cara contra el colchón, culo en pompa y las rodillas bien separadas. Abierta y encharcada para su placer.
Si me penetraba en esos momentos, sabía que me correría. No lo podría evitar, de eso estaba segura. No lo hizo. En vez de penetrarme sentí la vara azotar mi coño. –Un coño tan encharcado merece unos azotes, puta- fueron sus palabras a mis gemidos de dolor. La vara no dejaba de azotar. Azotaba mi coño, mis nalgas, mis muslos y hasta mi ano para volver al mismo lugar donde había comenzado y castigarlo una vez más. Los azotes cesaron tan inesperadamente como habían comenzado. Quede respirando fuerte con mi cara contra el colchón sin atreverme a levantar la cabeza para tomar aire. La música seguía llenando el espacio y no atinaba a escuchar donde estaba Él, ni si seguía en la habitación conmigo.
Mi parte rebelde pensaba que no pasaría nada si mi mano se colaba entre mis piernas y terminaba con la agonía que sentía en esos momentos. La agonía de necesitar vaciarme de toda esa energía que se había acumulado en mi cuerpo y ahora me tenía con los nervios de puntas. Me contuve a duras penas. Quede como estaba y así quedaría hasta estar segura que se había marchado, o hasta que Él ordenase distinto.
No sé cuanto tiempo paso mientras yo seguía con el culo en pompa y la cara contra el colchón. En esas circunstancias no sabes si han transcurrido dos minutos o dos horas, ya que el tiempo se hace interminable. Casi me había convencido a mi misma que Él se había marchado cuando sentí sus manos separar mis nalgas y su polla enfundándose en mi humedad, llenándome por completo. Una embestida violenta que me hizo pensar que su sexo me saldría por la boca. Esa primera embestida fue seguida por varias más hasta hacerlas más pausadas, más rítmicas. Entraba y salía de mí como un pistón bien engrasado. Yo hacía lo mismo con mis caderas. Moviéndome a su ritmo para aumentar el placer. Varias embestidas más y sentí la presión que me dejaba saber que me correría en unos segundos. Maúlle pidiendo permiso para terminar, pero no fue concedido.
Su mano se enredo en mi cabello y tiro violentamente mientras embestía una vez más… La presión se hizo insoportable. Me iba a correr y no había dado permiso. No podía retenerla más, era imposible.
-Buzzz- -Buzzzz- -Buzzzzzzzz- Busco el despertador y lo apago… vuelvo a cerrar los ojos y disfruto una vez más del sueño que acabo de tener.
sábado, mayo 13, 2006
Espejo del Alma
Los ojos son el espejo del alma, o eso dicen. Si lo que dicen es cierto, hay veces que me asusta lo que observo en mi alma. No sé si es la primavera que me tiene alterada, o sí es solo los cambios a los que siempre he sido tan reacia a aceptar, pero mi alma libra una batalla que la hace agonizar. Un lado suplica entregarse sin limites, el otro mantener el control por completo sin ceder un átomo. Es el alma de una mujer que se debate continuamente entre la entrega y el ser su propia dueña.Sé que lo que yo veo al mirarme al espejo no es lo que ven los demás. He pasado toda una vida escondiendo lo que siento y lo que mi alma necesita para estar satisfecha, para estar en paz. Hace falta mucho valor para dejar saber a todo el que me rodea que no soy lo que aparento. Me ven como una mujer de carácter fuerte, acostumbrada a mandar y ser obedecida. Una mujer que toma sus propias decisiones y en ocasiones las decisiones de los demás. No ven que aun siendo así siento la necesidad de pertenecer a alguien.
Que tengo la necesidad, si… la necesidad porque es una necesidad, que esa persona me cuide, me proteja, me mime y también que me folle como la puta en la que me convierto cuando voy de su mano y me somete a sus deseos, a sus caprichos. Que bajo toda esta fachada de mujer dura que muchos conocen, si profundizan un poco y van levantando las capas que cubren mi alma lo único que encontraran será una gata que añora ser el juguete de su Amo y Señor.
Pocas personas son capaces de entender lo que yo veo en mis ojos al mirarme en el espejo. Me catalogarían de enferma y de muchas cosas más que ni merecen ser mencionadas, pero yo estoy segura de lo que soy. Soy una mujer como otra cualquiera, solo con otras necesidades y gustos. Pocas mujeres han tenido el gozo de poder decirse a si misma, - Soy su puta y me encanta serlo-, y al decirlo sentirlo en cada fibra de su ser, de su alma. Yo soy una de ellas… yo conozco ese gozo.
martes, mayo 09, 2006
El Vuelo
Hoy he visto algo que me ha llamado la atención. Había una bolsa de pipas vacía justo delante de donde estaba parada esperando la hora de cerrar para irme a comer y de pronto se levanto una brisa y la bolsa salió volando. Lo que me llamo la atención no fue que la brisa se llevase la bolsa vacía, sino donde la llevo. La llevo hacía arriba unos 40 metros. Una bolsa volando y dando vueltas sin control, solo obedeciendo el capricho del viento.Así me siento en ocasiones, que me dejo llevar por el capricho del viento. No pienso, no actuó, solo me dejo llevar. Cuando soplan vientos benévolos me lleva a los más remotos escondites de mi imaginación. Lo llamo con los brazos abiertos y una sonrisa en los labios. Le imploro que no me abandone, que me guié en ese vuelo donde olvido todo lo que me han inculcado desde el día que tome mi primera bocanada de aire para insuflar mis pulmones y comenzar lo que llamamos vida. Lo llamo con mi mirada, ofreciendo todo de mi y más, mucho más. Y esos vuelos son los que me dejan como esa bolsa vacía. Sin voluntad, dando vueltas sin control, agitada por el viento a su capricho y disfrutando mientras lo hace.
Sin embargo, hay veces que me aferro a lo terrenal, el vuelo se hace tortuoso, lleno de baches que entorpecen los movimientos que deben ser una danza sensual y terminan siendo una danza macabra. Me aferró con uñas afiladas y me cuesta tanto dejarme llevar que termino agobiada, físicamente extenuada y con muy pocos deseos de emprender el próximo vuelo cuando se presenta.
Quisiera ser esa bolsa vacía que no se aferra, sino que se deja llevar sin objeción alguna, pero primero tendré que deshacerme de muchas cosas que me llenan y entorpecen mis vuelos. Tendré que aligerar mi carga, y no sé si podré hacerlo, pero lo voy a intentar… todo gracias a una bolsa vacía.
viernes, mayo 05, 2006
Y callo...
Estoy en el trabajo… y hoy me siento ansiosa. Con deseos de gritar al mundo como me siento. Dejarles saber que me llenan deseos de todo y de nada a la vez. Que me invaden unas ganas locas de sentir unas manos en mi cuerpo haciéndome daño, o tal vez que me acaricien; quizás hasta ser yo la que haga daño con mis caricias y disfrutar mientras escucho los gemidos de dolor que estoy produciendo mientras lo hago.Quiero hundir mis manos en mi entrepierna y buscar ese placer que se me escapa. Se escapa entre mis dedos y yo intento retenerlo pero no puedo. No sé como hacerlo en estos momentos, lo intento, pero no lo consigo. Las olas no llegan. Las llamo con gritos de desespero y necesidad y no me escuchan, hacen caso omiso a mis suplicas.
Mis dedos crispados buscan mis bragas, tiran de ella hasta sentir la tela meterse completamente entre los labios de mi sexo. Siento como tortura mi clítoris y contoneo mis caderas para sentir la fricción que mis movimientos producen. Eso solo me frustra más, produce más ansia y quiero gritar mi frustración a los cuatro vientos. Quiero gritar lo frustrada que estoy, sin embargo callo. Vuelvo a mi escritorio, tomo asiento y siento la tela de la braga rozar mi sexo húmedo y mis caderas vuelven a moverse, mi cuerpo sigue crispado, con cada nervio a flor de piel y yo hago como si todo a mi alrededor fuese perfecto. Y callo…
jueves, mayo 04, 2006
Primer Encuentro
La conocí en la un salón del tema en Internet. Hacía meses que la esperaba, que sabía que ella existía, pero no desespere. Sabía que llegaría cuando el tiempo fuese el propicio. Entro en el canal como un torbellino. Yo usualmente soy de las que saludo mucho y hablo poco. No me gusta profundizar en un sitio donde todo dios que te mira puede opinar, así que evito decir mucho… a no ser que merezca la pena hacerlo. Ella no hacía más que hacerme preguntas, cosa que usualmente paro en seco… pero sus preguntas me hacían sonreír, y las respondía.
Quedamos a la semana de conocernos para tomar un café. Después de ese primer café, hubo varias citas más para lo mismo, café y largas charlas del tema. Ella no tenia experiencia alguna de BDSM, sentía mucha curiosidad, pero nunca había tenido una sesión. Se me ofrecía la oportunidad de tomar una gata y moldearla a mi gusto, para mi placer… y no pensaba desperdiciarla.
Para nuestra primera sesión, pensé que lo mejor sería algo ligero para irla acostumbrando a mis gustos. No quería agobiarla mucho, ya que intuía que estaría muy nerviosa y no quería pasarme esa primera vez y terminar asustándola. Ella no sabía que esperar, porque nada le dije. Solo la di la palabra de paso, y me asegure que ella entendiese sin duda alguna, cuando debía usarla. Venia a mi sin limite… algo que me enorgullecía, y a la vez me daba un poco de reparo. El día de la cita le envíe en correo con las instrucciones bien detalladas de lo que yo quería, con la hora que tenia que presentarse y la dirección del hotel.
Faltaban dos minutos para la hora señalada cuando escuche el timbre de mi móvil. Respondí solo informándola el número de la habitación y corte la comunicación. No tardo más de un minuto en subir y encontrar la habitación. Estaba tocando a la puerta justamente a la hora señalada. Abrí para dejarla entrar. Nada más pasar el umbral, note que sus ojos estaban cerrados como yo había ordenado. Camino tres pasos y quedo en el pasillo con la cabeza gacha y comenzó a despojarse de su ropa. Al suelo cayo su hermosa blusa de algodón blanco y botones negro… seguida de la falda negra que le sentaba genial. Note que le costo más despojarse de su sujetador, pero al hacerlo, se despojo del tanga que llevaba puesto casi de inmediato. Quedo deliciosamente adornada por unas medias negras de rejilla y unos zapatos negro muy finos de tacón alto. Yo estaba muy satisfecha de cómo ella había interpretado mis instrucciones.
Yo seguía detrás de ella, refrenando los deseos de darle un azote en su culo casi perfecto y le susurre al oído. – A cuatro patas, gatita- Supe que no me esperaba tan cerca de ella por el respingo que dio su cuerpo nada más escuchar mi voz. Obedeció casi de inmediato, arrodillándose con una postura perfecta. Me acerque a ella por detrás y le cubrí los ojos con un pañuelo negro, atándolo bien para que no se le fuese a caer. Ella solo escucho el sonido que hacían mis tacones al alejarme de ella. La deje donde estaba para acomodarme en la butaca que había al lado del escritorio para observarla a mis anchas. Debía de intuir mi mirada en su cuerpo, porque comenzó a hacer gestos de nerviosismo con su cara. Humedecía sus labios, rozaba su mentón contra su hombro ya saben, esos movimientos nerviosos que no podemos remediar cuando nos sentimos incómodos. Yo la miraba y sonreía.
Ella despertaba en mí una mezcla de morbo y ternura. Quizás por ser su primera vez no me sentía con ánimos de corregirla de inmediato, pero lo hice porque no quería que se acostumbrase mal. –Deja de moverte, gata- Mi orden broto de mi boca casi en un susurro. No hacía falta levantar la voz, sabía por experiencia propia que en momentos como esos, es más factible hablar más bien en voz baja, que levantar la voz. Ella escucho y ceso todo movimiento de inmediato. Aguarde otros cinco minutos observándola y disfrutando del control que ejercía sobre ella, hasta que me sentí lista para comenzar la sesión. Quería darle algo especial esa primera vez, que la experiencia fuese tan gozosa para ella, como lo sería para mi. –Ven a los pies de Ama, gata- Me agrado ver que comenzó a gatear hacía donde escuchaba mi voz. Gateaba con movimientos pausados, voluptuosos… deliciosos a mi mirada. Llego ante mi demasiado pronto, me habría gustado seguir disfrutando de ella mientras gateaba, pero ya habría tiempo para eso después.
-Reverencia a tu Ama, gata- Nada mas escuchar mis palabras sus hombros y cabeza comenzaron a bajar, hasta tocar el suelo con su frente. Me encanto la rapidez de reflejos de mi gata, esperaba que siempre fuese así de rápida para obedecer mis ordenes. Cuando estuve satisfecha con el tiempo que había durado la reverencia la ordene –Besa los pies de tu Dueña, gata-. Le ordene sabiendo que sería difícil dar con mis pies con los ojos vendados, pero ella bajo su cabeza y rastreo el suelo con su hociquito buscando mis pies. Yo me había acomodado en el butacón con las piernas abiertas, para hacerlo más difícil para ella, pero no tardo en encontrar mi pie derecho. Más que gata, en esos momentos pareció una perrita rastreadora… Fue lo que paso por mi mente mientras la observada… y una sonrisa picara se dibujo en mis labios. Ella besaba la puntera de mi zapato golosamente mientras yo sonreía. –Ahora el otro, gata!- Su hociquito comenzó a rastrear en dirección opuesta, buscando mi pie izquierdo. Lo encontró e hizo lo mismo que unos segundos antes había hecho con el derecho. Besaba la puntera del zapato rozándola con sus labios antes de levantar un poco los labios de la piel y dejar brotar su beso. Yo la observaba mientras escuchaba la lluvia de besos que dejaba caer sobre mi pie… y quería más.
-Ahora busca el coño de tu Ama, gata!- Mi orden la congelo. Quedo paralizada ante mí. –Ahora!- levante solo un poco mi voz, no hacía falta más. –Si, mi Ama-, respondió mi gata mientras subía su hocico por mi pierna, buscando mi entrepierna hasta llegar a la fina tela de la braga que separaba su cara de mi sexo. –Huele, gata- … -Llénate del aroma de tu Ama-, en el silenció que invadía la habitación yo la escuchaba inhalar una y otra vez… obedeciendo mis ordenes al pie de la letra. La tome de los cabellos y presione su cara contra mi sexo… restregándola contra la tela y la piel para que jamás olvidase ese momento. Sabía que mi sexo estaba tan húmedo como el suyo en esos momentos y en otras circunstancias mi gata haría más que oler… pero la sesión de hoy era solo reconocimiento y entrega de su parte, aceptación de la mía. Mi placer podía esperar, ahora lo importante era mi gata.
Mientras su cara seguía entre mis piernas, desate el nudo del pañuelo que cubría sus ojos y le di un pequeño tirón a sus cabellos para que levantase su cara y me mirase. Sus ojos seguían con la mirada baja y espere unos segundos para estar segura que no me miraría a los ojos sin mi permiso. No lo hizo. Estaba ante mí con la vista perdida en mis piernas y no se atrevió mirar mi cara, yo estaba completamente complacida con lo que había observado de ella hasta ese momento. – Busca tu cesta y acomódate, gata-… Ella sabía que habría una cesta en la habitación, eso se lo había informado en el correo que le había enviado esa mañana. Sin mirarme busco la cesta con la vista hasta dar con ella. Estaba justo al lado del tocador, al lado del armario. Nada más encontrarla, se giro en dirección a la cesta y gateo hacía ella. Yo observaba su culo mientras gateaba hacía la cesta… Tuve que hacer un esfuerzo para no ordenarla regresar y dejarle unas marcas en su hermoso culo, clamándolo de mi propiedad. Ella llego a la cesta y muy sensualmente se acomodo en ella, sin levantar su cara una sola vez. –Podrás observarme mientras me visto, gata- Le dije mientras me ponía en pie. Yo iba en ropa interior… conjunto de sujetador y tanga negro, liguero a juego… y medias finas del mismo color y claro, mis zapatos de tacón de aguja. Fui al armario y saque el traje de chaqueta y falda que hacía solo una hora había colgado ahí cuando me despoje de el para recibir a mi gata. Ella me observaba… notaba su mirada en mi cuerpo como si se tratase de una caricia de fuego.
No volví a mirarla hasta que ya vestida, me pare delante de ella y le dije… -Nada más cierre la puerta, quiero que te masturbes ahí en la cesta hasta correrte-… -Cuando cumplas esa orden, te vistes y te vas a casa-… -¿Entendido?- Mi gata respondió con un… -Si, mi Ama-, con la voz llena de los sentimientos que la embargaban en esos momentos. Pensaba que me había defraudado y que yo no la deseaba. Nada más lejos de la verdad, pero eso lo aprendería con el tiempo. La deje en su cesta, tome mi bolso y salí de la habitación, dejándola sola para cumplir mis ordenes. Sé que mi gata no comprendió hasta mucho después, que más que una sesión, lo que habíamos celebrado ese día era una ceremonia. Un rito al lado oscuro del placer, donde ella rindió pleitesía en el altar de su Diosa, consagrándose a ella en cuerpo y alma… y a la vez, su Diosa la acogió en su seno, como propiedad… como la portadora del morbo que era. Pero esa es otra historia… quizás me anime a contarla, quizás no… ya veremos.
Quedamos a la semana de conocernos para tomar un café. Después de ese primer café, hubo varias citas más para lo mismo, café y largas charlas del tema. Ella no tenia experiencia alguna de BDSM, sentía mucha curiosidad, pero nunca había tenido una sesión. Se me ofrecía la oportunidad de tomar una gata y moldearla a mi gusto, para mi placer… y no pensaba desperdiciarla.
Para nuestra primera sesión, pensé que lo mejor sería algo ligero para irla acostumbrando a mis gustos. No quería agobiarla mucho, ya que intuía que estaría muy nerviosa y no quería pasarme esa primera vez y terminar asustándola. Ella no sabía que esperar, porque nada le dije. Solo la di la palabra de paso, y me asegure que ella entendiese sin duda alguna, cuando debía usarla. Venia a mi sin limite… algo que me enorgullecía, y a la vez me daba un poco de reparo. El día de la cita le envíe en correo con las instrucciones bien detalladas de lo que yo quería, con la hora que tenia que presentarse y la dirección del hotel.
Faltaban dos minutos para la hora señalada cuando escuche el timbre de mi móvil. Respondí solo informándola el número de la habitación y corte la comunicación. No tardo más de un minuto en subir y encontrar la habitación. Estaba tocando a la puerta justamente a la hora señalada. Abrí para dejarla entrar. Nada más pasar el umbral, note que sus ojos estaban cerrados como yo había ordenado. Camino tres pasos y quedo en el pasillo con la cabeza gacha y comenzó a despojarse de su ropa. Al suelo cayo su hermosa blusa de algodón blanco y botones negro… seguida de la falda negra que le sentaba genial. Note que le costo más despojarse de su sujetador, pero al hacerlo, se despojo del tanga que llevaba puesto casi de inmediato. Quedo deliciosamente adornada por unas medias negras de rejilla y unos zapatos negro muy finos de tacón alto. Yo estaba muy satisfecha de cómo ella había interpretado mis instrucciones.
Yo seguía detrás de ella, refrenando los deseos de darle un azote en su culo casi perfecto y le susurre al oído. – A cuatro patas, gatita- Supe que no me esperaba tan cerca de ella por el respingo que dio su cuerpo nada más escuchar mi voz. Obedeció casi de inmediato, arrodillándose con una postura perfecta. Me acerque a ella por detrás y le cubrí los ojos con un pañuelo negro, atándolo bien para que no se le fuese a caer. Ella solo escucho el sonido que hacían mis tacones al alejarme de ella. La deje donde estaba para acomodarme en la butaca que había al lado del escritorio para observarla a mis anchas. Debía de intuir mi mirada en su cuerpo, porque comenzó a hacer gestos de nerviosismo con su cara. Humedecía sus labios, rozaba su mentón contra su hombro ya saben, esos movimientos nerviosos que no podemos remediar cuando nos sentimos incómodos. Yo la miraba y sonreía.
Ella despertaba en mí una mezcla de morbo y ternura. Quizás por ser su primera vez no me sentía con ánimos de corregirla de inmediato, pero lo hice porque no quería que se acostumbrase mal. –Deja de moverte, gata- Mi orden broto de mi boca casi en un susurro. No hacía falta levantar la voz, sabía por experiencia propia que en momentos como esos, es más factible hablar más bien en voz baja, que levantar la voz. Ella escucho y ceso todo movimiento de inmediato. Aguarde otros cinco minutos observándola y disfrutando del control que ejercía sobre ella, hasta que me sentí lista para comenzar la sesión. Quería darle algo especial esa primera vez, que la experiencia fuese tan gozosa para ella, como lo sería para mi. –Ven a los pies de Ama, gata- Me agrado ver que comenzó a gatear hacía donde escuchaba mi voz. Gateaba con movimientos pausados, voluptuosos… deliciosos a mi mirada. Llego ante mi demasiado pronto, me habría gustado seguir disfrutando de ella mientras gateaba, pero ya habría tiempo para eso después.
-Reverencia a tu Ama, gata- Nada mas escuchar mis palabras sus hombros y cabeza comenzaron a bajar, hasta tocar el suelo con su frente. Me encanto la rapidez de reflejos de mi gata, esperaba que siempre fuese así de rápida para obedecer mis ordenes. Cuando estuve satisfecha con el tiempo que había durado la reverencia la ordene –Besa los pies de tu Dueña, gata-. Le ordene sabiendo que sería difícil dar con mis pies con los ojos vendados, pero ella bajo su cabeza y rastreo el suelo con su hociquito buscando mis pies. Yo me había acomodado en el butacón con las piernas abiertas, para hacerlo más difícil para ella, pero no tardo en encontrar mi pie derecho. Más que gata, en esos momentos pareció una perrita rastreadora… Fue lo que paso por mi mente mientras la observada… y una sonrisa picara se dibujo en mis labios. Ella besaba la puntera de mi zapato golosamente mientras yo sonreía. –Ahora el otro, gata!- Su hociquito comenzó a rastrear en dirección opuesta, buscando mi pie izquierdo. Lo encontró e hizo lo mismo que unos segundos antes había hecho con el derecho. Besaba la puntera del zapato rozándola con sus labios antes de levantar un poco los labios de la piel y dejar brotar su beso. Yo la observaba mientras escuchaba la lluvia de besos que dejaba caer sobre mi pie… y quería más.
-Ahora busca el coño de tu Ama, gata!- Mi orden la congelo. Quedo paralizada ante mí. –Ahora!- levante solo un poco mi voz, no hacía falta más. –Si, mi Ama-, respondió mi gata mientras subía su hocico por mi pierna, buscando mi entrepierna hasta llegar a la fina tela de la braga que separaba su cara de mi sexo. –Huele, gata- … -Llénate del aroma de tu Ama-, en el silenció que invadía la habitación yo la escuchaba inhalar una y otra vez… obedeciendo mis ordenes al pie de la letra. La tome de los cabellos y presione su cara contra mi sexo… restregándola contra la tela y la piel para que jamás olvidase ese momento. Sabía que mi sexo estaba tan húmedo como el suyo en esos momentos y en otras circunstancias mi gata haría más que oler… pero la sesión de hoy era solo reconocimiento y entrega de su parte, aceptación de la mía. Mi placer podía esperar, ahora lo importante era mi gata.
Mientras su cara seguía entre mis piernas, desate el nudo del pañuelo que cubría sus ojos y le di un pequeño tirón a sus cabellos para que levantase su cara y me mirase. Sus ojos seguían con la mirada baja y espere unos segundos para estar segura que no me miraría a los ojos sin mi permiso. No lo hizo. Estaba ante mí con la vista perdida en mis piernas y no se atrevió mirar mi cara, yo estaba completamente complacida con lo que había observado de ella hasta ese momento. – Busca tu cesta y acomódate, gata-… Ella sabía que habría una cesta en la habitación, eso se lo había informado en el correo que le había enviado esa mañana. Sin mirarme busco la cesta con la vista hasta dar con ella. Estaba justo al lado del tocador, al lado del armario. Nada más encontrarla, se giro en dirección a la cesta y gateo hacía ella. Yo observaba su culo mientras gateaba hacía la cesta… Tuve que hacer un esfuerzo para no ordenarla regresar y dejarle unas marcas en su hermoso culo, clamándolo de mi propiedad. Ella llego a la cesta y muy sensualmente se acomodo en ella, sin levantar su cara una sola vez. –Podrás observarme mientras me visto, gata- Le dije mientras me ponía en pie. Yo iba en ropa interior… conjunto de sujetador y tanga negro, liguero a juego… y medias finas del mismo color y claro, mis zapatos de tacón de aguja. Fui al armario y saque el traje de chaqueta y falda que hacía solo una hora había colgado ahí cuando me despoje de el para recibir a mi gata. Ella me observaba… notaba su mirada en mi cuerpo como si se tratase de una caricia de fuego.
No volví a mirarla hasta que ya vestida, me pare delante de ella y le dije… -Nada más cierre la puerta, quiero que te masturbes ahí en la cesta hasta correrte-… -Cuando cumplas esa orden, te vistes y te vas a casa-… -¿Entendido?- Mi gata respondió con un… -Si, mi Ama-, con la voz llena de los sentimientos que la embargaban en esos momentos. Pensaba que me había defraudado y que yo no la deseaba. Nada más lejos de la verdad, pero eso lo aprendería con el tiempo. La deje en su cesta, tome mi bolso y salí de la habitación, dejándola sola para cumplir mis ordenes. Sé que mi gata no comprendió hasta mucho después, que más que una sesión, lo que habíamos celebrado ese día era una ceremonia. Un rito al lado oscuro del placer, donde ella rindió pleitesía en el altar de su Diosa, consagrándose a ella en cuerpo y alma… y a la vez, su Diosa la acogió en su seno, como propiedad… como la portadora del morbo que era. Pero esa es otra historia… quizás me anime a contarla, quizás no… ya veremos.



